Javier Riera frente a una de sus obras en la galería Adora Calvo

El artista presenta sus últimas obras en una doble exposición en Salamanca, en la galería Adora Calvo y el DA2

La participación en el ciclo "Producciones" en el Museo Reina Sofía en 2008 marcó un antes y un después en la trayectoria de este pintor converso que es Javier Riera (Avilés, 1964). Se requería entonces una propuesta innovadora y él se sacó de la chistera estas proyecciones de formas geométricas sobre los árboles, las montañas, los ríos. Tiñó de extrañas luces el paisaje natural hasta convertirlo en otro, uno inventado, pintado. La investigación de luz, paisaje, fotografía y pintura le ha llevado hasta hoy. Los últimos ejemplos los muestra ahora en Salamanca, en una doble exposición que puede verse en la galería Adora Calvo ("con trabajos planteados expresamente para este espacio", nos cuenta) y en el DA2.



Pregunta.- ¿Qué nos encontramos en la galería Adora Calvo?

Respuesta.- Fotografías de mis intervenciones lumínicas de geometría sobre el paisaje, pero también otros elementos como cianotipias sobre papel o sobre pladur, impresiones sobre metacrilatos o proyecciones sobre la pared, como un ciervo de luz que camina cerca de una gran cianotipia.



P.- ¿Cómo se relaciona esta exposición con la que tiene en el DA2?

R.- En el DA2 hay una sala con la proyección de tres secuencias de imágenes y otra en la que las cianotipias han sido agrupadas en dos grandes libros en los que el espectador puede pasar las páginas. Ambas muestras tratan de integrar la experiencia física con la reflexión sobre el modo en que las imágenes se construyen en nuestra mente, permanecen en ella o se desprenden y desaparecen. La luz real como generadora de la imagen en la cianotipia y en la fotografía, y la luz imaginaria como luz interior de la mente, que necesita la palabra pero también sueña y piensa en imágenes como, al parecer, hacen los animales, que tienen presencia en las dos exposiciones.



P.- Su trabajo es algo así como pintar con luz el paisaje: ¿la luz llega dónde no lo hace la pintura?

R.- La pregunta es muy bonita, aunque creo que la pintura llega a los rincones más recónditos. Desde luego la luz es lo que genera y unifica todo lo que hay en esta exposición.



P.- ¿Por qué dejó atrás la pintura?

R.- Yo diría que mi proceso ha sido parecido al de los artistas del Land Art, que en su mayoría comenzaron siendo pintores, y llegado un momento dieron el paso al trabajo sobre el espacio físico del paisaje. El paso del lienzo a la intervención en el paisaje es totalmente natural en artistas como Robert Smithson, pero a la vez es un cambio de cualidad irreversible. El Land Art es arte conceptual como lo explicita su dependencia del registro fotográfico. Hay una renuncia al objeto cuya transcendencia no es solo comercial sino que se elimina a un intermediario que llamaría "emocionalmente interesado" entre la experiencia y el espectador, que sería en este caso el pintor. Creo que mi pintura se fue aproximando a un registro más parecido a la palabra, más intelectual e inmaterial.





Vista de la exposición en Adora Calvo



P.- ¿No se plantea volver al lienzo y al pincel? En este sentido: ¿fotografía o pintura?

R.- Esas grandes cianotipias sobre papel de grabado, son quizá mi vuelta al trabajo de estudio y a la producción "plástica". De nuevo es la luz la que genera las imágenes en ellas, en composiciones a partir de imágenes de animales, geometrías, paisajes... Es un tipo de elaboración cercana a la pictórica, hecha a partir del recuerdo, lo imaginario y la percepción de lo distinto vista desde la interioridad. Son más emocionales que las fotografías e intentan dar cuenta sobre todo del tipo de experiencia que tenemos con los animales en la naturaleza, que en mi opinión no queda reflejada de ningún modo por la "captura" de su imagen.



P.- Y en las proyecciones sobre el paisaje que luego fotografía, ¿no hay manipulación digital?

R.- Busco una experiencia que sólo puede tener lugar en el espacio y tiempo reales del paisaje, por eso trabajo directamente sobre la naturaleza. La geometría es para mí la llave que permite abrir la visibilidad a cualidades y dimensiones latentes en los espacios naturales, canalizar algo que está sucediendo aunque no es visible. Manipular una imagen es algo lejano a mis planteamientos, es otro tipo de proceso.



P.- Hay mucho de pintura pero también de escultura en estas formas proyectadas: ¿a qué y a quiénes se siente cercano?

R.- Me siento especialmente cercano a los artistas del Land Art, algunas de cuyas imágenes han sido muy importantes para mí a través de sus fotografías, obras como las de Walter de María que difícilmente pueden visitarse o incluso que han permanecido sumergidas durante veinte años, como la Spiral Yetti de Robert Smithson. El Land Art, con su dependencia de la fotografía, dio lugar sin proponérselo a lo que podríamos llamar un género fotográfico en el que situaría mis imágenes, que intentan ser el registro de una intervención y a la vez una fotografía con entidad propia.



P.- ¿Hacia dónde le lleva esta constante investigación en torno a la geometría y al paisaje?

R.- Diría que de ella se desprende una mejor comprensión de la relación íntima que se da entre lo físico y lo que no tiene ese tipo de consistencia. El salto de cualidad que hay entre el cuerpo, por ejemplo, y el pensamiento. Me interesa dotar de lenguaje a una parte de nuestra experiencia que pertenece al ámbito de lo inmaterial y que resulta ser de gran importancia.



P.- ¿Cómo elige el lugar de la intervención? ¿Tiene sentido para usted el intervenir en un lugar y no en otro?

R.- Hago una búsqueda previa de localizaciones en la que observo el aspecto visual de lugar pero sobretodo un elemento de fluidez, un tipo de interioridad del espacio que apenas se muestra a través de lo visual. Hay sitios con una energía magnífica que son inpracticables. Intento no forzar la relación con el sitio, que mi trabajo no sea jamás una imposición o una conquista, de modo que estoy permanentemente escuchando al espacio y a la vida que hay en él, observando el resultado de el diálogo que se establece con la geometría.



P.- Hablamos ya de la crisis hace un par de años, no ha mejorado mucho la situación: ¿Se ha complicado el mundo para el arte en los últimos tiempos?

R.- En lo que respecta al arte y la cultura ha sido la oportunidad para los políticos de quitarse de en medio lo que para ellos era un engorro desagradable, transmitiendo la falsa idea de que era un territorio más subvencionado que otros. Lo siguiente ahora es eliminar la cultura de la educación para seguir desmantelando las posibilidades de que las nuevas generaciones piensen por sí mismas.



P.- ¿Qué sentido tiene el arte para usted?

R.- Creo que el arte es ese modo de elaborar con lo que somos, un ejercicio casi orgánico entre el apego y el desapego, en el que lo de fuera y lo de dentro cambian de papel alternativamente, un juego de espejos en el que las imágenes de lo real y las que son reflejos de otras no se distinguen con claridad, pero que permite que la luz llegue a los lugares más recónditos. Ser artista es estar dispuesto a entregarse a ese ejercicio.



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