Miki Leal: Tutti Plan Air, 2013

Galería Fúcares. Dr. Fourquet, 28. Madrid. Hasta el 18 de abril. De 1.600 a 13.000 euros.



Es una exposición que se retroalimenta, como cualquiera de esas relaciones forzosas que existen de por sí: el fuego con el aire, el hambre con las ganas de comer, mirar y ser mirado... Relaciones escópicas dice el comisario, Juan Francisco Rueda. O lo que es lo mismo: pulsiones afines y compatibles. Casi inevitables. Así de compacta es esta muestra pensada para Jugada a 3 bandas, que reúne el trabajo de cuatro artistas: dos clásicos de la galería Fúcares, Andrei Roiter y Miki Leal, un nuevo fichaje, Pere Llobera, y un artista externo a este espacio, José Medina Galeote. Todos son cazadores de instantes. De un modo u otro, reflexionan sobre nuestro modo de ver, estableciendo una estrategia para dirigir la mirada del espectador, para que analicemos hasta qué punto vemos lo que creemos ver, cómo escondemos lo que no queremos que otros vean de nosotros y si podemos huir, o no, de lo que nos es ajeno. Una exposición que habla de afectos y distancias cortas. De lo que habita en lo que vemos y de lo que no ve nadie pero siempre está ahí. De esa extraña intensidad intrínseca de la vida.



Un ojo envuelto en una bolsa de Eroski nos interpela nada más entrar a la galería. Es una de las obras de Pere Llobera, uno de los pintores más interesantes actualmente. Retengan este nombre. Los suyos son relatos amables y amargos, que apelan a la vergonzosa incomodidad de ciertos paisajes comunes. Una mirada antiheroica y paródica que traslada, también aquí, a la imagen de una caverna y de un fuego negro de cartón. Alegorías de mundos sensibles y catársicos.



El diálogo es directo con Miki Leal, quien también traslada irónicamente en sus pinturas fragmentos de recuerdos de alguien que incitan a agudizar la mirada y leer entre líneas. Metapintura es también la de Medina Galeote, que presenta trabajos de la serie Gabinete de guerra, relacionado con el Guernica de Picasso, junto a Landscape and Still life, otro paisaje ignoto a través de una mirilla. Quien decide observar lo que hay al otro lado desconoce que está siendo observado. Muy cerca están las cámaras por las que invita a mirar Andrei Roiter. Unos artefactos híbridos que invitan, una vez más, a intuiciones líricas.