Esta semana ha llegado a las librerías norteamericanas The Lunatic (El Lunático), nuevo libro de poemas de Charles Simic, bien conocido de los lectores de este blog y de los aficionados a la poesía en general. El libro ahonda en los temas habituales de la poesía de Simic, insistiendo, si acaso, en algunas notas más locales y en un mayor sarcasmo. Dejo aquí algunas versiones de urgencia de algunos de estos nuevos poemas.

 

MENÚ DEL DÍA

Sólo nos queda, caballero,

un plato vacío y una cuchara

con la que puede sorber

enormes tragos de nada

 

que suenen como si comiera

una sopa negra y densa,

humeante de tan caliente

en el plato vacío.

 

SOBRE MÍ MISMO

Soy el rey sin corona de los insomnes

que aún lucha contra sus fantasmas con una espada.

Un estudiante de techos y puertas cerradas

que apuesta a que dos y dos no siempre son cuatro.

 

Una vieja alma que feliz toca el acordeón

en el turno del cementerio en la morgue.

Una mosca que escapa de la cabeza de un loco

y descansa en la pared junto a su cabeza.

 

Descendiente de curas de aldea y herreros:

un reticente ayudante de dos

ilusionistas famosos e invisibles,

uno llamado Dios, el otro Demonio, asumiendo, por supuesto,

que yo sea la persona que me digo ser.

 

EL DICCIONARIO

Tal vez haya alguna palabra por ahí

que describa el mundo tal y como es esta mañana,

una palabra para cómo la luz temprana

se deleita en apartar la oscuridad

de los escaparates y los portales.

 

Y otra palabra para el modo en que se detiene

sobre un par de gafas de alambre

que alguien perdió en la acera

la noche pasada, tambaleándose a ciegas

hablando consigo mismo o rompiendo a cantar.

 

EN TIEMPOS DE MI ABUELA

La Muerte vino a pedirle a una anciana

que por favor le cosiera un botón

y ella dijo que sí, se levantó

de la cama y se puso a buscar

aguja e hilo a la luz de una vela

que el cura había dejado sobre su cabeza.

 

LA FUGITIVA

El nombre de una muchacha que amé una vez

salió volando de la punta de mi lengua

hoy en medio de la calle,

como una mosca amaestrada

guardada por un loco en una caja de cerillas—

¡Ya no está!

Dejando mi boca abierta

de par en par

de modo que cualquiera que pasase pueda verla.

 

LA MEDIUM

Esta mesa redonda perteneció a una mujer

que solía convocar a visitantes fantasma

y transmitir sus crípticos mensajes

a los clientes que se tomaban las manos en círculos,

sus rostros apenas iluminados por una vela,

 

esperando ver aparecerse a su amor

o escuchar al menos su voz familiar

saludándoles de nuevo, revelando un secreto

de ultratumba

o haciendo que alguien en la habitación se tapase los oídos,

que otro comenzara a sollozar,

 

mientras más allá de las gruesas cortinas

los copos de nieve comienzan a caer

en esta fría, oscura y silenciosa noche,

cada uno de ellos empeñado en enterrar algo

no importa cómo de pequeño, no importa cómo de grande.

 

CONDUCIENDO

Y luego está nuestra Calle Mayor

que parece

el decorado abandonado de una película

cuyo director

se quedó sin dinero y sin ideas,

despidiendo al momento

a todo su equipo,

dejando a la hermosa joven actriz

vestida para la parte

en que se detiene con una sonrisa contraída

frente al escaparate polvoriento

de la tienda de vestidos de novia de Miss Emma.

 

EL CABALLO

Me desperté en medio de la noche y encontré

a un caballo muy quieto sobre mi cama.

Amigo mío, qué alegría verte, le dije,

está nevando y debías sentir frío

y soledad en tu establo allá abajo

junto al granjero y su esposa, ambos muertos.

 

Déjame que te arrope y compruebe

si hay algún terrón de azúcar en la cocina,

como el que vi una vez a un hombre con chistera

darle a una yegua en un circo. Aunque temo

que te hayas ido cuando vuelva; de modo que mejor

será quedarme en tu compañía en esta oscuridad.