Pedro Costa

Periodista y hombre de cine, Pedro Costa produjo filmes como La buena estrella, Juana la Loca y Amantes, además de la recordada serie de TVE La huella del crimen.

No hizo muchas películas pero fue un maestro del género negro y un retratista de excepción de una España oscura y tremendista que tiene mucho que ver con esa "leyenda negra" que se atribuye a la piel de toro. Pedro Costa indagó en sus películas como productor y director en esa realidad de lo que se sigue llamando "sucesos" para descubrir en el reverso tenebroso del crimen las pulsiones ocultas de una sociedad desangrada por la guerra civil y el posterior franquismo, en la que pervive el derecho de pernada de los señoritos, como mostró en el capítulo El crimen de Don Benito (1991) de la segunda parte de su mítica serie La huella del crimen.



Esa pulsión por retratar las injusticias utilizando el género de thriller, que emparenta a Costa con los grandes artífices del género pues no otra cosa hicieron Howard Hawks, John Huston o William Wyler en Hollywood, queda patente desde su primera película como director, El caso Almería (1983) en la que narraba el asesinato de unos inocentes santanderinos a manos de la Guardia Civil cuando fueron confundidos con etarras. Costa fue productor y director de cine pero también periodista de cabeceras míticas de la época como El Caso, Interviu o Cambio 16, que contribuyeron a lanzar a España a la modernidad rompiendo décadas de censura informativa y silencio.



Una imagen de la película La buena estrella, que le valió a Costa su segundo Goya como productor

Como buen periodista, la realidad siempre nutrió sus películas y como buen productor ayudó a que talentos fundamentales del cine de la época pudieran tirar adelante sus carreras. Con Aranda comenzó a colaborar en El crimen del Capitán Sánchez (1985) para la televisión, una truculenta historia con incesto incluido que marcaría el debut de Maribel Verdú, y con él firmó su mayor éxito como productor, Amantes (1991), película que narra un triángulo pasional entre Jorge Sanz, Verdú y Victoria Abril que marcó época y sigue siendo una de las mejores películas de toda la historia del cine español. Amantes propone una combinación entre pasión, crimen y deseo que marcaría no solo su propio cine, también una forma de ver España como un lugar que se presta a las bajas pasiones, muy marcado por el poder de los poderosos y la indefensión de los desdichados.



Esa combinación letal puede verse en El caso del cadáver descuartizado (1985), su primera colaboración con Ricardo Franco, donde narra el asesinato de un industrial barcelonés liado con su criado a principios de siglo. Con Franco ganó su segundo Goya como productor por La buena estrella (1997), una magnífica película sobre personajes apaleados por la vida y sobre la belleza de las cosas imperfectas y humanas que supone el máximo logro de Franco. De una manera distinta pero coherente con el resto de su filmografía, Franco logra ver allí la belleza del margen y de la orilla, ese lugar en el que no rigen las leyes de la civilización burguesa y donde los seres humanos se comportan tal cual son. El deseo y la represión marcan una filmografía que trató con éxito de encontrar la verdad muy lejos del foco.



@juansarda