Found Dead, 2007- 2011. Fotos: Oliver Ottenschläger

Hasta el 30 de marzo la Secession de Viena acoge la exposición Finite Location de Ibon Aranberri, donde el artista vasco vuelve a reflexionar sobre la propia idea de exposición a partir de las complejas interconexiones entre la estética, la historia y la política.

Sin alzar mucho la voz, alternando periodos de intensa actividad en el estudio con otros de docencia en escuelas del extranjero, el guipuzcoano Ibon Aranberri (Deba, 1969), sigue sumando entradas a su ya dilatado currículum de exposiciones con esta individual en la Secession de Viena, uno de los lugares para el arte contemporáneo más emblemáticos de Europa. La discreción con la que desarrolla su trabajo tal vez obliguen a aportar dos o tres datos que nos ayudarán a situarlo. Estudió en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad del País Vasco y recogió algunos de los fundamentos esenciales de la tradición escultórica vasca pero, aunque no sea incorrecto, decir todavía hoy que es uno de sus referentes es reductivo y cansino. De hecho su lenguaje se ha amplificado y enriquecido tras soltar lastre y asomarse a tendencias conceptuales enraizadas más en la estética europea que en la herencia oteiziana, muchas veces inexplicablemente excluyente. Hoy su obra es abiertamente heterogénea, y lo es en parte por la destreza con la que ha conciliado lo personal y lo vernáculo con lo colectivo y lo universal. Pronto le sedujeron las complejas relaciones entre la naturaleza y la cultura, en cuyos intersticios se colaron las contingencias de la ideología; encontró en lo monumental el camino para estudiar las estructuras de poder y no tardó en comprobar la fijación de éstas con el territorio a través de la topografía, la viva expresión de cómo lo natural sucumbe a lo político. Ha inspeccionado con avidez las maniobras de proyección de imagen desarrolladas por el poder, un asunto cuyo mejor ejemplo es la pieza que abre esta exposición, Política Hidráulica, que a la luz de la obsesión de la política contemporánea por las estrategias de visibilización, cobra hoy nuevos sentidos.



Ésta que ahora le dedica la Secession de Viena no es la exposición más extensa del artista. Se compone de tres grandes instalaciones -Política Hidráulica (2004-2010), Found Dead (2007-2010) y Partial Use of Senses (2014)- en las que lo relevante no reside en lo novedoso. Lo hace en el modo en el que el artista logra producir planteamientos alternativos a lo ya conocido, en una exploración minuciosa e introspectiva sobre cómo pueden comportarse los diferentes trabajos bajo según qué luz.





Política Hidráulica, 2004-2010



Aranberri, para quien las políticas del display, esto es, de cómo presentar la obra, son parte fundamental de su quehacer, entiende el formato de exposición como un lugar para la reescritura. Si en la Fundación Tàpies concebía el espacio como una compleja maraña, casi como un abstracto borrón, en la Secession de Viena la escritura es del todo diáfana. Y si nos guiamos por la relación entre figura y fondo, un trasunto metafórico que el artista emplea con frecuencia, una y otro se revelan aquí con claridad y precisión.



Política Hidráulica es uno de los trabajos más importantes realizados en España en lo que va de siglo. Adquirido por el Museo Reina Sofía, no está de más subrayar ahora su valor. Nunca antes se había mostrado en toda su extensión, con casi un centenar de fotografías enmarcadas de pantanos o embalses, obras de infraestructura pública realizadas durante décadas en España y Portugal. Tomadas a vista de pájaro siguiendo una estética aséptica y funcionarial, se instalan amontonadas, negando la posibilidad de ser contempladas. Lejos de seducir, su montaje nos aleja de ellas. Lo avanzábamos un poco antes: en este proyecto se cifra el conflicto entre la naturaleza y el poder, en el que éste ignora los procesos lógicos de erosión del paisaje acelerándolos en aras de su narcisismo propagandístico.



Found Dead comparte matices con Política Hidráulica por su carácter elusivo y fragmentario. Aranberri recoge un boceto para un obelisco y, sin querer construirlo, dispersa de manera aleatoria cada una de sus piedras -que sí construye- por la sala. Lejos de llamar la atención sobre esta o aquella gesta, el obelisco que no pudo o no quiso ser se orienta ahora hacia el campo expandido, hacia una suerte de paisaje abstracto. A Aranberri, como a sus compañeros de generación en el contexto vasco, le es difícil desligar la abstracción de la ideología, pero me pregunto si en el marco de esta exposición no cabría interpretarse este árido campo de piedras como contrapunto de ese paisaje ideologizado que revelan los pantanos de Política Hidráulica, afirmándose aquí como el paisaje que el poder no quiso o no pudo colonizar.





Partial Use of Senses, 2014



Desde la abstracción, la negación y también desde la ausencia, la recientemente producida Partial Use of Senses se presenta por vez primera en Viena. Los condicionantes del espacio de la Secession la sitúan entre las otras dos obras antes citadas, y funciona bien, pues mitiga, al tomar seis de una y media docena de otra, la enorme tensión que en ellas habita. El patrimonio histórico que durante décadas ha patrocinado el poder vuelve a estar en el centro de las inquietudes del artista, que retoma la estatua de Miguel de Unamuno de Salamanca realizada en la primera mitad del siglo pasado, un ejemplo de escultura pública pacata y flagrantemente provinciana. Aranberri escanea la superficie de la escultura, su misma piel, y crea una matriz en fibra que se alza con la ayuda de estructuras de hierro que tienen también, por pura lógica, un perfil antropomorfo. La rotunda escultura original se convierte, en la versión de Aranberri, en un fantasma blanquecino e informe. Insistamos en la pertinencia de su situación en el espacio de la Secession y de su condición de bisagra: este Unamuno espectral bebe tanto de los pantanos patrocinados por la representación de las bondades del poder como de las fuentes de la escultura, de su tradición y funcionalidad.