Fotograma de La casa del tejado rojo

A sus 83 años, Yoji Yamada puede decir que ha rodado películas: nada menos que 122 según la web de la industria imdb.com. Conocido por sus interminables sagas de samuráis, en la vejez Yamada ha comenzado a fijarse en un cineasta que confiesa despreció en su juventud: Yasoujiro Ozu. Después de tener un insospechado éxito en la taquilla española con Una familia de Tokio, remake de aquellos famosos cuentos, Yamada sigue queriéndonos contar historias intimistas en las que los sentimientos de sus protagonistas (más sugeridos que visibles, en Japón no son sevillanos) cobran todo el protagonismo recogiendo el legado de ese maestro que aprendió a amar en su madurez.



La casa del tejado rojo, ambientada en el Japón inmediatamente anterior a la segunda guerra mundial y cuando estalla la contienda, nos cuenta la degradación de la sociedad de su país a la vez que una sutil y oculta historia de amor que se desarrolla entre bambalinas. La protagonista es una sirvienta del campo que comienza a trabajar para una familia rica de Tokio y asiste, celosa, al romance adúltero de la señora de la casa con un atractivo artista. A través de las páginas de su diario, descubrimos un mundo complejo como el japonés en el que la cortesía sirve como disfraz de las pasiones.



Es cine clásico en el sentido más estricto de la palabra, Yamada adorna su película con música melancólica, travellings épicos y una ambientación que convierte esa casa en un lugar idílico, casi de ensueño. Por detrás, los tambores de guerra atruenan cada vez más fuerte y asistimos al suicidio de una sociedad enloquecida por el nacionalismo incapaz de ver la hecatombe que les espera con lo cual se demuestra que la idiotez nacionalista no es patrimonio de ningún país en concreto.



Hay que estar atento a La casa del tejado rojo para captar su secreto y dejarse conmover por una película que peca de un cierto convencionalismo pero que atrapa por el buen dibujo de los personajes y la fascinante reconstrucción histórica. No está de más ver la guerra desde el punto de vista de los japoneses. Por cierto, el propio Yamada tiene bastante claro dónde está el origen de la tragedia.