Noche, oscuridad, calor. Cine de verano en la plaza del pueblo. Una de tiros, de amores prohibidos, de aventuras míticas... De Jamón, Jamón a Lawrence de Arabia, escritores, artistas, cineastas, músicos, actores y directores teatrales recuerdan aquí aquella película que vieron en plena ola de calor.

En general suelo ir al cine menos en verano, me gusta más estar "outdoors". Pero recuerdo una película especialmente en una ciudad costera del norte de España, con poca oferta cultural. Era una de esas películas llamadas "comerciales" o "mainstream". La película me dejo una impronta que aún perdura. Se trata de Elysium, dirigida por Neill Blomkamp.



La película nos lleva a la tierra dentro siglo y medio (al año 2159). Los avances científicos han conseguido erradicar cualquier enfermedad, o curarla al 100% (desde cualquier cáncer, una irradiación letal o una simple fractura ósea). Básicamente, los humanos tienen una vida indefinida y son eternamente jóvenes. Pero no toda la humanidad puede disfrutar de esto. Hay 2 humanidades. Los que viven en el planeta tierra propiamente dicho, donde aún persisten las enfermedades, la muerte y el sufrimiento; y un satélite artificial de la tierra llamado Elysium, donde viven los ricos, y aquellos que tienen suficiente dinero como para permitirse un pasaje interespacial hasta allí.



La película muestra algo que solo ahora atisbamos a intuir cuando leemos las noticias sobre las pateras o las vallas que nos separan de África. Si dentro de un siglo, hubiese un sitio en la tierra, un país, donde fueran capaces de curar cualquier enfermedad (evitar la muerte) y no fuese accesible a todos, eso generaría el mayor y más global conflicto social, bélico jamás conocido. La mayor revolución, a una escala muchísimo más grande que cualquier otra que jamás haya ocurrido. Eso es precisamente lo que ocurre en la película. El auténtico anhelo humano es el derecho a la vida y a la salud. Si un humano del año 2159 mirara hacia atrás en la historia de la humanidad, nos vería en la era de las tinieblas del conocimiento, una era en la que aún no sabemos cómo curar ni prevenir las enfermedades. Lo decía Richard Feymann: "Estamos tan solo al comienzo de nuestro desarrollo como raza humana; del desarrollo de la mente humana, de la vida inteligente, tenemos años y años por delante."

María Blasco (Alicante, 1965) es, desde 2011, la directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO). Destacada científica e investigadora, es también autora de más de 150 artículos originales de investigación y ha realizado contribuciones fundamentales en el campo de los telómeros y la telomerasa y la función que los anteriores desempeñan en cáncer y envejecimiento. Entre los reconocimientos que le han concecido destacan el Swiss Bridge Award for Research in Cancer, el Josef Steiner Cancer Research Award, la Medalla de Oro de EMBO, el Premio "Carmen y Severo Ochoa" en Biología Molecular, el Premio Rey Jaime I de Investigación Básica, el European Körber Science Award, el Premio Alberto Sols a la Mejor Labor Investigadora en Ciencias de la Salud y el Premio Nacional "Ramon y Cajal" en Biología.