Kenneth Branagh y Chris Pine en Jack Ryan: Operación Sombra

La quinta película sobre el agente secreto Jack Ryan, creado por Tom Clancy, viene firmada por un grande del cine dramático como Kenneth Branagh respondiendo a la misma lógica de imprimir un toque de distinción a productos que arrastran la fama de ser meros productos de consumo como Mendes y su Bond o Greengrass y sus Bourne (todos ellos, por cierto, ingleses). A mí, como a mucha gente, me divierten las películas de acción y voy a ver esta nueva entrega, Operación sombra, con ganas de pasarlo bien y rescatar a un héroe del que tengo buen recuerdo gracias a películas como La caza del octubre rojo (1990), en la que le daba vida Alec Baldwi o Juego de patriotas (1992) y Peligro inminente (1994) donde esa función recaía en Harrison Ford. Hubo una más, con Ben Affleck, Pánico nuclear, que me gustó menos que las otras.



Los machotes de las pelis de acción de hoy hace tiempo que no son como eran y este nuevo Jack Ryan tiene el rostro de Chris Pine, un héroe de la guerra de Irak que se dedica a librar su batalla contra los enemigos de Occidente desde las finanzas y los ordenadores. Pine es un chico de rasgos dulces y ojos emotivos, como mandan los cánones de la nueva masculinidad y su novia (Keira Kightley) a veces tiene más garra que él. Lo mejor de Operación sombra es precisamente lo que mejor domina Branagh desde siempre: las escenas dramáticas. El director imprime verdadera tensión en esa cena en Moscú y aunque los problemas de la pareja sean los habituales (demasiado trabajo, poco tiempo, las mentiras a las que está obligado un agente secreto) Branagh lo resuelve bastante mejor que en otras películas del estilo.



Es posible que para que estos experimentos funcionen bien del todo lo mejor sería contratar a dos directores, uno para que se ocupara de la parte dramática y otra de las escenas de acción. Desde la primera escena, un accidente de helicóptero tan aparatoso e hiperrealista como solo Hollywood puede hacer, Branagh se revela como un director de acción tirando a mediocre y la persecución del final se alarga hasta la extenuación sin que uno vea ni una sola idea nueva. A veces, el asunto coge vuelo como cuando Ryan lucha con un sicario en la habitación de hotel y Branagh logra dar un cierto volumen a un asesinato que muchas veces hemos visto de forma inane. Pero cuando se trata del "simple" pim, pam, pum, la película es aburrida. Y el pim, pam, pum debería ser divertido y hay quien lo hace muy bien.



Surgen más problemas. En una de las escenas menos edificantes, el jefe de Ryan, interpretado por Kevin Costner, le dice que le cuente la clave del conflicto "como si fuera tonto". No es difícil imaginar a un productor detrás diciéndole al guionista que Costner representa al espectador medio y el truco de guión es tan evidente que esa asimilación entre el espectador y la estupidez desconcierta un poco. A medio camino entre un dramatismo prometedor que nunca se desarrolla del todo y unas escenas de acción casi siempre rutinarias, Operación sombra es una película simplemente correcta y entretenida que sirve a Branagh, también actor en la piel del villano, la oportunidad de demostrar su facilidad para hablar con acento ruso. Poco más aporta a un género que muchas veces da la impresión de no interesarle demasiado.