Tye Sheridan y Olivia Cooke en Ready Player One

El próximo estreno de Ready Player One, de Spielberg, basada en la novela homónima de Ernest Cline, gira en torno a las peripecias de su protagonista en un mundo virtual. Su conexión con los videojuegos es mucho más profunda que las meras referencias a los clásicos...

Ernest Cline (Ashland, Ohio, 1972) vendió los derechos de adaptación al cine de Ready Player One a Warner Bros incluso antes de que se publicara la novela en agosto de 2011, evidenciando que esta historia siempre ha estado destinada a la gran pantalla. El argumento gira en torno a un joven de dieciocho años en un futuro cercano, y en crisis, donde buena parte de la población mundial se sumerge en un apasionante mundo virtual para escapar de las penurias en la vida real. El creador de Oasis, el apasionante universo virtual donde confluyen todos los mundos de ficción posibles, ha dejado a su muerte lo que se conoce como Huevo de Pascua, un secreto dentro del código del juego, y ha prometido el control de Oasis y su fortuna personal a quien sea capaz de encontrarlo. Jugadores anónimos de todo el planeta se lanzan a la cacería, pero también un conglomerado de empresas de telecomunicaciones con métodos brutales y repletos de aviesas intenciones.

Sociedades paralelas

El libro es una celebración de los videojuegos, de la cultura gamer y de los geeks y su conocimiento enciclopédico, hasta límites absurdos, de cada película, serie de televisión, manganime, libro de fantasía o ciencia ficción, grupo de música o pieza de hardware que pueda pasar por sus manos, con una especial fijación en la década de los ochenta, que coincide con la infancia del autor. Por todo ello acusa una cierta petulancia a la hora de soltar referencias oscuras y descuida la caracterización de los personajes, pero lo compensa con una firme aprehensión de cómo funcionan los MMORPG (juegos de rol masivos multijugador en línea, en sus siglas en inglés), las superestructuras a las que dan paso y hasta la dinámica de sus economías internas.

En definitiva, una base sólida para que un cineasta como Steven Spielberg, tan familiarizado él mismo con los videojuegos, construya sobre ella un entretenimiento apasionante, visualmente arriesgado y con muchas cosas que decir sobre el papel que la realidad virtual, y el escapismo radical que propone, está destinada a jugar en nuestras vidas en un futuro cercano.

Oasis, tal y como aparece descrito en la novela, es el videojuego definitivo: un universo repleto de planetas y módulos diferentes donde confluyen temáticas y géneros dispares, capaz de albergar todas las funciones y las modalidades imaginables. Pero casi todas las reglas que rigen su funcionamiento las podemos encontrar en juegos de rol online de hoy en día, como World of Warcraft o Final Fantasy XIV. Este tipo de juegos se erigen en un género aparte por la dramática complejidad que albergan. A diferencia de juegos más tradicionales, estos requieren la cooperación entre varios jugadores para superar sus desafíos, por lo que incorporan un robusto sistema de interacción social y una jerarquía con sus propios códigos. Todo empieza con la creación del avatar, el personaje que el jugador controla dentro del mundo de ficción. Las posibilidades de personalización suelen ser abundantes, porque el objetivo es poder encontrar una identidad propia en un mundo con otros varios millones deambulando libremente, pero igual de importante es la selección de la clase (mago, arquero, etc), porque de ahí surgen las habilidades del avatar. Aunque las posibilidades son enormes, tradicionalmente se agrupan dependiendo del rol que toman a la hora de jugar con otros: tanque, sanador y dañadores.

Parzival es el avatar que Wade Watts, el protagonista de la película, utiliza para navegar por la realidad virtual de Oasis

Una jerarquía social

Los jugadores se agrupan en clanes que a veces pueden superar varios centenares de miembros, compran una casa virtual dentro de los terrenos del juego y la utilizan como punto de encuentro, además de lugar donde atesorar sus múltiples posesiones. Como juegos de rol que son, subir de nivel y, sobre todo, conseguir mejor equipamiento es lo que permite ir conquistando los desafíos. Todo esto acaba produciendo una clara jerarquía social, donde los jugadores más expertos son los que más poder atesoran dentro de los clanes, y toman todo tipo de decisiones que pueden llegar a afectar el equilibro político y económico de los juegos. EVE Online es célebre por las batallas interestelares masivas que se producen en ocasiones, donde cientos de naves acaban siendo destruidas y las intrigas políticas alcanzan cotas ingentes de drama. Todo provocado por los propios jugadores de manera natural.

La película ha tardado en materializarse más tiempo del que aquella temprana venta de los derechos podría haber hecho presagiar, pero para poder contar con Spielberg había que esperar. El oscarizado director no es solo una de los principales artífices de toda la cultura ochentera que el autor del libro tanto venera, sino que él mismo ha estado intrínsecamente unido al desarrollo de videojuegos.

Su amistad con el mítico George Lucas le permitía un acceso privilegiado a LucasArts durante su época dorada, y de su cabeza acabaría saliendo la aventura gráfica The Dig. Su experiencia filmando Salvar al Soldado Ryan le llevaría a instigar el desarrollo de la serie Medal of Honor y durante años luchó junto a Peter Jackson para llevar el videojuego Halo a la gran pantalla. A pesar de que no lo consiguió, se ha podido resarcir en parte incluyendo en la película a un escuadrón de Spartans, los marines espaciales de la saga de Microsoft, junto a otros iconos como Tracer de Overwatch o Chun-Li de Street Fighter.

Para los protagonistas de Ready Player One ha podido contar con un reparto que mezcla la veteranía de Ben Mendelsohn o Mark Rylance (colaborador inseparable en los últimos años) con el entusiasmo de Tye Sheridan u Olivia Cooke, que a pesar de su juventud ya han aparecido en varias películas de éxito. Los videojuegos cuentan con una dificultad evidente para trasladar su ficción al cine, pero esta vez hay razones de sobra para ser optimistas.

@borjavserrano