Ya es un triunfo para el montaje de Los santos inocentes los premios que ha recibido y la larga gira que ha tenido y que culmina con las funciones que se ofrecen en Madrid, hasta el 11 de junio, en las Naves del Español. El precedente de la magnífica película de Mario Camus hizo presumir que le quitaría aliciente a la producción teatral, pero el director Javier Hernández-Simón lo ha contrarrestado con un estimulante elenco que, de entrada, hace pensar en un montaje basado en un trabajo interpretativo potente. Y así es.

Delibes confía el papel de héroe al personaje más insignificante y despreciado de esta historia, Azarías; es también el más libre y digno, su reino está entre los animales del campo y gasta una ternura emocionante con su sobrina discapacitada —la niña chica— o con su polluelo recién nacido. Azarías descansa en Luis Bermejo, que hace un ser más cerca de lo sobrenatural que de un tipo torpe y deficiente como el inmortalizado por Paco Rabal en la película. No es la primera vez que lo vemos de rústico (Los mariachis). Aquí le echa una energía arrolladora, salta corriendo del escenario al patio de butacas tras su ave amaestrada y, como buen clown que es, no puede evitar que en su dramática máscara asome un destello tragicómico. 

Destacan también Javier Gutiérrez, convincente como siempre en el papel de Paco el Bajo, caracterizado por su servilismo y resignación, mientras la Régula de Pepa Pedroche es más combativa pero también menos cruda que la de Terele Pávez.

Luis Bermejo interpreta a Azarías. Foro: marcosGpunto

Jacobo Dicenta, el antagonista de Paco y de toda su familia, logra un odioso personaje, canalla hasta el tuétano, al que imprime un brío de soberbia y egoísmo y de cuyo final nos congratulamos. Y la obra nos descubre a la joven actriz Yune Nogueiras en el papel de Nieves, la hija prudente y tímida que la actriz borda con una difícil presencia silenciosa. Fernando Huesca, Marta Gómez, José Fernández y Raquel Varela completan el amplio elenco.

Hay, sin embargo, descuido en la expresión del habla de los personajes humildes, suenan demasiado contemporáneos. Delibes tenía un oído excepcional para el lenguaje y aquí no parece haberse tenido en cuenta las peculiaridades del habla, los acentos y la jerga de campo a los que el autor prestaba tanta atención.

La versión teatral es de un realismo adobado por el poder metafórico y simbólico de la puesta en escena. La firman el desaparecido Fernando Marías y el propio Hernández-Simón y, según escribe el primero, reinterpreta “a los personajes desde la mirada de hoy”. Creo que Marías se refiere a ofrecer una versión que se aleje de la película citada y las impresionantes interpretaciones que ofrece, grabadas en nuestro imaginario. Condensa en cerca de dos horas el relato de Delibes ambientado en los años sesenta sobre la relación sumisa y servil de Paco y su familia con el cacique Iván y la suya, a cambio de una miserable vida en el campo que ellos aceptan por necesidad, y con la única esperanza de la educación como tabla de salvación para sus descendientes.  

La escenografía incluye una columna de enseres que simboliza la pobreza de la familia protagonista y una instalación de palomas que refleja su vínculo con la naturaleza. Foto: MarcosGpunto

En la obra vemos la vida de extrema pobreza de los personajes humildes, pero la visión que ofrece no es tan descarnada, sucia y atroz como la del filme —debido, supongo, al poder realista del cine—. La puesta en escena es limpia, sencilla y funciona. La familia vuelve al cortijo con sus pobres enseres apilados unos encima de otros en una columna bajo la que se resguardan, metáfora de su pobre hogar. Una instalación de palomas cuelga sobre los personajes recordándonos la estrecha relación de los personajes con la naturaleza, especialmente con las aves.

Los santos inocentes, estrenada el pasado año, es la tercera producción teatral de una novela de Delibes que vemos esta temporada en Madrid (Las guerras de nuestros antepasados y Señora de rojo sobre fondo gris). El novelista más popular de la segunda mitad del siglo XX sigue reinando en las taquillas de los teatros. Me pregunto dónde radica el éxito de un escritor tan ligado a una época —la de hace cincuenta años— que nunca escribió teatro y, sin embargo, gran parte de sus obras han sido adaptadas a los escenarios. Delibes ha devenido en clásico.

Los santos inocentes

Naves del Español, Madrid

Autor: Miguel Delibes

Adaptación: Fernando Marías y Javier Hernández-Simón

Dirección: Javier Hernández-Simón

Reparto
: Javier Gutiérrez, Pepa Pedroche, Fernando Huesca, Yune Nogueiras, Marta Gómez, Luis Bermejo, José Fernández, Raquel Varela y Jacobo Dicenta

Iluminación: Juan Gómez-Cornejo (AAI) e Ion Aníbal (AAI)

Espacio escénico: Ricardo Sánchez Cuerda

Vestuario:Elda Noriega (AAPEE)

Música original y espacio sonoro: Álvaro Renedo

Producción: GG Producción escénica y Teatro del Nómada en coproducción con Carallada, AJ Claqué, María Díaz Comunicación, Mardo, Juan Carlos Castro, Saga Producciones y Diodati se mueve

En cartel hasta el 11 de junio