Cuando uno se acerca a un libro de Miriam Reyes, uno nunca sabe lo que se va a encontrar, pero sí sabe cómo se lo va a encontrar: rehecho, subvertido, dado la vuelta para mostrar sus contradicciones. Miriam Reyes no se cree un solo tópico: todos han de pasar la prueba de la realidad.

Eso ocurre de nuevo en su más reciente entrega, Haz lo que te digo (Bartleby). Decir que es un libro de poemas de amor sería reducirlo demasiado, pero es algo parecido a eso. De un amor que se quiere total y nuevo. Reyes propone desde el principio subvertir las categorías de lo masculino y lo femenino, sin dar nada por sentado, remezclar esas categorías para asumir una nueva identidad que contenga todas las anteriores, quizás subrayando la posesión adquirida de aquellas que pertenecían a la que le estaba negada. “Quiero”  es el primer poema del libro, buena muestra de lo que intenta, y un poema enorme:

 

Te tengo todo marcado

como un yacimiento arqueológico.

No es extraer los restos de ti lo que persigo

-ruinas de una ciudad tallada en la arenisca-

lo que quiero es penetrarte

taladrar la piedra de tu cuerpo

y este sexo cóncavo de mujer

se vuelve inútil para mi deseo.

 

Cavo en tu ombligo

para entrar por el flujo de tu sangre.

Vacío mi espíritu como aire en tu boca

y te observo respirarme.

Ya sé que no necesito de piel para tocarte

no es eso

lo que yo quiero es hacerme

una cueva en tu cuerpo.

 

Flexiono tus rodillas bajo mis axilas

como los brazos de un taladro.

Las aceras que rompo

son las de tu calle.

 

Con mis pestañas barro

el polvo que levanto de tu frente

y no me tengo hasta que soy tú

y tu sexo es el mío hasta que soy yo

quien está dentro.

 

Todo el libro, como toda la obra de Miriam Reyes, está guiado por el mismo ánimo reconstructor de lo aprendido. Haz lo que te digo es un libro de desaprendizaje, único paso previo a todo reaprendizaje verdadero. Naturalmente, ese proceso es doloroso; y aquí hay más cicatrices que aforismos. El primer poema de la última sección repite como un mantra, como una letanía: “No debo serrar la rama en la que estoy sentada / ni morder la mano que me da de comer”. Y sin embargo el deseo es justo eso, en todas sus acepciones. Esta última sección es también enormemente novedosa y valiosa. A lo largo de todo el libro se plantea también una reconceptualización del espacio como paso previo imprescindible para repensar lo que en él ocurre. En esta última sección Reyes replantea la relación entre el cuerpo y la naturaleza en su sentido más amplio, rompiendo las identificaciones tradicionales (y más “poéticas”) para elegir la roca como ejemplo. Pero no una roca cualquiera:

 

El problema con nosotras las rocas

no es que tengamos nuestros ciclos

o algún episodio plutónico de vez en cuando

 

es que estamos a la merced del ambiente

 

no sólo nos arrastran y desgastan

las aguas y los vientos

también

cuando nos hacemos pequeñas

cabemos en un puño cerrado.

 

Haz lo que te digo es un tratado latiente de cómo recuperar esa merced, de reinvención de la mirada y de reconducción de la intención. Poemas que se preguntan cómo quieren ser y antes de eso quieren conocer todas las formas de ser. Si poesía es búsqueda de autoconocimiento, este es uno de los libros con más poesía que se hayan publicado últimamente.