Samuel Aranda: Spanish Crisis, 2011-2013
Todo el proyecto olímpico y postolímpico en Barcelona estuvo cargado de una idea que emanaba desde los mismos estamentos públicos: que ésta es una ciudad a la que le gusta pensarse y repensarse. Consecuencia de ello fueron las muchas iniciativas en formato libros, jornadas y exposiciones dedicadas a reflexionar sobre la ciudad y sus referentes, su urbanismo y arquitectura. Paralelos a este fenómeno han sido también los múltiples "libros blancos" sobre la ciudad, planteados como estados de la cuestión sobre el arte y la cultura, que después de tanto mirar hacia atrás no había manera de que mirasen hacia adelante. El efecto ha sido de un paulatino cansancio: está bien el autoanálisis, pero puede caer en la tendencia a mirarse el ombligo y tener miedo a avanzar.El inicio de la visita a esta exposición puede llevar a pensar que se trata de un episodio más de la ciudad mirándose a sí misma. Ahí están desde las sabidas fotografías de Català-Roca o de Xavier Miserachs a las de Colita fotografiando a miembros de la mitificada Gauche Divine en contraste con la vida de las prostitutas en el antiguo barrio chino o las Ramblas. Quizás el peso de esas Ramblas, a las que el mismo centro hace un par de años dedicó una exposición, lleva a pensar que se trata de una exposición más de Barcelona. Pero no es así. Sólo es el capítulo cero titulado "Memoria y consciencia", propuesto por David Balsells. Enseguida la muestra provoca un giro narrativo. Así, los comisarios Alex Brahim y Manuel Segade se concentran en extraer una mirada que ya no es complaciente ni nostálgica sobre la ciudad, sino que se fija en sus grietas y contrastes.
Ros Ribas: Fotos de d´escena
Esa es una de las estrategias narrativas de la exposición, el contraste: entre crisis y celebración o entre modernidad y desapego social. O todo sumado en la serie de Paco Elvira en el que las mismas personas aparecen fotografiadas 30 años después: por un lado dos hermanas arrastrando dos burros en 1978 y, por el otro, las mismas hermanas sonrientes posando frente a un coche plateado como imagen del éxito; pero también unas costureras en un taller casero para las que la diferencia de 30 años sólo está en la maquinaria. Poco a poco, la mirada sobre la ciudad se va haciendo compleja y van añadiendo capas (el Sónar y sus efectos, el Barça omnipresente, la sociedad civil y política sumada a los representantes de las artes, los repudiados, los presos, la enfermedad y la muerte como negocio desde la morgue hasta el cementerio). Lo que hasta aquí quieren mostrar los comisarios de A cop d'ull es que esa imagen no es plana ni simple, sino múltiple, variada, compleja y contrastada. He dicho que hasta aquí, porque cuando pensabas que era una exposición que ha superado algunos lastres a la hora de pensar la ciudad, da un nuevo giro y deja de ser una exposición sobre la imagen de Barcelona para ser una muestra sobre la imagen en Barcelona, es decir, quiénes y cómo trabajan sobre la imagen en esta ciudad.
