François Ozon



Ganador de la Concha de Oro por En la casa, el cineasta francés François Ozon (París, 1967) refina su talento en una película que reflexiona sobre los límites entre la realidad y la ficción para dar con una película tan perversa como al mismo tiempo sensible. La historia de un adolescente con talento para la escritura que seduce a una familia de clase media, muy mediocre, y comienza a manipularla para hacer su relato más interesante da pie al cineasta francés para crear una inteligente y, a ratos, magistral película no solo sobre esos límites entre realidad y ficción, también sobre el deseo, la culpa, la frustración o la vida de provincias. Un filme espléndido basado en una obra de teatro de Juan Mayorga que rubrica la brillante trayectoria de Ozon, hacedor de grandes películas como Gotas de agua sobre piedras calientes (2000), El tiempo que queda (2005) o Ricky (2007). Lo entrevistamos en San Sebastián, días antes de conocer su premio. Quizá después no hubiera definido los premios como "almorranas, todos acaban teniendo una".



Pregunta.- ¿Qué le atrajo de la obra de teatro de Mayorga?

Respuesta.- Mayorga ha visto la película esta mañana y le ha gustado, esto es lo mas importante para mí. La obra es fundamental. La vi gracias a una amiga actriz, me dijo aquello de "es una obra para ti", y me gustó muchísimo. Es una buena oportunidad para hablar del proceso de creación, sobre cómo escribir una historia.



P.- ¿Ha realizado muchos cambios respecto a la obra?

R.- La dificultad está en reconocer lo que me gustaba, y seleccionar y lo que tenía que cortar. Tienes que adaptar pero también tienes que traicionar. Se trata de establecer en qué conecto con la obra, y es la relación entre el estudiante y el profesor y en esa reflexión sobre el proceso de creación.



P.- El asunto central del filme es, precisamente, la fina, o inexistente, línea que separa la realidad de la ficción.

R.- No distingo entre realidad y ficción, las dos pueden estar mezcladas y no se trata de qué es cada cosa, todo es verdad. Tuve muy presente a Luis Buñuel cuando dijo que hay que filmar la realidad como un sueño y al revés. Al principio está claro donde empieza una y termina la otra pero poco a poco se van mezclando, la vida es así. En el caso de un artista, al final siempre mezclas la realidad y la ficción.



P.- Hay una idea muy habitual en su filmografía, la conexión entre la belleza y el terror.

R.- Me gustó tanto la obra porque me reconocía. Hay cosas inconscientes que están allí del mismo modo que tienes que admitir que la película tiene su propia vida y puede ser interpretada de maneras muy distintas por el público. Terror y belleza no son lo mismo pero hay una frontera ambigua. No es blanco y negro, es más complicado.



P.- Ese personaje adolescente es el mas intrigante. Tan inocente por una parte, tan manipulador por la otra.

R.- Cuando eres un niño lo que quieres es normalidad. No quieres ser diferente, quieres pertenecer a una familia normal y eso él no lo tiene en casa. Su fascinación es muy irónica, por una parte se burla de esa normalidad un tanto mediocre de la familia y por la otra la desea intensamente.



P.- En la película se cita directamente a Teorema y es casi inevitable: ese joven apolíneo que convulsiona a toda una familia.

R.- No estaba en la obra pero era tan obvio... El chaval que aparece de no se sabe dónde y todos lo desean. Teníamos que hacer esa referencia de alguna manera.



P.- ¿Se siente identificado con ese aspirante a artista?

R.- Yo soy Claude. No tengo la misma familia y tampoco provengo del mismo estrato social, pero me reconozco en este joven que quiere contar historias. Me identifico con ese no estar contento con la realidad y preferir la ficción. Y yo también tuve un importante profesor, Eric Rohmer, cuando iba a la universidad. Esta película es un tributo para él.



P.- Se plantea la ética del artista, las posibles consecuencias morales de la búsqueda de la perfección.

R.- Cuando haces una película te olvidas de todo en el mundo, eso es muy egoísta. Cuando un artista se centra en una historia, es muy fácil que se olvide de que hay más cosas importantes. Yo podría estar en ese banco observando lo que pasa y fabulando, es mi trabajo como artista. El alumno intenta llevar las lecciones del profesor hasta el límite, y cuando le dice que lo mejor para la historia es que siga su deseo, para él está claro que eso significa follarse a la madre. Es inocente pero es peligroso porque está manipulando a gente real.



P.- Las dos tramas, la del profesor y la familia, acaban confluyendo.

R.- En teatro es más fácil que un actor sea espectador directo de lo que sucede en otra parte. En cine lo ha hecho Bergman o Woody Allen pero es más complicado. Al principio viven de forma separada, pero el profesor quiere estar en la historia, verlo todo, y se va introduciendo.



P.- La odisea del profesor tiene un sabor ambiguo, lo pierde todo pero al mismo tiempo por fin se libera.

R.- Es un final feliz para él. La verdadera pareja de la película, no en el sentido sexual, está claro, es la que forma el profesor y el estudiante. Es una combinación que siempre se produce en el mundo de la creación: el productor y el director, el editor y el escritor. En este caso, para el profesor, el poder de la ficción ha reflejado su propia situación sentimental y su tristeza. Él sufre, pero es un happy end.



P.- Hay también un estudio de personajes femeninos, la ama de casa y Jeanne, la mujer marchante del profesor.

R.- Jeanne, está luchando por hacer un trabajo como vendedora de arte moderno, un arte muy controvertido. Me gusta esa paradoja de que después se escandalice por lo que escribe el joven alumno de su marido, que aparentemente es más clásico. Me gusta esa contradicción entre sus respectivas reacciones y teóricos puntos de partida. En el caso de la ama de casa, la veo como una Madame Bovary, esa mujer de clase media frustrada y fantasiosa.