Charlize Theron en un momento de Young Adult
El dueto Jason Reitman (director) y Diablo Cody (guionista) vuelven tras el éxito de 'Juno' con 'Young Adult', una película con Charlize Theron como protagonista que busca ser independiente, incómoda y francotiradora pero que termina siendo una muestra más del 'establishment'.
Aunque en realidad, sí hay tiempo en la nueva película del dueto de Jason Reitman y Diablo Cody, respectivamente director y guionista de Juno (2007), uno de esos 'hype' de temporada de lo que queda del (mal) llamado cine independiente norteamericano. Hay tiempo, decíamos: el que separa a la protagonista, Mavis Gary (Charlize Theron), atrapada en un bucle emocional, de ese pasado que se empeña en recuperar, rebobinando, como rebobina, en la secuencia de créditos, la canción de Teenage Fanclub The Concept: compulsivamente, una y otra vez, hasta hacer conseguir que vuelvan los años 90, y su novio de aquel entonces sea su marido actual. Tiempo también en la propia película, empeñada como su protagonista en rescatar un estado fosilizado del cine norteamericano, cuando Sundance no era el DisneyWorld de las majors, y el 'indie' no era una etiqueta en el mercado de saldos.
Una cuestión de actitud
Young Adult podría, o quisiera, ser la versión femenina (y no precisamente feminista) de esa Nueva Comedia Americana (NCA) que tanto y tan bien ha filmado el desconcierto masculino ante la madurez, que tanto ha contado, y de forma obsesiva, la incapacidad de los treintañeros, hijos huérfanos con padres vivos, de asumir sus roles adultos, y su pugna por mantenerse vivos entre matrimonios, facturas y rutinas sexuales. La diferencia entre el trabajo de esa NCA y lo que ponen en escena Reitman y Cody no es solo una cuestión de tono (ya hemos dicho que hay más de drama que de comedia en esta película) o género (femenino), sino de actitud: bajo la fachada cool de un cine independiente se esconde un inconfundible discurso neo-conservador, que impone un relato en el que la chica díscola jamás logrará su objetivo. La historia escrita por Cody juega, de manera excesiva y burda, al amor/odio del espectador respecto a la protagonista, ciclotímica, inestable y perdida, pero no puede evitar recrearse, sin finura alguna, en esa idea del castigo social a quienes se atreven a romper las reglas de la vida tradicional. Una falta de finura que se ceba especialmente en el mejor personaje de la película, Matt Freehauf, interpretado por un espléndido Patton Oswalt que pelea por escapar de la carga de tópicos que le impone el guión: gordo, solitario, freak y con fama de gay al que le sobraba su tara física (además es cojo y casi impotente), metáfora burda de un obvio problema interior.Lo más irritante de la película quizás sea ese juego a dos bandas, entre cínico y moralista, entre compasivo y condescendiente; una película que se pretende independiente, incómoda y francotiradora, y que termina siendo una muestra más del establishment del que pretende alejarse.
