Hänsel & Gretel, 2009
Hänsel y Gretel de los hermanos Grimm inspira a los contemporáneos. Por ejemplo, recientemente su vigencia dio lugar a una colaboración entre la Metropolitan Opera House de Nueva York y la revista The New Yorker en la que propusieron a diversos artistas y colaboradores de la misma la recreación de su imaginario. El cuento de hadas, posiblemente reciclado del folclore medieval alemán por los Grimm, como otros de su clase mantiene su poder de fascinación universal hasta verlo aumentado en nuestra época.El choque de la infancia ingenua y perdida con el mundo cruel, mezquino, violento y perverso de los adultos y, en general, con el misterio del mundo (encarnado en el bosque), son temas de esa narración que aprovecha a la perfección una sorprendente Alejandra Roux (1964). Si bien la casa (aquí, las de la bruja y el leñador) sigue siendo un tema de interés, parecen lejanas aquellas viviendas hopperianas de su anterior individual. La bonaerense, aprovecha sus apabullantes conocimientos de la técnica y una hipersensible capacidad de síntesis icónica para dar lugar a un conjunto de pequeñas pinturas deliciosas y de apariencia naif que acaban revelándose como dulces envenenados. Menos cercanas a la ilustración que a algo entre el primitivismo románico (están pintadas con la antigua técnica del temple al huevo), el surrealismo magrittiano, el Pop y la psicodelia, logran que la realidad psicológica proyectada por la fantasía del espectador genere dobleces en la capacidad descriptiva y en todo su sistema semántico.
