Encuentro. I acto. Amalia Avia y Sarah Grilo. Galería Maisterravalbuena

Doctor Fourquet, 6. Madrid. De 14.000 a 52.000 euros. Hasta el 20 de julio

El arte tiene mucho de deriva, de búsqueda sin brújula, de repasos visuales de un entorno, ya sea este urbano, natural o mental. Amalia Avia (Santa Cruz dela Zarza, 1930 - Madrid, 2011) y Sarah Grilo (Buenos Aires,1919 - Madrid, 2007) desgastaron tanto las calles en sus paseos diarios que estas terminaron instalándose en sus lienzos. Lo hicieron en épocas parecidas, apenas separadas por una década, y coincidieron en más de una ocasión. Fueron artistas, mujeres de artistas (Lucio Muñoz y José Antonio Fernández-Muro) y madres, en un momento en el que el contexto no facilitaba la tarea (“Todas las chicas dejaban la pintura al casarse porque es caro, lleva tiempo, es difícil de aprender y una vez casada tienes otras muchas cosas que hacer”, escribía Avia en sus memorias en 2004).

Artistas, mujeres de artistas y pintoras urbanas, son muchas las conexiones sorprendentes entre ambas

Nunca había reparado en poner en paralelo el trabajo de ambas y, sin embargo, al verlas juntas en esta exposición, el diálogo funciona y las conexiones saltan a la vista. En la pincelada realista de Amalia Avia, el tiempo, indefinido, se detiene de una manera muy especial: reina el silencio y todo está invadido por una pesada ausencia. Pintaba a partir de fotografías y, con los años, fue sacando las figuras humanas de sus composiciones, copándolas de fachadas de edificios y cierres metálicos marcados por su característica paleta plomiza. Ella, hastiada, llegó a decir –cuenta su hijo Rodrigo en La casa de los pintores (Alfaguara,2019), una lectura fundamental para profundizar en la vida y el proceso creativo de la pareja Muñoz-Avia– que estaba harta de “pintar semperes”, en alusión a la pintura geométrica de su amigo Eugenio Sempere.

En casi todos los lienzos de Avia hay letras en las paredes, grafitis, firmas –con las que a veces jugaba introduciendo ligeras modificaciones–, y eso es, en esencia, la pintura de Sarah Grilo: una explosión de energía a través de letreros de tiendas, publicidad, números, precios, carteles luminosos... hasta el punto de que muchas veces su firma se integra en esa maraña gráfica. Los mensajes se mezclan, anudan y embarullan, haciendo un canon al propio ruido visual de Nueva York, la ciudad causante del giro estilístico de Grilo a partir de los sesenta. No sé si es casualidad, pero el primer cuadro que encontramos al entrar en la galería es una puerta entreabierta de Amalia Avia –Portalamarillo, 1999– que nos invita a pasar. Es la única de todas las obras en la exposición en la que no hay letras, a excepción del número 33 sobre el dintel de la puerta. Y, como contrapunto, el último lienzo es una salida de un garaje, con unos contadores que podrían pasar por esculturas minimalistas.

Este bonito diálogo con el que la galería Maisterravalbuena nos ha sorprendido después del confinamiento es el primer acto de diez exposiciones. Apenas durarán tres semanas cada una y se sucederán en el tiempo hasta febrero de 2021. El segundo acto será escultórico y lo protagonizarán Ana de Fontecha, Meuser, Christina Mackie y Sergi Aguilar con piezas históricas, todos ellos artistas maduros a excepción de la joven Ana de Fontecha. Las pistas para las siguientes entregas están ya sobre la mesa, ocultas en el cartel diseñado por Néstor Sanmiguel Diest que anuncia el programa de los próximos meses. Entre los 30 nombres hay tres generaciones distintas, estilos que se confrontan, obras a la venta y no a la venta, artistas propios y otros nuevos. Miguel Ángel Campano, Luis Gordillo, Rebecca Horn, Julia Huete, José Miguel de Prada Poole, Soledad Sevilla, Nancy Spero, Zush... son algunos de los invitados. Hagan con todos ellos sus combinaciones. A ver si aciertan.

@LuisaEspino4