J. Laurent y Cía: Celebración en Madrid del segundo centenario de la muerte de Calderón de la Barca

El retrato era el gran protagonista de la fotografía del siglo XIX pero Jean Laurent fue un visionario que supo salir del estudio para fotografiar la realidad de las calles de España. Llegó a Madrid en 1843, tres años después de la primera guerra carlista y dos antes del inicio de la segunda, y en 1856 inició su carrera como fotógrafo profesional. Ese mismo año abrió un estudio en el número 39 de la Carrera de San Jerónimo, antiguo taller de otro pionero del medio, el galés Charles Clifford. Los encargos le llevaron de viaje por toda la península hasta que en la década de los 70 su producción se redujo y se dedicó a ser, sobre todo, un empresario. Parte de esa trayectoria se muestra en La España de Laurent (1856-1886). Un paseo fotográfico por la historia que la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando expone hasta el próximo 3 de marzo.

Son más de 200 imágenes, en su mayoría procedentes de los fondos de la Fototeca del Patrimonio Histórico, las que nos sitúan en la segunda mitad del siglo XIX y que muestran el patrimonio cultural de una España que se debatía entre el impulso de la modernidad y el anclaje a la tradición. "Es uno de los grandes fotógrafos de la época no solo porque llegó a tener un enorme prestigio como retratista sino porque no se limitó a la fotografía de estudio", explica Pablo Jiménez, uno de los tres comisarios.

J. Laurent y Cía: Valence. La barque des pêchuers y, a la derecha, Mujer con guitarra a la puerta de su casa

Era un hombre de gran sensibilidad y un artista austero con un estilo limpio, depurado y racional que compatibilizó su talento con otra faceta: la de comerciante. "La Casa Laurent era un comercio", recuerda Jiménez y el intuitivo fotógrafo entendió que venderlas le daría beneficio. Se asoció con otros artistas, en 1879 llegó a tener 30 corresponsales, y las imágenes se firmaban como Laurent y cía. "Un público sofisticado pedía abanicos con fotografías de toreros y el público intelectual buscaba un repertorio del arte español o ediciones de álbumes lujosos de los monumentos españoles", detalla el comisario.

Laurent no usaba términos como paisaje cultural o patrimonio inmaterial pero "se preocupó de fotografiar las ciudades con su entorno natural", lo que imprime un poso de sociología a sus instantáneas. Por eso, y porque su visión de la cultura era "muy contemporánea", le encargaban reportajes de diversa índole como podía ser la construcción de un puente, de una línea ferroviaria u otras obras de ingeniería del país. Pero también le pedían trabajos de marcado carácter popular como colecciones de temática taurina, circense o teatral, panorámicas de ciudades o de personas de provincias.

En definitiva, la Casa Laurent corrió en paralelo a una España agitada en lo político, lo social, lo militar y lo cultural y fue testigo del final de la guerra carlista, de la Revolución Gloriosa que acabó con la monarquía isabelina y propició el reinado de Amadeo de Saboya, a lo que siguió la Primera República y el levantamiento cantonal hasta el inicio del reinado de Alfonso XII. Entre tanto, Laurent, que en 1861 se ganó el título de Fotógrafo de su Majestad la Reina, retrató a personalidades de la política como Francisco de Asís, el Príncipe Alfonso de niño, la Condesa de Montijo o Espartero. Visitó los pueblos en busca de las costumbres y retrató las obras de arte del Museo del Prado o de la Real Academia de Bella Artes de San Fernando, que reproduce y comercializa, o las Pinturas Negras de Goya en la Quinta del Sordo.

Cuando llegó a Madrid, España tenía una población de 13 millones de personas, de las que 26.000 eran mineros, 150.000 obreros industriales, 600.000 artesanos, dos millones de sirvientes y tres millones de braceros y campesinos sin tierra. El archivo de este empresario francés, por tanto, permite ver cómo era y cómo avanzó la sociedad de entonces.

J. Ainaud: Barcelona. Rambla del centro

Los negativos que ahora se conservan en la Fototeca del Instituto del Patrimonio Cultural de España, cerca de 9.000 placas de vidrio, fue adquirido por el Ministerio de Cultura en 1975. A mediados de la década de los 70, cuenta Jiménez, su fotografía empezó a ser más escasa y se centró en las ventas. "¿No habéis visto esas fotografías de ciudades españolas que en 1870 tomó Laurent?", preguntó Azorín. "Ya esas fotografías están casi desteñidas, amarillentas, pero esa vetustez les presta un encanto indefinible". Lo dicho, un paseo en color sepia por la España del siglo XIX.



@scamarzana