Image: Paredes Pedrosa

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Arquitectura

Paredes Pedrosa

“El arquitecto debe ser una persona implicada. Esto es una labor social”

3 abril, 2008 02:00

Foto: Sergio Enríquez

El Teatro Olimpia, el Auditorio Nacional o el Palau de la Música de Valencia llevan la firma de este estudio madrileño: Paredes Pedrosa arquitectos. Hoy la pareja habla con El Cultural de sus últimos proyectos, de la ciudad, de sus trabajos cercanos y vividos. Además de arte, la arquitectura tiene para ellos "una carga importante de trabajo, evolución y perfeccionamiento".

El estudio Paredes Pedrosa arquitectos se funda en 1990 tras el fallecimiento del arquitecto José María García de Paredes, del que Ignacio García Pedrosa y ángela García de Paredes, hija de José María, fueron sus mejores colaboradores en la construcción de los primeros auditorios en España. Música y arquitectura fueron sus referencias indisolubles en la primera etapa, por evidentes razones familiares y profesionales, y finalizaron el trabajo que inició José María García de Paredes para continuar con un nuevo proyecto que cristaliza en uno de los más sólidos estudios de arquitectura españoles. Comparten espacio profesional con su vivienda, ya que ángela e Ignacio son socios en todos los aspectos de la vida, y el más antiguo personaje del estudio es un perro bóxer que campa libremente entre la casa y el estudio. En el estudio hay maquetas hechas a mano por José María García de Paredes, y libros firmados por Sert, dedicados con afecto a ángela e Ignacio. No trabajan con un planteamiento preconcebido que se resuelve y construye rápidamente simultaneándolo con otros proyectos. Dedican mucho tiempo y atención a sus obras, proyectos que se deshacen y se replantean continuamente. No son arquitectos que tengan gran cantidad de obra construida. El suyo es un estudio joven pero con mucha historia.

-¿Qué herencia familiar y profesional reciben antes de fundar Paredes Pedrosa arquitectos?
-Trabajamos con García de Paredes durante muchos años y de ahí nos viene la herencia. Nos correspondió acabar su trabajo entendiéndolo en los términos de lo que él hubiese concebido; ese fue nuestro arranque. Eso supuso alejarnos al principio de aquello que podían hacer nuestros compañeros de generación. Nosotros no participábamos en ningún concurso, dedicábamos nuestro esfuerzo al estudio García de Paredes. Sus proyectos incluyeron algunos de los más grandes auditorios, el Auditorio Manuel de Falla, el Auditorio Nacional, el Palau de la Música de Valencia… A partir de ese momento nosotros continuamos y replanteamos nuestro trabajo.

No es sólo cuestión de música
-Estuve en la inauguración del auditorio de Murcia, y recuerdo que Sergiu Celibidache, que dirigió allí uno de sus últimos conciertos, alabó su acústica.
-Durante el ensayo general previo a la inauguración del auditorio interpretó a Mozart y a Tchaikovski pero no dio su aprobación a la acústica de la sala hasta después del concierto de apertura. Fue un gran respaldo para el Auditorio de Música de Murcia que él lo avalase con su aprobación.

»La sonoridad y acústica en todos los auditorios es impecable, desde el de Cuenca hasta el de Murcia, porque son secciones y secciones dibujadas millones de veces. A ello se le suma esa sensibilidad artesanal con que fueron construidos. Gio Ponti decía, que la arquitectura religiosa no es solamente cuestión de arquitectura religiosa, sino también de religión. En los auditorios no se trata tan sólo de música, es una cuestión musical también. Al igual que en las bibliotecas tienes que ponerte en la piel de ese lector que está sentado en una mesa, concentrado leyendo y estudiando un día entero en un recinto rodeado de libros, dedicado solamente a la lectura.

-El estudio Paredes Pedrosa se ha caracterizado también por haber construido importantes equipamientos musicales. ¿Ahora, en qué trabajan?
-Nuestra producción quizá pueda dividirse en un antes y un después. El "antes" comprendería el Teatro Olimpia, el Museo de Almería y el Palau de Peñíscola. El "después" englobaría las tres bibliotecas que tenemos entre manos en estos momentos. Son tres bibliotecas muy diferentes entre sí, aunque de tamaño similar, que oscila entre los siete mil y seis mil metros cuadrados. Las tres son bibliotecas públicas: una es de la Comunidad de Madrid, la biblioteca de Arturo Soria de Ciudad Lineal, otra es la biblioteca pública de Córdoba. La tercera es la más singular, se sitúa en la almendra histórica de Ceuta que se levanta sobre un yacimiento hispanomusulmán del siglo XIV. Nosotros que pensábamos que lo que sabíamos hacer era auditorios, ¡y ahora desarrollamos tres bibliotecas a la vez!

-¿Tienen las tres bibliotecas algo en común? ¿Cómo abordáis un mismo tema en entornos diferentes?
-A pesar de que el tamaño y programa sean prácticamente idénticos las hemos planteado de manera claramente distinta. Las condiciones del solar y el lugar repercuten sin duda en el concepto del proyecto. La biblioteca de Córdoba está en medio de un parque en el centro de Córdoba, el parque de los Patos, construir allí es el sueño de cualquier arquitecto. La biblioteca de Ceuta se desarrolla en un entorno urbano, que crece en altura encima de un yacimiento; y en Madrid se inserta en un terreno con alrededores arbolados, donde el edificio se acopla a la situación.

