Santa Margarita de Antioquía , 1631-40

Patrocinada por el BBVA, hoy se inaugura en el Espacio Santa Clara de Sevilla la exposición 'Santas de Zurbarán. Devoción y persuasión', cuyos trajes han versionado algunos de los diseñadores españoles más prestigiosos. Una nueva mirada al pintor barroco, inédita y novedosa, que puede visitarse hasta el 20 de julio.

La revisión de una figura fundamental del barroco español como Francisco de Zurbarán (1598-1664) desde un planteamiento contemporáneo que recurre a la moda y el baile flamenco es un acontecimiento que debemos celebrar. En primer lugar porque la mirada a su obra se hace desde una posición inédita y plagada de aciertos, que aun arrancando de un punto tan consabido como sus ropajes, logra reunir en torno a este argumento elemental un proyecto global verdaderamente innovador que abarca pintura, música, escenografía y danza. La tesis principal que sostiene esta exposición se sustenta en una exhaustiva investigación que no sólo vincula de manera directa la alta costura de hoy con algunos vestidos de las protagonistas de sus lienzos, sino que plantea un paralelismo entre los modos en los que se concebían las celebraciones religiosas en el siglo XVII y la manera en la que se puede amplificar y expandir una exposición actual, asumiendo en ambos casos que, por encima de cualquier expresión artística particular, el resultado debe valorarse en conjunto y atendiendo a todas las partes.



Para el comisario, Benito Navarrete, el asunto clave para entender las Santas de Zurbarán -y en general toda su producción seriada- es su vinculación directa con representaciones populares como los autos sacramentales o el Corpus Christi, una tradición muy común en la Sevilla de la época que influyó de manera determinante en su trabajo. Sin duda estas funciones le aportaban elementos de indumentaria, personajes y atrezzo que ayudaban a comprender el hecho piadoso desde una óptica teatralizada que servía para que los cuadros se exhibieran además de en los templos en la calle, complemento necesario de estos espectáculos efímeros que aunaban lo sagrado con lo festivo. A partir de aquí, las imágenes de las vírgenes y mártires engalanadas con sus más ricos atuendos, casi todas en actitud de paso como si estuviesen desfilando y detenidas mirando al espectador mientras portan sus atributos, se convertían en elegantes damas que sublimaban lo humano e inducían a la devoción desde un supuesto idealizado, retrato ejemplarizante que, en vez de mostrar aflicción o sufrimiento, lograba persuadir al público por su cercanía, sofisticación y misterioso atractivo. En una interpretación estricta de los preceptos contrarreformistas, Zurbarán ocultaba el cuerpo y negaba cualquier percepción doliente o voluptuosa de la carne. Daba prevalencia a los damascos, brocados o tafetanes de seda con el propósito de suscitar primero admiración y posteriormente fervor, una estrategia de divulgación que confundía intencionadamente el mundo real con el celestial.



La propuesta museográfica se divide en dos partes correlativas y en diálogo que ocupan de manera distinta las salas del antiguo convento de Santa Clara. La planta baja, diseñada a modo de atrio de una iglesia con una pasarela central que permite contemplar los cuadros a una cierta altura, muestra nueve santas de Zurbarán y otras ocho más de su obrador que pertenecen al museo de Bellas Artes de la ciudad. De entre ellas, destacan el porte firme y distinguido de Santa Isabel de Portugal, la delicadeza de Santa Margarita de Antioquía (no dejen de admirar el atavío pastoril y especialmente la finura de las alforjas) o la dulzura de Santa Casilda. Es esencial detenerse en los detalles y disfrutar de los volúmenes, colores, texturas y pormenores de las diferentes telas, así como los rostros de cada una. Un magnífico vestido de noche de Cristóbal Balenciaga cierra este espacio y sirve de puente para introducirnos en la estancia superior, donde los modistos españoles presentan los trajes que han realizado para la ocasión inspirados en cada uno de los cuadros que aparecen abajo.



Participan Elio Berhanyer, Devota & Lomba, Juan Duyos, Ana Locking, Francis Montesinos, Agatha Ruiz de la Prada, Hannibal Laguna, Ángel Schlesser, Roberto Torreta, Victorio & Lucchino y Pedro Moreno. Es pertinente observar que estas vestimentas están usadas. Fueron portadas por las bailaoras de la compañía de Eva Yerbabuena en un espectáculo de danza contemporánea que fusionaba flamenco y música barroca, una coreografía que se celebró días antes de la inauguración.



Como bien refiere Javier González de Durana, no debemos olvidar que la pintura es para ver y la indumentaria para vestir, "de modo que lo que es posible pintar como vestido no es necesariamente trasladable a la realidad como prenda funcional. Mientras que lo útil y significativo como vestido puede carecer de todo sentido iconológico en pintura". A pesar del acercamiento, estamos tratando dos territorios muy distantes, que aun así, se conectan. No sería razonable buscar entre ambos concomitancias literales ni ceñirnos a simples aspectos pragmáticos, la correspondencia funciona especialmente a nivel simbólico. Y en ese sentido, el proyecto destapa nuevas e interesantes lecturas.