Jonás Trueba

El director estrena La reconquista, donde nos habla del reencuentro de dos treintañeros que fueron novios en la adolescencia y que quince años después tratan de reconocerse a sí mismos y el amor que compartieron.

Jonás Trueba (Madrid, 1981) atesora a sus 35 años una ya nutrida y original filmografía. Con La reconquista, que llega hoy a nuestras salas, ha conquistado el reciente Festival de San Sebastián tras triunfar el año pasado en Málaga con Los exiliados románticos. Conocemos a los personajes de Trueba, esos jóvenes madrileños sensibles y culturetas con tendencia al existencialismo y enamorarse sin remedio. Francesco Carril, actor protagonista de sus tres últimas películas (a sumar Los ilusos, de 2013), encarna a un traductor treintañero que acaba de mudarse a vivir con su novia (siempre espléndida Aura Garrido) cuando reaparece una antigua novia de la primera adolescencia (enigmática Itsaso Arana) con una misteriosa carta. ¿Volverá a nacer entre ellos? Trueba es el cineasta romántico por excelencia y aquí nos sorprende con una película muy musical en la que destaca las fantásticas canciones de Rafael Berrio.



Pregunta.- Asociamos la comedia romántica a Sandra Burllock y películas muy comerciales. ¿Cómo le sienta la etiqueta?

Respuesta.- Siempre te piden que te definas y a mí me pilla un poco a contrapie. Hace poco teníamos está discusión con el productor porque había que calificar a la película en algún género: ¿drama romántico?... La idea de lo romántico está muy contaminada por lo empalogoso aunque yo lo reivindico de una manera más clásica como un ideal del cine. Para mí esta es una película que hace preguntas sobre la identidad y sobre el paso del tiempo. Cuando eres pequeño no sientes el paso del tiempo, el primer golpe de conciencia intuida es cuando descubres el primer amor. Allí es cuando te das cuenta de ese paso del tiempo.



P.- ¿Cómo aborda el asunto del paso del tiempo?

R.- Surge una paradoja. Por una parte uno quiere ser leal a lo que ha vivido y ha sentido pero también tiene que estar abierto a cosas nuevas. No tiene que ver con la nostalgia sino con la certeza de que vivir es acercarse a la muerte, cada momento nuevo significa que otro muere. Cuando acabas un plano hay una pequeña herida porque ya no volverá a suceder. Con los amores vamos enterrando otras cosas y aunque sabemos que nos definen nos preguntamos hasta qué punto podemos mantener esa lealtad. Hay un poema de Roberto Juraos que dice que el primer amor es el más importante y todos los demás son un anhelo de revivirlo. No estoy del todo de acuerdo pero hay una verdad esencial en el fondo de ese verso.



P.- La idea del tiempo se relaciona de manera profunda con la cuestión de la identidad.

R.- El tiempo te va poniendo en tu sitio y te vas sorprendiendo con la forma en que cambias. Pienso hoy de repente en mí hace diez años y no soy exactamente lo que había pensado. Quería que se sintiese el tiempo en la película y por eso está estructurada al revés de lo que es habitual, primero vemos el presente y después el pasado. Toda la belleza que pueda haber en la película está en su estructura formal. Aquí acceder al pasado es un privilegio, es algo que se conquista. En la mayoría de películas se va al pasado demasiado fácilmente. En mi película hay una dificultad para llegar a eso. Por eso paro un poco la velocidad, para que el espectador pueda sentir esa experiencia del paso del tiempo.



P.- ¿Estamos condenados por nuestro pasado?

R.- Creo que Chris Marker reflexionó de manera muy profunda sobre este asunto. Solo nos damos cuenta de las cicatrices cuando ha pasado el tiempo. Cada uno va con su mochila y yo siempre he querido ser muy leal, a las novias que he querido, a mis amigos o a los artistas que me han gustado. Luego te das cuenta de lo difícil que es mantener las cosas y aunque te duela vas dejando atrás cosas, incluso a ti mismo.



P.- ¿Quería ponerlos frente al espejo de cómo han evolucionado con ese reencuentro de la pareja quince años después?

R.- Cuando se ponen frente a frente no se reconocen del todo. Existe esa idea romántica del amor eterno que aquí se pone en duda. Ese concepto está muy relacionado con la fe, con la voluntad de creer, que se relaciona con la propia fe del espectador cuando ve una película. Esa fe en la vida se revela a través del propio cine. El cine no solo forma parte de la vida como el sexo o la comida, es una forma de ver la propia vida que condiciona totalmente mi forma de vivir. Cuando voy a Nueva Orleans no puedo dejar de pensar en Un tranvía llamado deseo y en Madrid siento que camino sobre los pasos de Baroja.



P.- ¿Se identifica con sus personajes?

R.- Me identifico con esa chica parlanchina y nerviosa que le dice al chico silencioso que "no es tímido, es otra cosa" porque los verdaderos tímidos no soportan el silencio y lo llenan de palabras.



P.- Hay un cierto humor en la película.

R.- Me alegra que digas eso porque yo siempre he tenido dificultades con la comedia aunque me encanta. No siento que haya hecho una comedia para nada pero hay un equilibrio en el tono y el humor siempre se cuela.



P.- ¿En el fondo La reconquista es un musical?

R.- Si solo sirve para que mucha gente descubra a Rafa Berrio yo ya me doy por contento. Cuando fui a su primer concierto me di cuenta de que se generaba una atmósfera irreal en la que pasaban muchas cosas raras. Me emociona mucho ver cómo va cambiando la voz, lo escuchamos en los años 90 y después en la actualidad. Le pedí a Rafa que compusiera una canción original para la película y me regaló esa Arcadia en flor que sintetiza muy bien todo lo que cuenta la película. Ese sentimiento ambiguo en el que ni siquiera sientes pena para no sentir dolor pero sí hay una tristeza. La vida es una lucha continua.



P.- La ciudad de Madrid se erige casi en otra protagonista más.

R.- En el cine español no hay una querencia por cartografiar las ciudades que es algo que a mí me gusta mucho. Tenemos esa escena en la que recorre Madrid en moto en la que pensé mucho el recorrido. Es una oportunidad cojonuda para hacer un interludio musical en una toma única con la luz de las farolas mezclándose con esa calidad pictórica del aire de Madrid, de esa luz limpia del cielo.



@juansarda