María Isbert. Foto: Europa Press

La veterana actriz María Isbert falleció el lunes 25 de abril a los 94 años de edad en la localidad albaceteña de Villarrobledo, a causa de un empeoramiento de sus afecciones crónicas. La capilla ardiente se abrirá este martes al público en el Teatro Circo de Albacete a partir de las 11 horas, según ha informado la familia. Hija del icono del cine español Pepe Isbert y madre de siete hijos de los que dos se dedican también a la interpretación, la carismática actriz desarrolló una prolífica carrera en la que se cuentan más de 250 películas.



En noviembre de 2008 fue nombrada Miembro de Honor de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, en la que fue una de sus últimas apariciones públicas. "A mí me gusta decir la verdad, porque en teatro decimos la verdad", dijo entre bromas durante la ceremonia. También ostentaba un premio de la Unión de Actores por su carrera, entre otros galardones.



En 1936 debutó sobre las tablas junto a su padre, en la obra Nuestra Natacha, de Alejandro Casona, y trabajó durante ocho años en la compañía familiar de teatro. En 1944 dio el salto al cine con La vida empieza a medianoche, de Juan de Orduña. En los años siguientes, la madrileña lució su talento y su carisma en una larga lista de largometrajes que la consagraron como actriz secundaria de primer nivel: Un hombre de negocios (1945), de Luis Lucía; Botón de ancla (1947), de Ramón Torrado; Recluta con niño (1955), de Pedro L. Ramírez; El rey de la carretera (1956), de Juan Fortuny; Lo que cuesta vivir (1957), de Ricardo Núñez; Los ángeles del volante (1958), de Ignacio F. Iquino; y El gafe (1958), de Pedro L. Ramírez.



La década de los sesenta confirmó el éxito de María Isbert, que participó en grandes clásicos del cine español, como La gran familia, de Fernando Palacios; Viridiana, de Luis Buñuel, o El verdugo, de Luis García Berlanga.



Su trayectoria teatral no tuvo la misma continuidad que la cinematográfica. Tras casarse con el húngaro Antonio Spitzer a principios de los cincuenta, Isbert abandonó los escenarios hasta la muerte de su marido en 1968, año en que reapareció con la obra ¡Cómo está el servicio!, de Alfonso Paso. Desde entonces, participó en un largo número de obras hasta 2004, cuando representó Personajes sin vergüenza, que supuso el broche final a su carrera en el teatro.



En los últimos años desempeñó papeles en películas como La mujer más fea del mundo, de Miguel Bardem; El florido pensil, de Juan José Porto, y las dos adaptaciones de los célebres personajes de cómic de Paco Ibáñez, Mortadelo y Filemón.