Paco León es un actor superdotado, uno de esos intérpretes que parecen haber nacido con un don natural para la comedia y que actúan y divierten casi sin esfuerzo. Es, también, uno de esos, bastantes, actores españoles para quienes el cine no ha sabido encontrar papeles a la medida de su talento. Por ello, no sorprende que el propio León se haya liado la manta a la cabeza para hacer su propia película aunque sí que lo haga en calidad de director. Carmina o revienta, cuyo título ya alude directamente a aquellas películas del Lute que realizara Vicente Aranda, recrea esa España de la picaresca, las corruptelas y los delincuentes heroicos para construir un universo que paradójicamente es tan español que no podría ser de ningún otro sitio como, al mismo tiempo, absolutamente extraño para todos aquellos que no vivan en Andalucía.



Estructurada en torno a la figura de Carmina, la muy atípica madre del propio León, la película nos traslada a una barriada sevillana en la que la pobre mujer soporta que le roben una y otra vez los jamones que sustentan su negocio, un bar de carretera más bien de mala muerte, mientras lidia con un marido borracho y una hija postadolescente, sensacional María León, otra superdotada, que está absolutamente tronchante. Hay poco más. Los monólogos a cámara, sobre todo de Carmina, se intercalan con escenas pintorescas de una cotidaneidad surrealista en la que se mezclan cabras, guardias civiles y señores del frac y donde es posible que Carmina se cague encima, literalmente, para terminar una discusión en una delirante y constante mezcla entre alegría y llanto.



Muy divertida, a ratos difícil de comprender porque la jerga andaluza es dura, la película de León brilla por su personalidad. En un panorama de cine español en el que demasiadas veces se han hecho películas que parecen cortadas por el mismo patrón, Carmina aporta frescura y autenticidad. La cinta, sin embargo, resulta al final demasiado anecdótica y le hubiera venido bien una coherencia conceptual que la hace parecer demasiado deslavazada. Hay mucho que celebrar en ella, pero da la impresión de que Paco León podría haber llegado más lejos con sus personajes. La trama acaba siendo demasiado débil para sustentar una serie de pinceladas a ratos geniales en una pintura que queda incompleta y tan solo sugerida. A veces es difícil empatizar con Carmina y ella sola no aguanta una película que contiene el potencial para ir mucho más lejos. Sería estupendo que León pudiera volver a su universo porque uno se queda con ganas de más.