Perú. Machu Picchu, 2008

Souvenir. Martin Parr, fotografía y coleccionismo. CCCB. Montalegre, 5. Barcelona. Hasta el 21 de octubre.

Comisariada por Juan Pablo Wert, esta exposición explora las relaciones entre la fotografía y el coleccionismo en el marco de la experiencia turística, desde un perspectiva sociológica. Martin Parr adquiere un nuevo rol: el fotógrafo como coleccionista de imágenes.

Un exposición debería responder con solvencia al menos a dos preguntas: ¿qué quiero explicar? y ¿qué hago aquí? La exposición del CCCB Martin Parr: fotografía y coleccionismo habla del turismo. De esa turistización del planeta fruto de la cual se han homogenizado los menús y los visitantes van uniformados iguales en todas las ciudades y las parajes van posando delante de iconos como las pirámides o el Partenon sin que importe mucho si se trata de una cosa o la otra. Las series de fotografías de Martin Parr reflejan a esos visitantes unificadas temáticamente. Algunas son especialmente destacadas, como las que repiten el formato del fotógrafo fotografiado o los grupos posando delante de la postal deseada. Igualmente, ha agrupado una destacable colección de postales, de nuevo agrupadas temáticamente. Algunas son curiosas como las que muestran chimeneas de fábricas en distintas ciudades o, más aún, cielos estrellados en otras tantas.



Martin Parr se ha fijado en el efecto de turistización del mundo y las imágenes idénticas que éste genera. Sólo lo muestra, como un efecto de nuestro tiempo. El problema es que aún resuena en la memoria una apuesta mucho más crítica sobre los efectos del turismo (especialmente en Barcelona) en una exposición comisariada por Jorge Luís Marzo en la Fundació Antoni Tàpies en 2004: Tour-ismes. Así, frente a ella, sin reflexión más profunda o matices críticos, más bien parece que la exposición del CCCB muestre una fascinación por el fenómeno. Sobre todo porque, y he aquí la confusión, no sólo habla del turismo, también del souvenir y el coleccionismo de bibelots.



Martin Parr: fotografía y coleccionismo también muestra la colección de objetos del coleccionista malagueño Juanjo Fuentes. Además de los objetos en vitrinas y de fotografías de ellos realizadas por Parr, en la exposición se han reproducido varias estancias del coleccionista partidas por la mitad, literalmente, para que el visitante pueda recorrer las habitaciones repletas de objetos. Ahí, además de perderse el hilo de la exposición -¿de qué nos habla, del turismo o de la actualidad de lo kitsch tan marcada por la popularidad de Alaska y Mario que, por cierto, se sentirían bien cómodos en este contexto?-, es donde parece subrayar, más que una actitud crítica o una revisión de la idea del turismo o lo kitsch, una fascinación, porque la instalación que reproduce las estancias de Juanjo Fuentes adquiere un protagonismo inusitado.



Y así, sin haber respondido con coherencia a la primera pregunta es donde aparece la segunda: ¿qué hace esta exposición en el CCCB? De entrada estar sola. Será efecto de la crisis o del cambio de orientación en el centro, pero se ha perdido la pulsión habitual que caracterizaba al CCCB. Una pulsión, obviamente llena de errores y aciertos, pero que aseguraba una cierta profundidad en los temas a tratar, una crítica ponderada a los modelos de ciudad o el turismo (que han sido temas de la institución). Así que, más allá de la soledad y el carácter anecdótico de la exposición, se echa de menos, por ejemplo, una revisión más ajustada del significado de lo kitsch hoy, metamorfoseado en souvenir, fruto del efecto globalizador del turismo. Muchos recordamos que lo kitsch ya formaba parte de los programas de estética universitarios en los ochenta.