S/T, 2013

Galería Max Estrella. Santo Tomé, 6. Madrid. Hasta el 23 de marzo. De 1.800 a 7.000 euros.



El centro de la obra de Jorge Perianes (Orense, 1974) podría ser la casa. Sus tabiques, cimientos, techos, suelos... Se ve en esas escaleras de mano para ir a ningún lugar que tantas veces instala. También, como deja claro esta nueva individual en Max Estrella, en enseres domésticos tales como copas, espejos o cuadros decorativos. Luego está la recurrencia a la caseta artificial o la jaula de pájaros y el mismo pájaro carpintero taladrando el árbol. Las cosas a menudo se llenan de agujeros irregulares, con aspecto de ser producto de una molesta naturaleza, como aquí, en esos cuadros que han sido carcomidos, picoteados. Pájaros, insectos, plagas que han devorado frutas o maderas. Mientas, algún muro de la propia galería ha sido asimismo seccionado en cierto nivel y se ve inestable. Es como si las cosas corrientes se suspendieran en la gravedad de otro universo donde nuestras supuestas racionalidades no hubieran alcanzado el predominio, donde otro Dios hubiera dictado otro Génesis: "Y vuestra razón no triunfará y seréis dominados por rocas y animales, por las plantas de la tierra y la nubes del cielo, por los insectos de los caminos y otras fuerzas...", algo así. Como aquí, donde considerables rocas de granito aparecen suspendidas en el aire apenas sustentadas por un puntal o encajadas entre un par de pilares de la galería.



S/T, 2013

Obviamente todo es de mentirijilla. Perianes es autor de greguerías contemporáneas, carverianas, bolañescas, sin solución, sin principio ni conclusión: manzana mordisqueada y estructura de madera termiteada ¿va sobre Newton y la razón, el pecado original? El trampantojo es subrayado y el teatro de sueños magrittiano amplificado para que no quepa duda de que lo son. La escultura se presenta en verdad como negación del objeto. Esto es una copa con vino o licor pero no es una copa o esto es un espejo pero no es un espejo sino la escultura de un espejo. La casa, representada en la galería, es el espacio que se habita, lo que nos permite vivir separados de la naturaleza, aquello que frena el ímpetu invasor, colonizador, asimilador de las fuerzas universales. Lo que nos permite olvidar un poco nuestra procedencia esencial y su frescor salvaje con hedor a proceso a vida y muerte.