Mario Livio. Foto: Ariel

Joyce escribió: "Un genio no comete errores. Sus errores son portales de descubrimientos". El astrofísico y genial divulgador Mario Livio presenta en Errores geniales que cambiaron el mundo (Ariel, 2013), a cinco grandes científicos metepatas que abrieron la puerta a nuevas y desafiantes teorías. Una visita crítica a la increíble tramoya de la Ciencia.

Fue una de las más grandes batallas de la Guerra Fría y se jugó sobre un tablero de ajedrez. En el verano de 1972 se enfrentaron en la final del campeonato mundial en Reikiavick, Islandia, el estadounidense Bobby Fischer y el soviético Boris Spassky. El primero acababa de machacar en 20 victorias consecutivas a los mejores ajedrecistas del planeta pero escogió en el vigésimo noveno movimiento una catastrófica jugada que hasta un novato evitaría y que le llevó a perder la partida, aunque no la final, que terminó ganando. Comenzaba el declive de la URSS.



La anécdota abre Errores geniales que cambiaron el mundo (Ariel, 2013) el último y sorprendente libro de Mario Livio (1945), astrofísico estadounidense / israelí de origen rumano y uno de los divulgadores científicos más leídos, autor del bestseller La proporción áurea. Si el genio de Bobby Fischer fue capaz de cometer un error semejante, ¿qué decir de esa otra particular nómina de genios, la de los grandes científicos? Livio persigue en su libro cinco errores cometidos por otros tantos gigantes de la ciencia: Darwin, lord Kelvin, Linus Pauling, Fred Hoyle y Albert Einstein. Errores que, sin embargo, cambiaron el mundo. ¿Cuál fue el más comprensible y cuál el más inaceptable?



-El error de Darwin, por no comprender totalmente las implicaciones de la teoría de la herencia con la que estaba operando (en concreto, su apuesta por la mezcla de la herencia), fue probablemente el más comprensible. De hecho, casi lo hizo bien, una vez que se dio cuenta. El error de Pauling fue el más inaceptable, ya que postuló un mal modelo para el ADN que violaba algunas de las reglas básicas de la química. Era entonces el mejor químico del mundo y debería haber sido un poco más cauteloso.



-Uno de los objetivos de este libro, afirma, es corregir la idea de que los grandes avances de la ciencia son historias de éxito perfectas. Esta idea, ¿es un éxito del márketing científico?

-No tanto un éxito del márketing como del sistema educativo. La educación tiende a describir el proceso del descubrimiento científico como una manifestación directa de la verdad, en vez de como lo que en realidad sí es: un camino en zigzag con muchas salidas en falso. Tal vez se explique así en parte para ahorrar tiempo.



Rompiendo moldes

-"Errores geniales", ¿No es eso una contradicción?

-Por supuesto, buscaba un título intrigante. Pero los que defino como "errores geniales" son aquellos que no son tanto el resultado de un gran descuido o de la falta de experiencia como de pensar fuera del sistema, de romper moldes, de atreverse a tomar riesgos. Además, fueron errores que, eventualmente, consiguieron grandes avances.



-¿Cuáles son las causas de los errores científicos? ¿La ambición? ¿Los prejuicios? ¿El peso del pasado...?

-Ciertamente, todo eso influye. Pero hay que tener en cuenta que el conocimiento humano siempre será incompleto. Las ideas de Aristóteles sobre la física, por ejemplo, eran todas erróneas, pero él no tenía los conocimientos para hacerlo mejor.



Probablemente el caso más fascinante del libro sea el de Fred Hoyle, astrofísico como Livio, de creatividad tan ingeniosa como excesiva que se opuso con fiereza a algunos de los más grandes triunfos científicos del pasado siglo como la selección natural darwiniana o el Big Bang. De hecho, este último y popularísimo nombre fue una broma suya con la que buscaba ridiculizar, en una famosa conferencia, la teoría de de un universo finito y en expansión frente a la de un Universo infinito y estable que el defendía. Paradójicamente, su broma obtuvo tal popularidad que acabó por bautizar a la teoría victoriosa. Pero, cuando le preguntamos a Livio si el bueno de Hoyle es el ejemplo de científico looser, se enfada.



-¡Por supuesto que no! Hoyle fue un genio, y hasta su mal modelo del estado estacionario era increíblemente inteligente y elegante. Un hombre muy tenaz en vida, es cierto, pero eso no lo convierte en un perdedor.



-¿Cuál podría ser el mayor error de la ciencia de hoy? ¿La teoría de cuerdas, tal vez, cuyas promesas siguen sin probarse?

-Sólo sabemos que algo fue un error después de que se demostrara así. La teoría de cuerdas podría ser un error, pero, por el momento, sigue siendo el mejor candidato disponible para conseguir la teoría que unifique la relatividad general con la mecánica cuántica, la gran aventura de la física actual. Con todo, al final la energía oscura podría no existir, y tendríamos que modificar además nuestras ideas sobre la gravedad. Aunque, por ahora, no parece probable.



-Si el error científico es consustancial a la mente humana, ¿nunca conseguiremos ese santo grial de la física que llaman "Teoría de Todo?

-Nunca se sabe todo, sin duda. La historia de la ciencia ha demostrado una y otra vez que, al mismo tiempo que logramos responder a muchas preguntas, surgen otras nuevas continuamente. Cuando hablamos de la llamada "Teoría de Todo", nos referimos a una teoría de las fuerzas y partículas elementales. Lo que no quiere decir que vayamos a entender el origen de la vida o el funcionamiento del cerebro. E incluso esta teoría puede ser mucho más amplia de lo que pensamos si se confirman las más novedosas ideas sobre el "multiverso": que nuestro universo sólo es uno más de los miembros de un conjunto enorme de universos.



-¿Y cuál ha sido el mayor error científico de Mario Livio?

-No sé si he cometido algún error que significativamente mayor que otros. Es cierto que he sugerido varios modelos en astrofísica que resultaron erróneos. Pero como por lo general, los errores son el resultado de no tener datos suficientes, una vez efectué nuevas observaciones, descubrí que mis modelos no podían ser ciertos.