-¿Cómo es la biblioteca de hoy, ya inmersos en la era de los contenidos audiovisuales?
-Debe abordarse la incorporación de las nuevas tecnologías y el uso de los espacios públicos como algo fundamental. Una de las constantes, que no acaba de asimilarse, es que la gente joven la utiliza como lugar de acogida, como meeting point, como espacio público. Parece que las instituciones deben cobijar esa necesidad, de cara a exámenes o grandes convocatorias. El número de libros, de volúmenes, se ha reducido puesto que prima la consulta por internet. Los fondos históricos de investigación sí son una constante invariable, los investigadores requieren contacto directo con los ejemplares, como se demuestra en el caso de Córdoba. Evoluciona también el horario que tiende a extenderse a horarios nocturnos. Son edificios muy permeables donde cualquiera entra, por ejemplo, a la zona de hemeroteca y forma parte de ella. Es una experiencia directa que hemos tenido aquí con los Bibliometros.

-Y, ¿por qué los arquitectos más reconocidos sólo hacen edificios para la cultura?
-¿Y una comisaría? ¿Viviendas protegidas? ¿Una bodega? Nosotros trabajamos en todo aquello que se nos encarga, pero es una puntualización importante. La historiografía de la arquitectura moderna no habla de eso. Al analizar la obra de Alvar Aalto, habrá auditorios, habrá salas de exposiciones, habrá museos, pero hay viviendas, galerías comerciales… La labor de un arquitecto en la ciudad no se puede limitar a hacer museos. Hay un problema grave en la formación, ya que enseñamos a los alumnos a hacer grandes museos pero no a resolver un proyecto de vivienda. Lo excepcional antes era construir un edificio singular, la mayor parte de la ciudad se construye con obra privada. Uno debe atender en cualquier grado cualquier requerimiento ciudadano. Nosotros disfrutamos al hacer vivienda social, especialmente después de haber hecho dos conjuntos residenciales para Madrid. Nos encantaría seguir abriendo posibilidades en el terreno de la vivienda ya que la investigación en el programa habitacional es un campo muy extenso por perfeccionar aún. ¿Cómo tiene que ser una vivienda para alguien que vive hoy? Hoy en día, una persona de treinta años que vive sola necesita unos requerimientos espaciales mínimos y unas condiciones de habitabilidad básicas, pero no se puede meter a la gente en cajones aunque se revistan de modernidad.

Premio a diez años de trabajo
-¿Qué supone para ustedes haber ganado el Premio de Arquitectura Española con el Teatro Olimpia de Madrid?
-Supone el reconocimiento de la profesión a una obra muy concreta y además queremos pensar que es un reconocimiento a un tipo de arquitectura. El Teatro Olimpia es una arquitectura que se ha construido con medios materiales justos y cuya elaboración se ha extendido muchísimo en el tiempo y se ha ido perfeccionando. Desde el año 1996, que se gana el concurso, hasta el año 2006, que se inaugura, pasan diez años en los cuales el edificio se ha ido puliendo a nivel de programa de una manera muy específica. El edificio convocado al concurso no era exactamente el edificio que se ha construido. Es un edificio atípico, un centro de trabajo para actores del Centro Dramático Nacional, un edificio acondicionado. Se trata de una arquitectura no glamurosa, "no hito", no costosa. El reconocimiento a ese tipo de arquitectura es algo que nos reconforta muchísimo. éste es el tipo de arquitectura que nosotros admiramos, independientemente de que en este caso se nos premie a nosotros.

-¿Todo ese largo proceso de diez años no deterioró la calidad del edificio proyectado originalmente?
-El proceso fue asombroso. El Teatro Olimpia empezó siendo un proyecto que comprendía una pequeña sala y veintiocho viviendas de realojo. Ese fue el germen inicial, y tras muchos bocetos y maquetas creció inmensamente. Eso habla mucho de nuestra manera de trabajar. Tenemos seguridad en el proceso. Nos sentimos a gusto dándole vueltas a un tema, a una planta, a una sección, a un concepto de edificio. Los proyectos, para nosotros, tienen una carga importante de trabajo, de evolución y de perfeccionamiento.

Un nivel de dignidad medio
-¿Esa evolución es trasladable a la ciudad? Hablan de la arquitectura sin puntualizar en la arquitectura en sí, sino más bien en su soporte, en su contexto social.
-Ahora, a pesar de la crisis económica, es un buen momento para la arquitectura española, una oportunidad para que vuelva la mirada y baje del pedestal en el que cree estar. Creemos que los arquitectos españoles somos grandes arquitectos, pero no. Tan sólo hemos conseguido mantener un nivel de dignidad general medio, que se contrasta con la realidad deleznable de la ciudad española, lo cual no es tarea fácil. Hay excepciones como la operación de la M- 30 que es fascinante, no hay operación equivalente en Europa, un parque lineal de seis kilómetros en el centro de la ciudad.

»El arquitecto es una persona muy implicada socialmente, debería serlo, esto es una labor social. ¿Por qué la arquitectura no es un arte? Porque no depende del arquitecto, depende de la sociedad. Un proyecto en un plano no está hecho hasta que llegan terceras personas y lo construyen, y luego otros que lo viven y experimentan.

-Pertenecen a la generación con la que estamos hablando en esta serie de conversaciones que publica El Cultural. ¿Cómo se ve la profesión desde su perspectiva?
-Es curioso analizar que a los cincuenta la gente de tu edad que no son arquitectos empiezan a hablar de una cosa que se llama "jubilación". Sin embargo, tú crees que es ahora cuando estás empezando, que es un buen momento para los arquitectos. El proceso de maduración se ha alargado. Con cincuenta años de edad los arquitectos han empezado a hacer sus mejores obras. Acaba el terreno de la experimentación y empieza a tenerse más certezas. Quizá sea ese el secreto de la eterna juventud, creer que siempre estás empezando.