Claude Lanzmann. Foto: Bernardo Díaz

Claude Lanzmann ha muerto este jueves en París a los 92 años, según ha informado una portavoz de la editorial Gallimard. El director de cine francés empleó doce años de su vida en levantar el documental Shoah, el gran monumento fílmico en torno al Holocausto nazi, casi diez horas de irremplazables testimonios personales a cargo de víctimas y verdugos, supervivientes y testigos, historiadores y expertos.



Nacido en la localidad francesa de Bois-Colombres en 1925 en el seno de una familia de inmigrantes judíos de la Europa del Este, Lanzmann fue miembro de la resistencia en la Francia ocupada. En 1943, a los 18 años, organizaba acciones de resistencia entre sus compañeros del Liceo Blaise Pascal de Clermont-Ferrand y más adelante se uniría a los maquis en la Margeride, y en el Mont Mouchet, y participaría en las emboscadas del Cantal y del Alto Loira. Sus acciones le llevarían a ser distinguido con la Medalla de Resistencia con Rosetón, como Comendador de la Legión de Honor y Comendador de la orden Nacional al Mérito.



En 1949, tras licenciarse en Literatura y Filosofía, trabajó en la Universidad Libre de Berlín y dirigió el Centro Cultural francés. En 1952 fue invitado por Jean-Paul Sartre a colaborar en la revista Les Temps Modernes (que dirigiría desde 1995), después de que éste leyera su serie de artículos Alemania detrás de la cortina de hierro publicada por el diario Le Monde. Allí iniciaría una relación sentimental con Simone de Beauvoir, que se prolongaría hasta 1959.



En 1972 estrenó Por qué Israel, documental sobra la vida cotidiana del país veinticinco años después de su fundación en la que recoge el testimonio de emigrantes, intelectuales, agentes de policía y reclusos para crear un retrato poliédrico e interclasista de todos los grupos sociales de Israel. Este sería el germen de Shoah, documental que no estrenaría hasta 1985 y que sigue martilleando en nuestras cabezas cada vez que evocamos la barbarie de ese ignominioso episodio histórico, cuya memoria resucita en sus imágenes con una fuerza tal que pone en cuestión, incluso, "nuestra visión de lo real, nuestra idea de lo que debe ser el mundo, la cultura, la Historia, nuestra propia vida...", para decirlo con palabras de la prestigiosa historiadora y crítica literaria Shoshana Felman.



Shoah está cimentado en un impresionante cúmulo de testimonios presentados a partir de un complejo proceso de selección, organización y montaje. Pero no todo lo filmado entonces, ni todo lo encontrado, tuvo cabida en aquel gigantesco filme. De hecho, el propio Lanzmann se encargaba, periódicamente, de mantener viva la llama prendida como si acaso temiera la posibilidad, atroz, de que la memoria histórica atesorada y activada por su película pudiera diluirse entre las nuevas generaciones que no son contemporáneas de su estreno.



Y por eso trabajaba, una y otra vez, para rescatar materiales procedentes de su ingente investigación. Así surgieron, primero, Un vivant qui passe (1997), una larga entrevista -filmada en 1979- con Maurice Rossel, delegado de la Cruz Roja en Berlín que pudo visitar el campo de Auschwitz en 1943; y después, Sobibor, 14 Octobre 1943, 16 heures (2001), entrevista con Yehuda Lerner, superviviente de la única revuelta exitosa organizada por los prisioneros judíos contra sus guardianes dentro de un campo de exterminio. O Le Dernier des injustes (2013) centrado en la controvertida figura de Benjamin Murmelstein, un rabino colaboracionista. En 2017 estrenó su última película, Napalm.