[caption id="attachment_1396" width="510"]

Juan Manuel Bonet[/caption]

Hace ya algún tiempo que se echaba de menos una poesía completa de Juan Manuel Bonet (París, 1953), introductor de un cierto tipo de poesía impresionista en la poesía española que tuvo no pocos epígonos (la mayoría de ellos desaparecidos del panorama poético, como Emilio Quintana) y bastante influencia. De la abundancia, por ejemplo, de enumeraciones caóticas que circularon por la poesía española en los ochenta y noventa, hay que “culpar” en buena medida no sólo al magisterio borgiano, sino también a la habilidad con que Bonet trenza las suyas, convirtiendo cada lista en un lienzo que es un instante y la historia del mundo.

Via Labirinto (La Veleta) es esa poesía completa y algo más, pues incluye numerosos poemas que se habían quedado fuera de los libros publicados hasta ahora por el poeta (poeta y muchas cosas más, pero también poeta). “La felicidad puede ser una imagen”, dice uno de los versos de su libro Nord-Sud, dedicado al fotógrafo Bernard Plossu (sus fotografías se reproducen en este volumen). Ese verso es toda una poética, porque si algo reconstruye cada poema de Bonet (y casi diría uno que cada verso) es una imagen con toda su capacidad evocativa, como si cada una de sus palabras, cada una de sus letras fuera un detalle en una fotografía. Por un verso de Bonet podemos pasear como por una estampa que es a la vez de otro tiempo y del nuestro.

Lo que diferencia a Bonet de sus epígonos es que en sus listas, en sus imágenes impresionistas no hay adorno. Leídos con atención, son, sí, fotografías “bonitas” de un tiempo y de un lugar, pero son también una lección de historia. Los poemas de Bonet no son bibelots amontonados en una tienda de muebles viejos; son instantes robados al tiempo fugitivo. Ello no impide que la de Bonet sea también una poesía culturalista e incluso juguetona, como cuando se inventa heterónimos como el Pavel Hrádok al que hizo firmar su libro Praga, recuperado ahora con su propio nombre (tampoco es que nunca se hubiera ocultado).

Aquí está todo Bonet desde La patria oscura, el libro con el que se estrenó en 1983, aunque aquí esté precedido de dos series inéditas. Está también, aumentado, Polonia-Noche, editado por primera vez en 2009 y tal vez el libro que mejor resume el proyecto de esta poesía. He aquí un ejemplo de lo que este tomo nos ofrece:

La felicidad

LA felicidad puede ser esa imagen,

que se te quedó tan nítidamente grabada,

de un tranvía lisboeta

contratado por unos jóvenes,

como tú fuiste joven en Lisboa.

A toda máquina por las cuestas

en la clara mañana oceánica,

un tranvía convertido en lugar

donde van sirviendo copas

y desde el cual contemplar

la vida, las obligaciones

de los demás, el mundo absurdo.

La felicidad puede ser imagen.

 

El libro incluye además un sinfín de notas finales en una especie de making off de la poesía bonetiana que se lee como un libro más, apuntando a cada paso nombres y sugestiones que seguir fuera de este libro, pero guiados aún por él.

Los poemas de Bonet crecen en dos direcciones: hacia dentro, en una especie de haiku centroeuropeo, y hacia afuera, hacia donde nos llevan todas las sugestiones y citas que propone. He aquí, pues, un libro inagotable, porque nos produce una sed y un alivio igualmente inagotables.