Hernán Zin durante el rodaje de 2014. Nacido en Gaza

Vecino de Madrid desde hace quince años, Hernán Zin (Buenos Aires, 1971) se ha pasado los últimos 25 años viajando de una punta a otra del mundo con las cámaras al hombro para convertirse en un uno de los más reputados periodistas en lengua castellana de zonas de conflicto. Con tres libros publicados (entre ellos Helado y patatas fritas, en 2003, que alertó sobre la impunidad de los pederastas en Camboya) y ocho documentales realizados como Villas Miseria (2009, sobre las periferias chabolistas en África) o el aún por estrenar Volar para contarla en el que retrata a pilotos comerciales que se juegan la vida en el mismo continente, Zin estrena en cines (y no solo españoles, la película se distribuirá en veinte países) 2014. Nacido en Gaza, rodado el pasado verano durante la guerra que enfrentó a palestinos e israelíes en la pequeña y castigada franja del Mediterráneo. A través de los testimonios de varios niños víctimas de la guerra (huérfanos, amputados, traumatizados de por vida, paupérrimos...) vemos los rostros que hay detrás de las pavorosas cifras de un conflicto que dejó más de 2000 muertos, entre ellos 507 niños en una zona donde la edad media es de 17 años.

- La película fue rodada en Gaza durante la operación "Margen protector" pero vemos muy pocas escenas "bélicas".

- La idea era precisamente mostrar un lado de la guerra que normalmente no vemos. Los periodistas muchas veces nos pasamos el rato corriendo detrás de las bombas, yendo al hospital fotografiando las morgues o recogiendo las declaraciones de los políticos. Lo que queríamos era parar el tiempo de la guerra y ver cuáles son sus consecuencias reales sin la urgencia de la noticia de última hora. Por eso el slow motion, detenemos un momento y nos fijamos en lo que hay detrás. Se trata de hacer algo que trascienda, que vaya más allá del flash informativo.



- En ningún momento hay comentarios políticos, todo se centra en los niños y las (terribles) historias que nos cuentan.

- He escrito un libro sobre Gaza (Llueve sobre Gaza, 2007) plagado de datos históricos y de análisis político. La película muestra lo que de verdad es la guerra y lo demás es ruido, podría hablarte durante horas sobre la cantidad de tratados de paz que he visto firmar y romper a lo largo de estos años pero lo que vemos aquí es a los verdaderos protagonistas, de forma trágica, de lo que todo esto significa de verdad. Cuando la guerra acaba y los periodistas se marchan, esos niños traumatizados de por vida, lisiados, con el rostro deformado o huérfanos se quedan allí, para ellos la guerra no acaba.



- ¿Por qué quiso centrarse en los niños?

- Los niños constituyen la mitad de la población de Gaza y si hablas con ellos tienen cosas muy interesantes que decir. No hay manipulación en su retrato, son tal cual. Estos chavales no han visto a un israelí en su vida, solo los han sufrido, para ellos Israel es como un Dios omnisciente que decide entre la vida y la muerte, cuando pueden entrar barcos y cuándo no y cada aspecto de su vida pero que al mismo tiempo no ven nunca. A Israel nunca lo vemos en la película porque está contada a través de sus ojos y ellos a Israel tampoco lo ven salvo cuando cae un misil muchas veces lanzado por un dron.



- A los que tampoco vemos a los de Hamás...

- Llegas allí y Hamas desaparece. Estaban acojonados como es lógico.



- ¿Le resultó muy complicado permanecer en Gaza durante el conflicto, ya estaba allí cuando empezó la guerra?

- Cuando empezó "Margen protector" estaba en México rodando un documental. Recibí la noticia de la muerte de cuatro niños en una playa (sucedió el 16 de julio pasado) con mucho dolor y mucha rabia. Conozco muy bien la zona y me fui allí de inmediato y tuve suerte de que me dejaran entrar porque todo depende de la voluntad del Gobierno de Israel, a veces te dejan entrar y a veces no.



Una imagen de 2014. Nacido en Gaza

- El de Gaza es uno de los conflictos más documentados y visibles del mundo, ¿nos queda mucho por aprender de él?

- Es cierto que recibimos mucha información de la zona pero también que suele ser muy fugaz y las cifras son muy engañosas porque de alguna manera ocultan el drama humano verdadero que hay detrás. Además, con la crisis, los medios de comunicación españoles han reducido notablemente sus recursos para la información internacional lo cual es un contrasentido porque si este país quiere tener un lugar en el mundo debe saber lo que pasa en él.



- España es probablemente uno de los países del mundo más proclives a defender la causa palestina. ¿Le resulta más fácil defender su postura aquí?

- España es el único país de Occidente con una visión acertada del conflicto, aquí se puede hablar de este tema con cierta libertad porque se entiende realmente lo que significa la ocupación. En otras partes es mucho más complicado y es frecuente que traten de desprestigiarte o atacarte. La realidad es que Israel no respeta la legalidad internacional y mantiene ocupado otro país al tiempo que constantemente violenta las fronteras del 67 para ir ganando territorio, entre otras cosas porque es un gran negocio donde juega un papel importante la especulación inmobiliaria.



- La ofensiva tuvo un amplio apoyo entre la población de Israel. Mucha gente se pregunta dónde están las voces críticas hebreas.

- Tengo muchos amigos en Israel de izquierdas pero están cada día más aislados. Israel nació con un espíritu muy progresista, con la utopía de los kibutz, pero todo eso ha ido desapareciendo. Han influido muchos factores como la llegada de muchos judíos de Europa del Este con una cultura menos democrática o el hecho de que la segunda Intifada generó un gran hartazgo en la población. Y después están los colonos y los fanáticos bíblicos judíos que tienen un gran peso y son una pesadilla.



- El propio Arafat reconocía al final de su vida que había sido un error separar de una manera radical a judíos y árabes, como ha señalado, apenas se conocen.

- Todo se ha radicalizado y esa separación es sin duda una clave para entender lo que sucede. Antes Israel empleaba a muchos palestinos, las puertas estaban mucho más abiertas y esa relación laboral hacía que fuera más fácil establecer puentes. Cuando no sabes ni qué cara tiene tu enemigo es más fácil odiarlo.