Claude Color Chart II, en la galería Max Estrella

Galería Max Estrella. Santo Tomé, 6. Madrid. Hasta el 16 de enero. De 1.600 a 25.000€ / Galería La Caja Negra. Fernando VI, 17. Madrid. Hasta el 16 de enero. De 1.500 a 6.500€

Tengo el profundo convencimiento de que muchos de los rasgos que corresponden a lo artístico y a la fuerza del arte siguen residiendo, cual huéspedes privilegiados, en la práctica de la pintura, y nada más alejado de mi criterio que la disputa sobre su muerte o la aún más ridícula sobre sus idas y regresos a la escena artística. Del mismo modo, creo que en la pintura hoy no hay originalidad posible sin lo que cabría considerar como copia, ni hay nada que sea más copia que lo que consideramos original.



Ambas afirmaciones han vuelto a mi cabeza ante la doble exposición de Nico Munuera (Lorca, 1974), un pintor que si ya me había convencido anteriormente de la coherencia y profundidad de sus propuestas, alcanza con estas últimas una madurez tan consistente como sutilmente atrevida.



Sin lugar a dudas, la base sobre la que se sostienen es la de un intenso despliegue del color, al que se entrega de nuevo con fructífera fruición y complacencia después de su pasada incursión en una impoluta monocromía blanca. Comparecen ahora azules atmosféricos con otros minerales, rojos encendidos, amarillos solares, verdes marinos y terrenales, anaranjados brillantes, y apenas pardos y tierras que emergen en ocasiones de la orgía luminosa de los anteriores.



La mayor parte de las pinturas expuestas en Max Estrella y de los papeles de bordes libres que cuelgan en La Caja Negra exhiben tanto la fluidez de los pigmentos, su extenderse libre pero calculadamente sobre la superficie de la tela o de la lámina, como la casi imperceptible pero rotunda impronta de la pincelada. De modo que sobre un color dominante, azul, rojo, amarillo, verde o anaranjado, se superponen algunos de los otros en una conjunción tan seductora como firme.



El propio artista decía, en declaraciones a El Cultural, que el término boneless "hace referencia a una técnica pictórica característica de la escuela japonesa de Rimpa que consiste en no acotar las masas de color mediante un contorno que lo perfile". Aparecen ante el espectador como un fragmento de una enorme acuarela cuyos límites se abrirían mucho más allá de lo que esta alcanza. Tan interesantes, o más, resultan otras apuestas con las que ambas exposiciones conjugan un proceso de investigación que es, en última instancia, el que, en él y en los grandes pintores, justifica mis afirmaciones de las primeras líneas.



El políptico Claude Color Chart en Max Estrella, los dos collages titulados El lenguaje I y II y las piezas de la serie Walk in the Line (Andando en el filo) en La Caja Negra atestiguan un ir más allá del cuadro, sin necesidad de matar la pintura como quiso Miró, sino acentuándola. Claude Color Chart, una pieza definitiva, prosigue las experiencias de la serie Frames (el año pasado mostró en la Sala Verónicas el impresionante Frame Time Color Chart VS, una obra de casi 8 metros por 4, compuesta por pequeños cuadros de unos 20 x 25 centímetros cada uno). Los collages y las telas cubiertas, que solo dejan ver la pintura que tímidamente asoma por fuera, exploran el problema del borde y los límites de la pintura y, en los primeros, cierta "cientificidad" de la mirada, que quisiera trazar una topografía de la contemplación del paisaje. Sencillamente admirable.