Asociada al gozo de vivir, la experiencia del agua –en el mar, en el río...– es para el verano. En esta pequeña sala se recrea el disfrute acuático con una breve, evocadora y caprichosa muestra de cuadros de maestros de la pintura que reflejaron la cotidianidad del fresco placer del agua en distintas viñetas de color y calor. Tiempo detenido.

Chicos en la playa

(Joaquín sorolla, 1909)

En la orilla, posiblemente con los pies en el agua, Sorolla pinta a los niños a gran velocidad intentando capturar la luz del instante. Pinceladas ágiles de destellos nacarados lilas, rosas, blancos; sombras en el agua que dibujan el ángulo del sol. Los niños del fondo imprecisos dan sensación de profundidad. El niño en primer plano brilla más cerca. Entre ellos se recogen las olas, dibujando el espacio entre los cuerpos. (Chicos en la playa, que ilustra este texto, pertenece a la colección del Museo del Prado).

Verano

(Mary Cassatt, 1894)

Nada define mejor el verano que la ociosidad de la contemplación. La intimidad, sin sentimentalismos, de las relaciones maternofiliales que hábilmente retrata Cassatt convierte las escenas cotidianas, intrascendentes, como la de esta madre y su hija alimentando a los patos, en exquisitos ejercicios pictóricos de color y composición.

'Verano' es una de las obras de la colección del Cristal Bridges Museum of American Art, Arizona

Noche de verano. Inger en la playa, 1889

(Edvard Munch, 1889)

Inger, la hermana del pintor, posa al atardecer en la playa de Åsgårdstrand. Munch persigue captar las condiciones de la luz de la noche del verano noruego. Busca un estado de ánimo, una cierta melancolía. El contraste cromático del vestido con los ocres de las piedras de cantos redondos es la clave.

'Noche de verano. Inger en la playa forma' parte de la colección del KODE Art Musems of Bergen (Noruega).

La Concha, nocturno, h. 1906

(Darío de Regoyos, h. 1906)

Un ambiente relajado propicia las confidencias en una calurosa noche de verano. Los colores azul, malva y ocre de las sombras declinan la bella gramática del impresionismo de madurez del autor. Un espacio pictórico equilibrado gracias a las horizontales oblicuas transmite serenidad.

'La Concha, nocturno' pertenece a la colección del Museo Carmen Thyssen de Málaga.

À Saint-Mammès. Sol de junio

(Alfred Sisley, 1892)

Sisley, paisajista puro, es el poeta de las orillas de los ríos. Pinta sin segundas intenciones, por puro placer. La luz del cielo y el agua del río se confunden en azules pálidos de belleza fresca y serena. Su pintura es el perfecto equilibrio entre anhelo de plasmar un fugaz instante y un sentido de eternidad en la naturaleza.

'À Saint-Mammès. Sol de junio' puede verse de manera permanente en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC).

Bañistas en la playa

(Walt Kuhn, 1915)

No hay apenas sitio en la playa de Ogunquit. Las manchas planas de color y los contornos oscuros dibujan esta escena que tiende a lo geométrico. En el mar, la franja que precede al cielo, los triángulos de las velas salpican el horizonte.

'Bañistas en la playa' puede verse en las salas del Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid.