Arranca una nueva edición de Art Basel, la cuadragésimo tercera, una feria cuya piel es dura como el granito y por donde no asoman lamentos de ningún palo. La llantina por la situación económica no resulta nada interesante, y no produce la menor pena para el rodillo implacable de la feria de arte más importante del mundo. Art Basel es el paraíso de los grandes coleccionistas, los que son capaces de invertir verdaderas fortunas en obras de arte. Se dice por aquí que este año el objetivo de muchos son las obras históricas, escasas y muy demandadas, por encima de los jóvenes valores, aunque a la larga las ventas corren en todas direcciones.



Las obras que están teniendo lugar en Messeplatz y que están transformando radicalmente el cityscape de este barrio de la ciudad suiza de Basilea han menguado los metros cuadrados del pabellón anexo a la feria principal, donde habitualmente puede verse Art Unlimited y Art Statements. Son las dos secciones con las que iniciamos este año nuestro recorrido, antes de abordar los dos pisos de stands del pabellón principal, y que esperemos pueda servir de guía para los visitantes del fin de semana.







El nuevo aspecto de Messeplatz, donde tiene lugar la feria



Art Statements no ha deparado grandes sorpresas aunque han gustado mucho algunos proyectos como el nuevo trabajo audiovisual del artista francés Aurélien Froment en la galería Motive de Amsterdam, una revisión de la historia de la silla que, bajo el título 9 Intervals, se enmarca en una reflexión sobre los modelos de producción a lo largo de la historia. Es una doble proyección de factura impecable. El trabajo de la argentina afincada en Londres Amalia Pica, en Diana Stigter, también de Amsterdam, propone una lograda referencia a la comunicación, o más bien a su propio fracaso, por medio de una instalación de corte objetual. El clásico sistema de comunicación basado en la unión de dos latas a través de cuerdas ofrece un mayor atractivo visual que una respuesta funcional. En la galería Tanya Leighton, que lleva ya unos años rindiendo a un altísimo nivel ya sea en Statements o en Art Premiere (el año pasado trajo una estupenda selección de trabajos de John Smith), puede verse el trabajo de Oliver Laric, un artista que propone una instalación compleja en la que desarrolla su habitual interés por los conceptos de valor y de autenticidad al hilo del diálogo entre imágenes afines que proceden de fuentes diferentes.



Laric, Pica y Froment son artistas ya consolidados en el concierto europeo. Quien todavía no es del todo conocido en el continente es el iraní Rokni Hareizadeh, autor de unos interesantes collages en la galería Van den Eyde de Dubai, ciudad en la que vive el artista tras ser censurado, junto a su hermano Ramin en su Irán natal. Y lo fue por su lenguaje subversivo ante la eterna presión que sufre quien no se pliega a los dictados del poder en un país en el que la libertad de expresión continúa siendo una quimera.



En Art Unlimited las cosas siguen como siempre. Instalaciones demoledoras de inmensos formatos, piezas históricas deslumbrantes, precios que se intuyen prohibitivos... La escala es colosal pero el interés no siempre es proporcional, pues son trabajos dirigidos, en su mayor parte, a las grandes colecciones públicas que cuenten con suficiente presupuesto y capacidad para adaptarlos a sus espacios. ¿A quién le cabe ese Franz West de tan obsceno tamaño? Nos quedamos con trabajos más discretos, como la sensacional película en 35 mm de Runa Islam, una reflexión sobre el tiempo y la fotografía que parte de una imagen de contenido político. La pieza se encuentra en el arranque del recorrido y genera buen ánimo, pero éste se va diluyendo entre ambiciosas y costosas producciones, como la de Damián Ortega, una de sus clásicas deconstrucciones, esta vez la de un interior doméstico (¿recuerdan el antiguo Volkswagen que seccionó en aquella Bienal de Venecia?). Caminamos por el lado derecho hasta el final del espacio y damos con la pieza de David Claerbout, un artista belga que rara vez falla. Se nos invita a ser pacientes y a acostumbrarnos a las condiciones lumínicas de la sala antes de discernir una oscura y levísima imagen de un director de orquesta. La propia orquesta a la que guía ha desaparecido de la imagen y solo nos queda la audiencia a su derecha, haciendo que el espectador de esta fotografía entre a formar parte de la performance frente a un público expectante. Es un trabajo, como muchos suyos, realmente sugerente.







