Fotograma de El alucinante mundo de Norman.

En medio del fuego cruzado de buenas intenciones y buenrrollismo navideño se cuela hoy entre los estrenos El alucinante mundo de Norman, una película de animación diferente y más cercana a aquel cine juvenil de los 80 que se ahorraba los paños calientes para contarles a los niños, a veces con humor, a veces con dureza, lo que significaba estar en el mundo. Repleta de homenajes al cine fantástico, narra la historia de Norman, el clásico perdedor del colegio que vive con el don y la tara de poder comunicarse con el más allá. Un drama que puede convertirse en un superpoder para él, su amigo y sus respectivos hermanos cuando una maldición ancestral plaga el mundo de muertos vivientes.



El presidente del estudio de animación Laika, Travis Knight, responsable también de Coraline y animador jefe de la compañía, ha vuelto apostar por el stop motion combinado con la tecnología 3D para esta película. A su juicio, esta técnica tiene algo único todavía: "Durante el proceso, ves las manos del animador trabajando, los personajes sólo tienen vida porque el animador se las da. Puedes ver su personalidad reflejada en la marioneta. Este encanto no se puede encontrar en otras formas de animación pero al mismo tiempo los ordenadores nos otorgan otras ventajas y posibilidades. En la unión de ambas técnicas está la magia. Con el stop motion cada elemento es la obra de un artista, todo tiene que construirse desde cero, con objetos reales. Luego, las expresiones faciales, por ejemplo, sí se hacen mediante modelos de ordenador. Una vez que hemos elegido las caras que nos interesan, las imprimimos en 3D y volvemos al muñeco. Más adelante volvemos a jugar con el ordenador para los efectos visuales, para crear, por ejemplo, un efecto sobrenatural, así es como conjugamos ambas técnicas".



Como en Coraline, la película tiene unos matices de oscuridad que apenas se ven en el cine familiar. Para Knight, un repaso al cine de los últimos 15 años habla de una homogeneidad inadmisible: "Todas las películas se parecen bastante. No se están explorando nuevos terrenos narrativos, todo se centra en la parte técnica. La animación no tiene por qué usarse sólo para contar historias ligeras, al contrario, con ella puedes dar una perspectiva interesante sobre cualquier tema de cualquier género. Coraline era un cuento de hadas oscuro y moderno al mismo tiempo, pero estaba en la línea de películas antiguas que también ahondaban en un mundo de peligros y negrura, como Blancanieves o Pinocho. Como en aquella película, en El alucinante mundo de Norman hemos querido recuperar ese cine que se toma en serio a los niños y también rendir tributo a las películas de nuestra infancia, como Los Cazafantasmas y Los Goonies, esas historias que tenían un dinamismo digno de una montaña rusa, que aunaban calidez con escenas trepidantes. El público infantil es mucho más sofisticado de lo que creemos".



La vocación de Laika es, pues, continuar con una línea de títulos que les demuestren a los niños que el mundo existe: "Lo mejor que podemos hacer es quererlos y darles oportunidades y el entretenimiento también puede ayudarles a entender qué significa estar aquí. Yo me curtí con las películas que vi en mi infancia, eran atrevidas, distintas... son filmes que han perdurado en nuestro imaginario. Una historia trepidante no tiene por qué traumatizar a nadie", distingue Knight.



Los aficionados al cine fantástico y de terror también encontrarán aquí diversos homenajes al género. Argento, Romero, Viernes 13... están entre los guiños de la película. Cuenta el animador que la mayor parte del equipo se había curtido con estas películas y con los blocksbusters de los 80, entre los que señala también el cine de John Hughes. Todo esto, junto a la técnica de Ray Harryhausen, el maestro del stop motion, conforma el cuerpo de influencias de El alucinante mundo de Norman.



Para Knight, la tarea de animador jefe le ayuda a presidir la compañía y viceversa, a tener una visión global del producto que quieren desarrollar en cada momento: "Puede resultar raro estar al frente de una empresa y luego tener que tirarte al suelo para resolver los detalles pero tener el punto de vista del creativo y el de negocio es muy positivo. Tengo un pie en cada mundo y eso me da la foto completa y me hace mejor en los dos trabajos".



Sobre el futuro de la compañía y de la animación 3D en general, considera que habrá que ser cautos con el uso del 3D: "Es una tecnología que puede funcionar muy bien o ser simplemente un añadido, como está sucediendo en muchos casos. Nosotros, si la usamos, es para que aporte algo a la historia, como se combinaba el color y el blanco y negro en El mago de Oz. En Coraline lo empleamos para recrear dos atmósferas, la del mundo familiar de la niña, opresivo y asfixiante, frente al mundo mágico al que accede. Muchos directores no tienen en cuenta sus posibilidades en este sentido. Nosotros lo estamos empleando de una forma atrevida, uniéndolo con una técnica tan antigua y manual como el stop motion. Sobre nuestro futuro, tenemos muchos proyectos entre manos y nuestra idea es llegar a producir una película por año".