Cine

Fantasmas y heterodoxias

Análisis

28 diciembre, 2006 01:00

Carmen Maura y Almodóvar en el rodaje de Volver

Cineastas insobornables, poetas de mirada intransferible y artistas radicales en busca de nuevos desafíos. Contra un cine mainstream adormecido, el año 2006 nos ha dejado un buen manojo de obras vivas y sinceras que hacen mirar con renovada esperanza el futuro del séptimo arte.

Dos cineastas europeos plenamente consagrados, reconocidos por un amplio consenso crítico mundial como autores personalísimos, como figuras de cabecera en la creación fílmica del viejo continente, lideran este año con sus últimas películas las preferencias de la crítica española. La inquietante y perturbadora Caché, y la emocionante y vitalista Volver han impuesto sus irreductibles señas de identidad a despecho de la dura competencia con la que se han encontrado a lo largo del 2006.

Una y otra son, a fin de cuentas, películas de fantasmas, creaciones poéticas que hablan de espectros que recorren Europa con recurrente insistencia. La memoria adormecida de las arrogantes humillaciones de clase, el miedo a la emigración y la dificultad de preservar la vida privada frente a la amenaza vigilante de una mirada anónima son heridas lacerantes y miedos atávicos que palpitan bajo la imágenes secas y rigurosas de Caché. El dolor, la devastación y la erradicación social que provocan los malos tratos contra las mujeres se encarnan en un fantasma de sangre y hueso dentro de la hermosa radiografía vital desplegada por Volver.

Lo que ocurre, sin embargo, es que no son sólo ellas las que hablan de fantasmas. Cada una a su manera, también lo hacen United 93 (el eco trágico del 11 de septiembre), El nuevo mundo (el mito fundacional de la nación americana), Grizzly Man (el naturalista devorado por los osos transmutado en personaje de ficción, o al revés...), Lo que sé de Lola (el desarraigo y la soledad que acompañan a la emigración) y El laberinto del fauno (el ogro de un cuento de hadas que convierte la memoria dolorosa de la posguerra española en materia féerica). Películas, todas ellas, que bucean en el imaginario mental de sus espectadores para exorcizar miedos arraigados en lo más profundo de su psique.

Fantasmas y espectros que se convierten así en noble materia moldeable por la fértil imaginación de unos cineastas (Haneke, Almodóvar, Paul Greengrass, Terrence Malick, Werner Herzog, Javier Rebollo, Guillermo del Toro) que hacen la guerra por su cuenta al margen del cine mainstream. Creadores que filman en abierto desafío a esa normalización estandarizadora empeñada en minar, de forma letal y progresivamente venenosa, la producción mayoritaria de la industria en sus países respectivos. Esa es una batalla en la que les acompañan, qué duda cabe, el eminente taiwanés Hou Hsiao-hsien (Tiempos de amor, juventud y libertad), y los jovencísimos españoles Isaki Lacuesta (La leyenda del tiempo) y Albert Serra (Honor de caballería). Se completa así una radiografía cuyo más visible y notable denominador común es la confesada heterodoxia formal y la orgullosa afirmación de la diferencia implícitas en unas propuestas concebidas a espaldas del cine convencional y de cara a la más íntima sinceridad de sus creadores respectivos. Es evidente que el frío y analítico escalpelo de Michael Haneke resulta incómodo para el autosatisfecho establishment burgués de la venerable Europa, que el esquivo y misántropo Terrence Malick es un outisider responsable de un cine tan inclasificable como lírico, que nunca llega a saberse con certeza si Werner Herzog está pintando o no su propio autorretrato. Y no es menos cierto que el empeño en capturar las emociones fugitivas convive con sofisticadas y refinadas estructuras formales en las imágenes de Hou Hsiao-hsien para desesperación de los que necesitan aferrarse a confortables etiquetas.

De forma equivalente, la impasible y conductista mirada fílmica de Javier Rebollo coloca frente al espectador un espejo que le devuelve una perturbadora imagen de insospechado voyeur, Paul Greengrass erradica con audacia todo asomo de retórica melodramática, soflama política, discurso patriótico y muletilla psicologista en su insólita reconstrucción de un episodio real, mientras que Albert Serra despoja a Sancho Panza y Don Quijote de todo ropaje literario para convertirlos en figuras puramente humanas y carnales, tan reales como poco "cinematográficos".

No son pequeños los retos que asumen la mayoría de las obras que encabezan el ranking. Y esto sin contar con que se han quedado fuera obras de parecida o incluso superior heterodoxia, también votadas por los críticos: The Devil and Daniel Johnston, Tropical Malady, Working’s Man Death, Election, Syriana, La niebla en las palmeras, Luces del atardecer, Gabrielle, A Scanner Darkly... Algo parece moverse, en definitiva, bajo las lentejuelas que disfrazan de engañosos oropeles la rutina cansina del cine que nos proyectan, mayoritariamente, las grandes salas comerciales.

Especial Los mejores de 2006