Franz West en Art Unlimited



No dejen de detenerse ante el trabajo del japonés Shimabuku, que ha sido coproducido, entre otras, por la galería Nogueras Blanchard de Barcelona. Se trata del encuentro marino entre un pez y una patata antes de convertirse en fish & chips, la conocida comida rápida inglesa. Tiene algo de surrealista la cadencia de imágenes que conforma este vídeo, y mucha poesía. No falta espacio para los grandes clásicos, con trabajos imponentes: ahí están los Robert Morris (extraordinario), Robert Irwin, Pier Paolo Calzolari, un estupendo Anthony McCall, Bruce Nauman, Chris Burden... Pero también hay lugar para trabajos que hacen de Art Unlimited un espacio algo absurdo y fuera de contexto. ¿Cuánto siguen interesando las macro piezas de producción imposible y ante las que uno no puede sino pensar en su posible precio más que en sus improbables cualidades estéticas? Ahí está un Franz West descomunal (¿cómo lo habrán traído?) y un absolutamente innecesario Richard Jackson. O un Douglas Gordon a todas luces prescindible.



Ya en la "feria grande", como se le llama habitualmente a lo que sería nuestro "programa general" en ARCO, la variedad es infinita. Es difícil hacer un recorrido en tan solo unos párrafos pues la calidad es altísima. Tal vez potenciada por la crisis económica, la pintura es protagonista. El piso superior ofrece la posibilidad de enfrentarse al trabajo de un grandísimo número de pintores. Algunos de los que más están llamando la atención es Rudolf Stingel en Paula Cooper, con obra (imponente) también en Art Unlimited, o Matthias Weischer, con cuadros estupendos en Eigen + Art, donde también podrán ver piezas de un clásico como Neo Rausch.



El mejor stand de la feria es, en mi opinión, el de la galería belga Jan Mot, algo que no resulta ninguna sorpresa. Limpio y muy cuidado, muestra trabajos históricos de David Lamelas, Marcel Broodthaers e Ian Wilson que enfrenta a otros, de estética similar, de artistas más jóvenes como Mario García Torres y Tris Vonna-Mitchell. No es fácil encontrar "momentos" de diálogo intenso entre diferentes artistas en una feria de arte, pues aquí se va a lo que se va, pero una de esas relaciones especiales se teje en la galería Miguel Abreu de Nueva York, donde la pintura de R.H. Quaytman, de quien ya hablamos el pasado año con motivo de su estupenda exposición en la Kunsthalle de Basilea, se enfrenta a las obras de Liz Deschenes. Es extraordinario.



En todas las ediciones hay artistas que se imponen sobre los demás con obra en muchas galerías. Este año, Matt Mullican y Ceal Floyer reinciden en varios espacios con obras importantes. Especialmente llamativo es el políptico de obras de diferente época que de Mullican muestra Klosterfelde, su galería de Berlín. De Ceal Floyer hay buenos trabajos en Lisson. El español Juan Uslé tiene también una presencia importante, con obra de Thomas Schultte, la barcelonesa Joan Prats y Frith Street, Londres (donde también puede verse una pieza muy bonita de Tacita Dean, una de las triunfadoras de Documenta).



De España, con una de sus más escasas participaciones por la ausencia de Soledad Lorenzo y Elba Benítez, destaca el stand de Helga de Alvear, dedicado exclusivamente al italiano Ettore Spalletti. Es un stand arriesgado pero da gusto estar en él. Eso sí, los precios son altos. Pueden comprarse individualmente, pero si quieren la instalación completa vayan preparando medio millón de euros.







Ettore Spalletti en Helga de Alvear



Así pues, nada parece cambiar en Art Basel, donde la máquina de mover dinero funciona como un reloj. Pero sí comienzan a instalarse fuertes expectativas ante la inminente apertura de una sucursal de la feria, la tercera tras Basilea y Miami, en Honk Kong, donde la primera edición se celebrará entre los días 23 y 26 de mayo del año próximo. A ver cómo se lo toman los responsables de Frieze New York, cuya segunda edición tiene lugar en la ciudad estadunidense tan sólo diez días antes...