Manolo Valdés. Foto: Adam Reich

El artista inaugura esta tarde el nuevo espacio de la galería Marlborough en Barcelona

Una reconocible iconografía y con cierto aire pop acompaña desde hace años a Manolo Valdés (Valencia, 1942), uno de los artistas españoles más populares y mejor tratados por el mercado. Habitual de la galería Marlborough en Madrid y Nueva York, llega ahora a Barcelona para inaugurar la nueva sede de la franquicia. Fundador de Equipo Crónica en 1964, junto a Juan Antonio Toledo y Rafael Solbes, ha sabido rentabilizar como pocos el arte contemporáneo y reconvertir lo que bajo la firma colectiva era crítica social antes y durante la Transición en cuadros, collages y esculturas muy pero que muy rentables. Sus monumentales esculturas públicas lucen en calles y plazas de todo el mundo, de Nueva York a Madrid, y sus obras pueden verse en las colecciones del Reina Sofía, el Pompidou de París, el Kunstmuseum de Berlín, el Metropolitan, el MoMA de Nueva York. Allí, muy cerca de Central Park, vive y trabaja desde hace años.



Pregunta.- ¿Qué vamos a ver en esta exposición en Barcelona?

Respuesta.- Son obras muy recientes, realizadas en los últimos dos años. Algunas de las piezas forman parte de una serie de trabajos que se convertirán en obra grande para la calle. Pero todas son obras muy íntimas, hechas con mis manos, con materiales tradiciones -madera, alabastro, hierro- lejos de la fundición que quizá es menos personal. Y en la pared hay algunos cuadros que son retratos partir de cuadros de otros fundamentalmente a partir de Matisse.



P.- Después de tantos años exponiendo ¿cómo se enfrenta a las exposiciones, hay algo de ya sabido, de monotonía? ¿Cómo busca ese chispazo de novedad que hace falta?

R.- Cuando trabajo pienso poco en el destino de las obras, la exposición forma parte de esa parte más profesional. Yo lo único que quiero es estar en el estudio. Al principio, cuando exponía, me parecía que tenía que estar encima, muy pendiente, con el tiempo me ocupo más del trabajo y gente más neutral hace la selección y es mucho mejor así porque uno no lleva sus manías a la muestra.





Helechos II, 2013. Alabastro y acero



P.- Muestra cabezas con nuevos tocados, sombreros que siempre me han sorprendido: ¿trata de algún modo de protegerlas? ¿Cuál es el significado del tocado en su obra?

R.- Es una manera de dotar a la cabeza de contenido y también me permite mezclar los materiales. A partir de la exposición del Jardín Botánico de Nueva York donde estuve en contacto con plantas y naturaleza, he desarrollado un tipo de tocados más delicados, hechos de manera más próxima como esos pequeños helechos. Me ha gustado mucho usar estas plantas estas formas, una celosía, una transparencia. He usado dos materiales, hierro para los tocados y debajo alastro y madera. Deliberadamente he usado materiales y técnica más tradicionales.



P.- Vuelve de nuevo a las referencias a los grandes maestros.

R.- Hay muchas referencias no directas a otros artistas. Pedestales que hacen referencia a Giacometti, por ejemplo, porque hay una pequeña cabeza sobre un gran pedestal. Hay una deliberada reflexión sobre la pintura clásica.



P.- Vemos a Picasso, a Matisse, pero lo cierto es siempre destaca por encima del resto Velázquez y sus meninas, ¿qué significa el sevillano para usted?

R.- La pintura sale de la pintura y todos estamos ligados al pasado. En mi caso quizá resulta más evidente. La Historia del Arte se hace sobre esa base a la que luego cada uno añade lo que sabe.



P.- Hay referencias a los clásicos pero también al pop en los collages, en el trabajo en series… ¿Qué le atrae del pop?

R.- Tengo un pasado que está ahí y con mucho gusto. Muchas veces miro hacia atrás y cojo determinadas imágenes que he tratado y que quiero hacer de otro modo. Me gusta retomar piezas con la esperanza de hacerlas distintas y de que todo eso tenga coherencia y una lectura que no siempre sale y me doy cuenta de que no he podido con el reto.





Retrato de una dama, 2014. A la derecha, Perfil sobre fondo blanco, 2014



P.- ¿Cómo afronta un día de trabajo?

R.- Trabajo a fondo cada día, no es una obligación es una afición enorme. El trabajo de creación no se acaba nunca porque siempre te llevas a cuesta las ideas; es algo que está ahí. Yo voy al estudio todas las mañanas porque pienso que muchas de las cosas que me he planteado no son nada que si no las realizas. Todos los días pienso que voy a hacer mi mejor cuadro. Llego a las 9 de la mañana y trabajo hasta las 5 de la tarde si las cosas van mal y sigo hasta que estoy extenuado si van bien.



P.- Se fue a Nueva York hace más de veinte años, ¿qué le aporta la ciudad?

R.- Nueva York me ha aportado la información. Ahora todo ha cambiado, pero cuando yo vivía en Valencia recuerdo que estábamos siempre esperando para poder ver algo, recuerdo que asociaba la estación del norte con la cultura, allí no había nada... En Nueva York tengo que aprender a renunciar. Paso de tener que a estar esperando a que algo llegue a tener que renunciar porque no llego a todo... Nueva York tiende a la excelencia y eso es un reto. Todo el mundo viene con ilusión. No es que estén los mejores pero los que vienen y traen algo, vienen con lo mejor que tienen, en la opera, en la pintura, uno puede sentir cómo la ciudad tiene ese plus de excelencia. No podría vivir en otro lugar.



P.- Sus grandes obras exteriores nunca han tenido problema para conectar con el público: ¿cómo se enfrenta al arte urbano?

R.- Hay un poco de casualidad ya que unas obras funcionan mejor que otras. Parece que mis obras pueden agrandarse y funcionan. La calle es estimulante porque es muy agradecida. El público es muy distinto y es curioso ver cómo reacciona. La crítica que se genera ante ellas también es estimulante, hay un debate muy sincero.



P.- Si tuviera que elegir: ¿Escultura o pintura?

R.- No puedo elegir. A veces un cuadro me lleva a la escultura. Últimamente he hecho mucha escultura. Hay temporadas que te inclinas más por una actividad. Es muy mundano pero también depende de la suerte: si te sale bien algo sigues por ahí.



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