Imagen de A cambio de nada, de Daniel Guzmán

A cambio de nada, de Daniel Guzmán, triunfa en un festival de Málaga con menos películas que en los buenos tiempos y un nivel medio de calidad aceptable. La Biznaga de Plata y premio especial del Jurado ha sido para Los exiliados románticos, de Jonás Trueba

De perfil claramente autobiográfico, con A cambio de nada uno podría decir que Daniel Guzmán ha hecho la película de su vida sino fuera porque uno espera que haga muchas más. Y que le cueste menos hacerlas porque el sinsentido de que el actor y director haya tardado 11 años en poner en pie este filme, y que el epicentro de la industria mainstream española que es el Festival de Málaga le haya dado su Biznaga de Oro a la mejor película, a la mejor dirección y al actor secundario (Antonio Bachiller) es solo una de las contradicciones de una industria que primero le puso casi imposible a Guzmán rodar y ahora le celebra como si fuera su hijo más brillante.



A cambio de nada es una buena película y una digna ganadora del Festival. Retrato de la peripecia de un adolescente (el novel y prometedor Miguel Herrán) que huye de su casa hastiado por el divorcio de sus padres para toparse con un oscuro mecánico (el premiado Antonio Bachiller) y una anciana que recorre Madrid buscando objetos (interpretada por la propia abuela del director, Antonia Guzmán), A cambio de nada capta el espíritu épico y poético de una edad en la que el corazón se abre a la vida adulta y donde el temor y la ilusión crean momentos de gran intensidad que definen nuestra misma esencia. Cabe achacar a Guzmán que a veces se deja llevar por el convencionalismo y los lugares comunes, es una película imperfecta pero realmente hermosa y puede ser un éxito de taquilla.



Termina un festival de Málaga con menos películas que en los buenos tiempos (entre otras cosas, porque se hacen muchas menos) y un nivel medio de calidad aceptable. La Biznaga de Plata y premio especial del Jurado ha sido para Los exiliados románticos, de Jonás Trueba, película con la que el joven director refina su estilo y nos ofrece una mirada cargada de sensibilidad y delicadeza sobre un viaje a París de tres amigos madrileños y sus particulares cuitas amorosas. Es un filme con el que Trueba parece encontrar una voz firme y clara que sin duda abre una nueva etapa que lo convertirá en uno de los cineastas españoles más punteros. Cabe destacar el reconocimiento a la música de Tulsa, esa magnética cantautora afincada en Madrid, cuyas preciosas canciones acompañan a la película.



El Festival de Málaga ha sido el escenario en el que han podido verse algunas de las mejores y las peores pulsiones del cine español. Hay chispazos de vida y nervio en la gran olvidada por el palmarés, Los héroes del mal, que sí ha reconocido el trabajo del joven Emilio Palacios, muy inspirado en su papel de adolescente sensible y noble, dándole una mención especial del jurado a la mejor interpretación masculina. El ganador en la categoría de actor ha sido Ernesto Alterio por su papel de un guionista en crisis en Sexo fácil y películas tristes, debut en la dirección de Alejo Flah en la que el suyo es el personaje mejor construido y donde proporciona, como es habitual porque Alterio es muy buen actor, un excelente trabajo.



Descubrimos a Natalia de Molina en Vivir es fácil con los ojos cerrados y un rostro del que el cine español no se podía permitir el lujo de obviar. En Techo y comida, drama social contado sin aspavientos por Juan Miguel del Castillo, es la protagonista absoluta en la piel de una joven madre incapaz de encontrar trabajo en la Andalucía de hoy y temerosa de que la terminen desahuciando de su piso de alquiler. Es una película sólida en la que el vía crucis de esta joven nos conmueve gracias a una dirección precisa que no busca el efectismo y sobre todo al magnífico trabajo de Molina, que nos emociona con una mezcla de abatimiento y entusiasmo.



La actriz Leticia Dolera ha suscitado una marcada división de opiniones con su debut como directora, Requisitos para ser una persona normal, una comedia de corte indie sobre una treintañera muy perdida en lo laboral y amoroso que encuentra el amor donde menos se lo espera. Hay chispazos de gracia y talento en una película irregular y ha hecho bien el jurado al darle un premio especial como mejor guionista novel y otros dos al mejor montaje y a la mejor fotografía. El premio al mejor guión ha sido para Barney Elliot por La deuda, un thriller político ambientado en Perú tan digerible como poco original. Es un premio raro.



En ZonaCine ha ganado por goleada Todo el mundo lo sabe, de Miguel Larraya, con el premio a la mejor película, guión y actor. Cuenta los entresijos de un caso de corrupción, como los muchos que nos acosan, con gracia y talento y es de celebrar unos galardones que pueden impulsar de un joven cineasta que en la película muestra que tiene mucho que contar y hacerlo además de una manera original.



En Málaga se ha visto buen cine pero le faltan, sin duda, grandes estrenos que le den un poco de empaque al asunto. Todas las películas seguían el mismo esquema de modestia en cuanto a la producción y no deja de ser sorprendente que la industria no tenga algún título de perfil alto a mano para montar un gran evento. Con pocas películas, Málaga se hace demasiado largo y a falta de las fiestas de antaño, el festival por momentos corre el riesgo de caer en una especie de sopor. Si lo que se pretende es estar más días en los medios, quizá es mejor solución estar menos y mejor.



En la selección, de un nivel de calidad medio bastante aceptable, se siguen colando títulos incomprensibles como esa El país del miedo discursiva y plana que nos recuerda a los peores tics de ese cine español malo que se hacía cuando se hacía mucho, o Asesinos inocentes, un thriller adolescente cuya presencia solo se entiende por compromisos comerciales. Entre los viejos amaneramientos y los chispazos de un talento nuevo como el de Trueba o Berriatúa pasando por el descubrimiento del buen pulso del ganador, Daniel Guzmán, que puede convertirse en un gran contador de historias, Málaga da motivos para celebrar la vitalidad del cine españolal tiempo que no acaba de despejar algunos de los nubarrones que se ciernen sobre su futuro.