Una imagen de Zonda

La Seminci de Valladolid continúa mostrando películas de gran interés como Zonda, el folclore argentino, en la que Saura demuestra su creatividad, o Frankenstein 04155 de Aitor Rei, un verdadero "Yo acuso" sobre el accidente del Alvia en Santigo de Compostela

La relación de Carlos Saura con el musical viene de lejos. Concretamente, desde aquella versión de Carmen de 1983 en la que el irrepetible Antonio Gades y el flamenco tomaban todo el protagonismo. Gran investigador y promotor del legado musical ibérico con joyas de nuestro patrimonio cultural como Flamenco (1995), Iberia (2005) o Flamenco, Flamenco (2009), que siempre son un gozo para los sentidos, Saura nos vuelve a deslumbrar en Zonda, el folclore argentino.



El cineasta ya exploró, aunque de refilón, la tradición argentina en aquella Tango (1998), película sobre un cineasta deprimido que se enamora de una bailarina. Ahora lo hace a fondo en Zonda, donde su creatividad audiovisual se pone al servicio de la música popular. Saura es un artista que llena de luz y momentos bellos una película donde sigue jugando de forma magistral con las sombras a través de pantallas y de la fotografía, aunque también hay algo concienzudo y metódico en esos filmes que ponen orden en la arqueología musical.



Hay momentos de emoción desbordante como el homenaje a Mercedes Sosa que el cineasta filma con unos niños en una escuela haciendo un uso sencillamente impresionante de ese juego de pantallas y transparencias. Artistas punteros del país como Jaime Torres, Soledad Pastorutti o Lilana Herrero, entre muchos otros, nos presentan los estilos que definen el folclore argentino: la zonda, la zamba y la chacarera, tan exóticas para los no iniciados (o no argentinos) como seductoras.



Una imagen de Frankenstein 04155

Ha sido una de las mayores barbaridades de los tiempos recientes. El accidente de un tren Alvia que acabó con la vida de 81 personas y además dejó otros 140 heridos. Sucedió hace tan solo dos años pero la proverbial capacidad española para el olvido ha hecho que pase a mejor vida. O que no se hable todo lo que debería del asunto. Financiado por crowdfunding por las víctimas y dirigido por Aitor Rei, es un verdadero "Yo acuso".



Sin andarse con excesivos sentimentalismos y yendo furiosamente al quid de la cuestión, Frankenstein 04155 nos cuenta la cadena de chapuzas y catástrofes administrativas que condujeron al trágico accidente. El documental señala con el dedo a políticos de alto nivel como José Blanco o Ana Pastor, además de a altos cargos de Adif y Renfe, para realizar un poderoso documental-denuncia en el que vemos las trágicas consecuencias de la incompetencia y asistimos a una verdadera operación para encubrir (o incluso premiar) a los responsables. La impunidad y la sensación de pavor y vergüenza espantan y conmueven en un trabajo importante.



Una imagen de L'adopció

Daniela Fejerman ha realizado con Inés París algunas comedias divertidas como Semen, una historia de amor (2005) o A mi madre le gustan las mujeres (2002). En Valladolid ha presentado una notable película, L'adopció, donde cuenta los desvelos de una pareja de cuarentones catalanes (y burgueses) perdidos en Lituania en el interminable y desesperante proceso de adoptar a un niño.



Logra Fejerman una sabia combinación entre ligereza y profundidad. Sin cargar demasiado las tintas, utilizando las armas del ritmo y la elipsis que ha aprendido haciendo comedia, nos cuenta la peripecia de la pareja con un tono irónico que tampoco oculta la angustia del fondo de la situación. Las buenas interpretaciones de Nora Navas y Francesc Garrido rubrican una película que por momentos parece que tiene problemas para cruzar la barrera de llegar al quid de la cuestión pero que nos sorprende con su frescura y con ráfagas de emoción y verdad.



Una imagen de Rams (El valle de los carneros)

La islandesa Rams (El valle de los carneros) ha llegado a la Seminci tras resultar ganadora del premio de la sección Un Certain Regard en el último Festival de Cannes además de ser una de las favoritas para los próximos Oscar como película extranjera. Dirigida por Grimur Hákornason, cuenta el odio entre dos hermanos en el contexto de una zona rural y remota de Islandia en la que sus habitantes se ganan la vida como ganaderos. La aparición de una enfermedad en las ovejas desata un drama frío y callado como el propio paisaje en el que el cineasta reflexiona sobre la naturaleza de esos odios atávicos que pueden definir nuestra vida sin que nos demos cuenta.



Hay buen cine en Rams. No solo en el retrato naturalista de esa comunidad aislada y perdida en el mundo, también en la forma en que nos cuenta la identificación con la tierra y su trabajo de esos granjeros que resisten a la modernidad como la tribu de Astérix contra los romanos. Por momentos, valga el chiste fácil, la película corre el riesgo de aburrir a las ovejas y se toma demasiado tiempo para contarnos lo que nos quiere contar.



Una imagen de Tikkun

De Oriente Medio, dos películas. La israelí Tikkun de Avishai Sivan nos propone un fascinante y turbulento acercamiento a la comunidad ultraortodoxa israelí, trágicamente de actualidad por sus muchos desmanes. Hay hombres que no han nacido para el destino que la vida les ha deparado y el protagonista de esta película es uno de ellos, un joven veinteañero con crisis de identidad que se siente manifiestamente incómodo en la piel de un radical religioso.



Los delirios e intentos de suicidio del desdichado protagonista son las claves de una película con visos de surrealismo y voluntariamente "extraña" sobre una mente torturada que sirve también como denuncia, sutil pero contundente, sobre la sinrazón de cualquier tipo de fanatismo. Película sin duda difícil para las salas (aunque es tan rara que eso también le puede procurar su pequeña legión de fans) Tikkun es una firme candidata a la Espiga de Oro de la 60 edición.



Una imagen de Nahid

Ida Panahandeh se ha presentado en la Seminci con la triple combinación de ser iraní, mujer y cineasta, lo cual siempre interesa, lógicamente, a los medios. Cauta en sus palabras en Valladolid, su película, la regular Nahid, es un poco lo mismo. Cuenta la tragedia de una mujer en sus treinta y pocos separada de un drogadicto, con un hijo de unos ocho años a cuestas por el que siente devoción, que debe enfrentarse al absurdo de tener que escoger entre poder vivir con su novio, al que adora, o perder su hijo.



Conocemos la sinrazón de las leyes civiles iraníes que tratan a las mujeres como menores o discapacitadas mentales. Nos lo contó aquella maravillosa Nader y Simin, una separación, que ganó el Oscar y en esta Nahid volvemos a ver a su co-protagonista, la maravillosa Sareh Bayet, o un documental como Divorce, Iranian Style, que retrataba con crudeza la violencia del machismo iraní. Hay en Nahid una escena de desgarradora fuerza, esa en la que el amante le propone matrimonio a la protagonista y se desencadena el drama.



A pesar de esa excelente actriz, Bayet, su talento no puede sostener toda la película. No es que Nahid sea terrible, es que avanza peligrosamente hacia el terreno del culebrón de sobremesa y no acabo de tener muy claro cuánto hay de denuncia pero también de aquiescencia con un régimen criminal en lo que cuenta.