Pascal Plisson. Foto: DR

Un acto tan sencillo y cotidiano como el de un niño yendo al colegio puede convertirse en algunos países en toda una aventura. Una aventura que también, o sobre todo, nos recuerda la dificultad de acceso de millones de niños en el mundo a una educación básica aunque, como todo lo que se refiere a los niños, también puede estar lleno de magia y alegría. El francés Pascal Plisson nos cuenta en Camino a la escuela las peripecias de tres niños y una niña, de India, Argentina, Kenia y Marruecos, en su tortuoso trayecto al colegio, que tanto puede incluir sortear el peligro de los elefante en el caso de Jackson, el niño de Kenia, como arrastrar durante dos horas la silla de ruedas del hermano discapacitado como sucede en el muy conmovedor capítulo indio. El director no cuenta esta aventura a su paso por Madrid.



- Es una película de aventuras realmente atípica, el "tesoro" no es el corazón verde o el arca maldita sino llegar al colegio.

- Todas las mañanas parten a la aventura. Veamos a Jackson: nunca sigue la misma ruta para ir a la escuela porque depende de los animales que se va encontrando. Una vez pasa por una colina, otras por otra y se mueve todo el rato. Los chicos de la India alguna vez son atacados por vacas, otras por perros, se encuentran un camión o se pincha una rueda. En Marruecos vemos la historia en verano, pero en invierno es mucho peor. Por tanto es cierto que cada día es una aventura.



- ¿Cómo se encontró con estas historias?

- Vivía en Kenia donde estaba haciendo películas sobre animales, para la BBC... Todos los días durante los rodajes veía a niños en su largo camino a la escuela. Me pregunté en cuántas partes del mundo habría niños como ellos. Buscamos historias que fueran representativas. En Marruecos tratamos el tema de la educación de las niñas o en la India las dificultades de los discapacitados... Teníamos historias en más partes del mundo pero había que escoger.



- Hay una lección básica que nos recuerda el filme: es muy importante que los niños vayan al colegio.

- Para ellos es una cuestión trascendental porque a los once años son muy conscientes de que si no tienen una educación tendrán la misma vida que sus padres. No solo eso. Después están obligados a ser los primeros en sus colegios si quieren continuar porque solo uno de todo el aula puede tener una oportunidad. Y muchos de ellos trabajan al mismo tiempo para ayudar a sus familias. Asimismo, es una responsabilidad enorme porque en muchas familias solo el mayor puede tener una educación. Eso hace que haya una competición muy grande entre los chicos para tener una educación.



- Los niños llevan su pobreza con resignación pero también sueñan con una vida mejor.

- Cuando dicen que les gustaría tener dinero para comprarse cosas se refieren a cosas muy básicas, no tienen los mismos valores ni las mismas expectativas que nosotros. En el caso de los niños indios, por ejemplo, ser pobre y discapacitado es muy complicado. Muchas veces esos niños terminan pidiendo por la calle y por eso es fantástico que una familia decida que tendrán una educación y que los hermanos les ayuden a conseguirlo.



- Vemos cómo las familias marcan la diferencia.

- Por eso quise que se viera cómo es su vida antes de partir a la escuela. Se van a dormir, hacen el camino y todo termina cuando llegan al colegio. Es cierto que la familia es muy importante y por eso hablamos mucho de ellos.



- ¿Afectaba mucho a los niños el hecho de ser filmados?

- Eramos un equipo muy pequeño de tres personas incluyendo siempre a algún miembro de su familia que trabajaban llevando el material. La idea era adaptarnos nosotros a ellos para seguir su camino como todos los días y al final crear una relación de compañeros. Mi consigna era que no miraran a cámara, alguna vez se les escapa pero en general se les olvidó por completo. Les acompañamos diez días, conocíamos el camino y los esperábamos en algún punto. Cuando los veíamos llegar nos uníamos a ellos.



- La propia situación que retrata es dura pero las historias no son terriblemente trágicas. ¿Quiso evitarlas?

- Surgió así. No hay un lado trágico en sus historias. En cualquier caso, una vez les hemos mostrado que existe un mundo distinto al suyo con más posibilidades seguimos en contacto muy estrecho con ellos y coordinamos su educación. Les hemos cambiado la vida y no podemos abandonarlos. No les damos dinero porque es peligroso pero pagamos su educación o les compramos animales a sus padres. Creo que ellos están muy contentos.



- Nos quedamos con las ganas de saber qué pasa cuando llegan al colegio. ¿Reciben allí una educación correcta?

- Depende. La escuela de Jackson es terrible: pegan a los niños. Son escuelas donde el maestro es el Dios y ejerce una autoridad absoluta.