Chema Peralta. Naturalezas
Utopía Parkway. Reina, 11. Madrid. Hasta el 4 de noviembre. De 1.600 a 7.300 euros.
Origami y naturaleza muerta, 2012
Siempre se nos ha dicho que la naturaleza de las cosas se compone de átomos y vacío, que los átomos son diminutos y efímeros, aunque llenos de posibilidades, y que por el vacío, inmenso, circulan multitud de combinaciones atómicas generando energía, movimiento, conexiones. En ellas, sabemos que los sentidos tienen dependencias, que tenemos miedos inherentes y que existen otros mundos paralelos igual de relativos e incompresibles que éste. Que hay fuerzas cósmicas, cuál avión de papel, sin control remoto.
A pesar de ese vértigo, los que habitan en las nuevas Naturalezas de Chema Peralta (Madrid, 1965) no muestran rastro alguno de dificultad de descenso ni miedo al vacío, algo consustancial a la ambición de crear un territorio propio. El de Peralta, honesto y seguro, que ahora vemos en la séptima individual en Utopía Parkway, sigue manteniendo las mismas coordenadas de siempre:
complejidad en la composición, contraste cromático, factura impecable y silencio elocuente. Paisajes que parecen sonreír y naturalezas sólo en apariencia muertas, creciendo en un
slow motion casi poético.
Luis Úrculo. Ensayo sobre la ruina
Galería Eva Ruiz. Doctor Fourquet, 3. Madrid. Hasta el 14 de noviembre. De 480 a 3.000 euros.
Ensayo sobre la ruina, 2012
Algo de desaceleración de lo cotidiano, de cámara lenta, aunque aquí parodiada, casi ridícula, tiene también el trabajo de Luis Úrculo (Madrid, 1978).
Este arquitecto de formación presenta su trabajo en la galería Eva Ruiz bajo una reivindicación de lo casual, lo accidental, lo complejo. Dice que le interesa el error, lo inestable, la celebración del fracaso como hecho estético y queda claro en el título:
Ensayo sobre la ruina. Precarias esculturas contienen la poética de lo que está por desaparecer y una videoinstalación muestra elementos de desecho que viven por segundos para derrumbarse al cabo de nada. Los dibujos y paneles parecen decirnos que la reconstrucción tras la ruina es posible, que lo positivo también es algo inherente a la citada naturaleza de las cosas. Que todo es maleable, hasta el desastre.
José Dávila. El juego de lo posible
Travesía Cuatro. San Mateo, 16. Madrid. Hasta el 8 de noviembre. De 9.500 a 21.000 euros.
Posibilidades finitas I, 2012
Otro sistema de objetos y "cosas" unidas en su contradicción natural lo encontramos en Travesía Cuatro, en la tercera individual del mexicano José Dávila (Guadalajara, 1974). También él es arquitecto de formación y alude al urbanismo, y desde una óptica similar:
El juego de lo posible, titula la muestra. Lo adopta del libro homónimo del biólogo francés François Jacob, donde desarrolla teorías de la evolución y el azar alertando del peligro de inmovilidad del pensamiento, de la búsqueda de absolutos. Lo imprevisible, solía decir Jacob, está en la misma naturaleza de las cosas. Las siete nuevas esculturas de José Dávila nos invitan a recorrer las contradicciones que generan las posibilidades infinitas, como las que disfrutan los átomos. Se oyen en la exposición ecos de Le Corbusier, Gordon Matta-Clark, Malevich u Oiticica.
Dávila combina la luz con materiales de construcción como ladrillos, madera y acero, creando un contraste entre un elemento tosco, denso e imperfecto, con otro limpio, uniforme y ligero. El diálogo no puede ser más utópico y real. Contradictoriamente vital.