El director de cine Jean-Marc Valée.



A mediados de la pasada década, el canadiense (lado francófono) Jean-Marc Vallée obtuvo un resonante éxito mundial con C.R.A.Z.Y., una excelente película en la que retrataba la lucha de un joven homosexual por ser aceptado por su conservadora familia. La familia vuelve a tener un papel central en su nuevo filme tras La reina joven, llamado Café de Flore y que llega a nuestras pantallas el viernes. A través de dos historias paralelas aparentemente independientes cuyas resonancias iremos descubriendo, por una parte las dificultades de un disc jockey cuarentón por divorciarse de su mujer y formar un matrimonio y, por la otra, las de una madre soltera y pobre en el París de finales de los 60, en el que una madre sobreprotectora interpretada por una insólita Vanessa Paradis se resiste a conceder autonomía a su hijo con síndrome de Down. Dos historias para hablar sobre el amor y cómo éste también consiste en dejar que la persona amada vuele libre.



Pregunta.- La película plantea el cambio de costumbres y sus consecuencias. Antes, los matrimonios tenían que durar para siempre, funcionaran o no. Ahora somos mucho más libres. Se plantean cuestiones como la dependencia psicológica del ser amado o cómo esas veloces transformaciones nos afectan.

Respuesta.- La pregunta es cómo nos enfrentamos a una separación o a un divorcio. En cualquier escuela, hay más niños con los padres separados que juntos. Mis padres no conocían el concepto de almas gemelas pero estuvieron juntos toda la vida, antes no te divorciabas, si tenías hijos te quedabas con ellos y punto, como dice el padre del protagonista. Cuando te divorcias debes aprender a ser feliz y al mismo tiempo afrontar ese sentido de culpa de raíz cristiana o católica que sigue allí, esa vocecita que te dice que lo has hecho mal porque has roto una familia. No quería hacer un comentario social sino indagar en los personajes.



P.- La película surge de una idea que tuvo hace una década. ¿Cómo fue el proceso?

R.- Comencé a pensar en estos personajes hacia 2003 y durante tres o cuatro años simplemente dejé que me fueran calando, los fui conociendo poco a poco. Finalmente en 2007 comencé a escribir con una imagen en mente muy fuerte de esa madre con un hijo con síndrome de Down que baila con él antes de llevarlo al colegio y fue surgiendo la historia de Montreal. Entonces me di cuenta de que tenía que meter un elemento paranormal, una inspiración podría ser El sexto sentido o Los otros, porque quería algo fantástico que esté conectado con emociones reales. Quería que fuera místico, especial, extraño, mágico y al mismo tiempo muy real, este era el reto. La música me ayudó mucho a terminar de configurarlo porque yo escribo con música, a medida que iba encontrando las canciones todo iba cobrando más sentido.



P.- La idea del amor es central en la película. Por una parte, es algo que nos hace querer estar con alguien, pero amar también puede significar lo contrario, dejar escapar a la otra persona.

R.- Desde luego, esa aproximación al sentido del amor es lo que da sentido a la película: cómo reaccionas cuando encuentras alguno muy fuerte, uno real, y cómo lo superas. Son amores como el de la madre por su hijo o el de la esposa abandonada por su marido. Al final, el amor es realmente dejar que el ser amado se vaya. Ya sé que es una cosa cristiana, pero la verdadera prueba del amor llega cuando eres capaz de perdonar y ese es el momento sublime del amor.



P.- Hace poco veíamos Declaración de guerra con unos protagonistas similares a los suyos: esos indies de los 90 que hoy ya son mayores y tienen sus propios hijos. Es curioso ver a los "modernos" enfrentarse a algo tan tradicional como la paternidad.

R.- No lo había pensado pero es cierto que son personajes con características similares, muy salvajes. De todos modos utilizo la música de una forma muy distinta. En mi caso, la música es un elemento que puede unir generaciones. Al padre le molesta que la hija adolescente suba tanto la música pero es porque quiere fastidiar, para él es un elemento de conexión. La música también es lo que le une a su esposa cuando la conoce. La figura del DJ como padre de familia se sigue viendo como un contraste, como algo extraño. He conocido a muchos DJs que tienen familia y siempre me ha llamado la atención cómo conjugan ambos mundos.



P.- ¿Qué puede contarnos de su próxima película, The Dallas Buyer's Club, que rueda en otroño con Matthew McConaughey y Hillary Swank?

R.- Es una historia que sucede en Dallas, así que voy a trabajar con cowboys por primera vez. Está ambientada en los años 80, cuando surgió el SIDA como una plaga devastadora y trato de mostrar la realidad cultural y política del momento. Es una película estadounidense y por primera vez no voy a utilizar mucha música aunque el protagonista es un fan absoluto de T. Rex y está obsesionado con él. Voy a trabajar con un guión ajeno y es un proyecto muy distinto en mi carrera.



P.- Vemos la familia como lugar de conflicto, como en C.R.A.Z.Y., pero aquí también ha querido introducir un halo de esperanza.

R.- Todos sabemos y vivimos la dificultad de tener una familia, pero eso es también algo que al final nos hace fuertes y nos ayuda a crecer. Me gusta la esperanza aunque en este caso creo que el final es más ambiguo, es un final bonito pero al mismo tiempo hay algo triste.