Christian Carion

Con todo el país conmocionado por el asesinato del pequeño Gabriel, por desgracia el estreno de Perdido llega en un momento en el que la realidad supera cualquier ficción. La película de Christian Carion (Cambrai, Francia, 1963) arranca con la desaparición de un niño en un campamento veraniego pero tiene un desarrollo muy distinto a la historia que ya conocemos, ya que aquí lo que vemos es la lucha titánica de un padre (Guillaume Canet) por recuperar al hijo perdido en un paisaje montañoso de la provincia francesa. Una lucha tan desesperada y brutal como humanamente comprensible a pesar de que el protagonista comete una ilegalidad detrás de la otra. Rodada de forma "experimental" en pocos días, Canet vivió durante el tiempo de rodaje apartado del resto del equipo sin conocer el desenlace de la historia. Gran éxito en Francia, es una película contundente y veloz como un rayo, obra del director de títulos populares como Feliz Navidad (2005), El caso Farewell (2009) o Mayo de 1940 (2015).



Pregunta.- ¿Qué opina de lo que hace el protagonista de su película para encontrar a su hijo?

Respuesta.- A mí lo que me interesa es acompañar a un personaje sin hacer ningún juicio sobre él. Al final vemos que la policía toma cartas en el asunto y será juzgado, pero eso no es asunto mío. Yo lo que quiero mostrar es a un tipo que al principio de la película es una persona normal, como tú y como yo, alguien que ha recibido una educación para la paz y el respeto al otro. Pero en una circunstancia particular, la desaparición de su hijo, a lo que se añade su sentido de culpabilidad porque siente que no se ha ocupado de él, hace que esa educación se esfume y se transforme en un animal. Podemos comprenderlo pero claramente hace cosas que son ilegales. En una proyección un espectador me dijo que estaba de acuerdo con lo que hacía el protagonista, algo que no le gustaba porque le descubría que tenemos pulsiones muy oscuras.



P.- En un caso como el que hemos vivido con Gabriel en España vemos cómo incluso personas que no lo conocían de nada claman venganza. ¿Tenemos que endurecer la justicia?

R.- Cuando mezclamos las emociones con la justicia, hemos perdido. Yo estoy totalmente en contra de la pena de muerte. No solo es una cuestión moral, es que es inútil. Lo que vemos donde la tienen es que no hay menos delincuencia ni crimen. El riesgo de la pena de muerte no ha hecho nunca que ningún asesino deje de matar, no sirve para nada. Un periodista me ha preguntado si había que rehacer la ley por casos como el de este pobre niño andaluz. La respuesta es rotundamente no. Rehacer la ley por casos como este es significa aprovecharse del dolor y los sentimientos de la gente. Lo que me interesa con esta película es que nos pongamos en la piel del protagonista y nos preguntemos qué haríamos nosotros en su lugar pero la justicia no debe actuar movida por emociones, nunca, porque entonces deja de ser justicia y se convierte en venganza.



P.- Ha mencionado el complejo de culpa del padre. ¿En esta vida moderna en la que estamos tan ocupados es inevitable sentirnos mal por no ocuparnos lo suficiente de nuestros hijos?

R.- Hoy vemos a muchos padres que se sienten mal por no hacer más caso a sus niños. En el mundo actual nada está lejos y hay muchas personas como este hombre que se pasan la vida viajando por el trabajo. La culpabilidad es un sentimiento judeocristiano. Los budistas tienen una idea muy diferente. A eso se suma la culpabilidad por el divorcio. Cuando la madre dice que cree que su hijo estaría bien si no se hubiera separado es horrible. Yo me he divorciado y pasé por ese proceso de culpabilidad. Al final llegué a la conclusión de que era mejor para mis hijos sufrir una separación que la infelicidad que me producía el hecho de seguir con mi esposa porque tampoco les sería muy útil un padre desgraciado.



P.- ¿Estamos condenados a sentirnos culpables por esa tradición judeocristiana que menciona?

R.- Es incluso peor entre los protestantes que no tienen ni sacerdotes. Los católicos aún tenemos la opción de ir a misa el domingo y sentirnos perdonados con la confesión. Quizá por eso entre los católicos hay menos suicidios.



P.- Es una película muy entretenida. ¿Le importaba que el público se lo pasara bien viéndola?

R.- Hago películas para la gente. Antes que director soy espectador y siempre lo tengo en cuenta al rodar. Aunque hable de cosas muy personales deben incrustarse en escalas más grandes, no por una cuestión de hacer más dinero en taquilla sino porque el cine se hace para ser visto. Si un director dice que no hace las películas para el público no se lo crea porque miente. Eso sí, no hay un solo público, por suerte hay muchos que quieren cosas distintas.



P.- Por tercera vez trabaja con Guillaume Canet en un proyecto rodado de manera tan especial como este, ¿ha encontrado la horma de su zapato?

R.- Yo veo la película como un arco, primero lo tensas y después la flecha sale disparada. Rodamos la película de una forma especial, en una semana y Guillaume se iba enterando todos los días de lo que se iba a rodar. Para rodar de esta manera, no necesitaba un actor sino un hombre en el estado más desnudo posible. Canet no sabía si el malo era el nuevo marido de su mujer o cómo acababa la historia hasta el último día cuando rodamos la conclusión. Para una película como esta necesitaba contar con un actor al que conozco bien y con el que ya tengo una buena relación. Es una suerte que sea alguien como él que es un actor excelente.



@juansarda