Piénsese en una religión que considera que una roca tiene poderes milagrosos, que puede ser objeto de veneración, y compárese con la misma idea pero referida a un melocotón o a una barra de pan. Aún siendo igual de imposibles desde el punto de vista natural, la segunda causaría más risa que respeto.



Un equipo de investigadores del Centro Mixto UCM-ISCIII de Evolución y Comportamiento Humanos ha estudiado que las ideas imposibles de los relatos religiosos tienen algo que las hace diferentes. "No sería la cantidad de este tipo de ideas sino la calidad de las mismas", señala el equipo. Los resultados del trabajo se publicarán en la revista "Social Neuroscience".



Los investigadores trabajaron en esta idea estudiando la actividad cerebral de un grupo de voluntarios mientras leían milagros e ideas imposibles extraídos de textos religiosos reales y compararon dicha actividad con la obtenida mientras leían ideas imposibles pero no incluidas en textos religiosos e ideas perfectamente admisibles en el mundo real.



Para estar seguros de que las ideas o hechos imposibles no eran conocidos ni resultaban familiares para los sujetos del estudio, se extrajeron de diversos relatos ajenos a la religión cristiana, históricamente predominante en la sociedad occidental, de la que procedían los voluntarios: religiones védicas e hindúes, mesoamericana, japonesa, egipcia, greco-romana, africana, australiana, china, polinesia e inuit (esquimal).



Como ejemplo de afirmaciones imposibles los investigadores utilizaron "De su mente surgió la luna", extraída de los textos védicos. Una oración similar pero ajena a los textos religiosos sería "De su mente surgió la casa", mientras que la equivalente pero esta vez posible en el mundo real fue "De su mente surgió la idea". De la mitología africana, ejemplos paralelos serían: "Bajo la tierra vive el viento"; "Bajo la tierra vive el comedor", y "Bajo la tierra vive el topo".



El equipo, dirigido por Manuel Martín-Loeches, utilizó una medida de actividad cerebral que expresa la cantidad de incongruencia que el cerebro humano encuentra cuando lee o escucha una oración.



Se conoce como "componente N400", pues surge tan pronto como a las 400 milésimas de segundo tras escuchar una palabra que no "encaja", como en el clásico ejemplo: "Unté la tostada con calcetines". Su origen está en las redes cerebrales que conforman el conocimiento semántico, es decir, lo que sabemos sobre la realidad del mundo.



"Por alguna razón que aún permanece en la incógnita -señala el estudio- , los cerebros de los voluntarios encontraron menos sorprendentes las ideas imposibles religiosas que las imposibles no religiosas. Por extraño que parezca, al cerebro humano ve más aceptable, más asimilable que se muevan montañas a que se muevan edificios".



"La religión habría utilizado preferentemente este tipo de ideas que el cerebro humano considera menos sorprendentes que otras, y al no ser tan extravagantes para nuestro cerebro, el éxito del relato religioso quedaba garantizado. La calidad y no -sólo- la cantidad de las ideas mencionadas en un mito son lo que lo hace especial, más fácil de recordar y por tanto de extender por todo el mundo", concluye.



Queda ahora por determinar qué es lo que hace que unas ideas sean apropiadas para un mito religioso mientras que otras parecerán meras locuras absurdas. De alguna manera, la selección natural ha creado un cerebro, el del ser humano, que prefiere y asimila mejor ciertas anomalías del mundo real, pero no otras, siendo igual de imposibles.



El estudio forma parte del movimiento científico en auge "Ciencia Cognitiva de la Religión". Una de las premisas básicas de esta línea de investigación es que las características de la mente del ser humano son las que explican el fenómeno religioso, la existencia de religiones y su éxito rotundo.



La idea es descubrir cuáles son esos mecanismos cognitivos -mentales- que llevan al surgimiento de las creencias religiosas y a su expansión arrolladora por el mundo. ¿Por qué ocurre esto? Existen múltiples respuestas y posibilidades; pero aún hay mucho camino por hacer.



Entre los diversos avances en este campo, numerosos autores habían llegado a la conclusión de que una de las razones del éxito de las historias mitológicas y de carácter religioso residía en mezclar hechos reales con hechos imposibles, pero sin que éstos prevalecieran excesivamente.



La mente humana detecta rápidamente cuándo algo es imposible en el mundo real; existen unas leyes físicas, biológicas y psíquicas que son sistemáticas, se descubren desde muy temprana edad (con apenas meses de edad), y conocerlas es precisamente una de las razones clave para nuestra supervivencia.



"Para que un mito o un relato religioso tenga éxito -puntualiza el equipo de Martín-Loeches- se deben mezclar hechos posibles e imposibles, pues éstos llaman la atención, elevan el interés, sorprenden. Pero si son excesivos en una historia, ésta se convierte en algo difícil de digerir, y la historia se olvida más fácilmente al cabo del tiempo. Unas "gotas" de irrealidad, la dosis justa, garantizan el éxito de un relato".