Beatriz González en su estudio

Tras su paso por el CAPC de Burdeos, llega por primera vez a España una revisión completa de la artista colombiana Beatriz González. Fiel narradora de la historia de su país en las últimas décadas, conocedora tanto de lo popular como de la historia del arte universal, sus figuras planas sobre lienzo, muebles o cortinas podrán verse en el Palacio de Velázquez de Madrid a partir del 22 de marzo. Después, viajará al KW Institute for Contemporary Art de Berlín

Hemos tenido que esperar hasta 2017 para ver la primera exposición individual en un museo europeo de la artista colombiana Beatriz González (Bucaramanga, 1938), justo un año antes de su entrada en la ochentena. Buceando en su biografía encontramos, sobre todo, proyectos individuales en museos y galerías colombianas, a excepción de la muestra que le dedicó el Museo del Barrio de Nueva York en 1998. No ha faltado, sin embargo, a las grandes citas internacionales, el año pasado en Documenta de Kassel y Atenas, o hace dos en exposiciones colectivas en la Tate Modern de Londres y el MoMA de Nueva York. Parece claro que tenemos una deuda pendiente con esta artista considerada por muchos como la pionera del arte pop latinoamericano (etiqueta que ella rechaza enérgicamente), fiel cronista de la historia de su país y cabeza pensante vinculada, además, a la enseñanza y el comisariado (estuvo a cargo del departamento de educación en el Museo de Arte Moderno de Bogotá). Dos son los puntos clave para hablar de su trabajo: la presencia de lo popular y la importancia de la memoria histórica.



Cuenta Beatriz González al comienzo de esta conversación con El Cultural que, desde muy pequeña, fue considerada por su familia y sus profesoras como una artista. Y que cuando escogió estudiar diseño gráfico, su ‘talento' fue catalogado como de dibujante en vez de como pintora. Después de dudar entre filosofía y arte, escogió esta última.



Pregunta.- ¿Cuáles han sido sus fuentes de inspiración?

Respuesta.- El reporterismo gráfico y las imágenes en periódicos y revistas. En cuanto a la historia del arte, La crucifixión de Grünewald, que es capital para mí porque el artista supo captar el momento de dolor y de pasión. También La expulsión del paraíso de Masaccio, por la expresión de las imágenes en pleno movimiento.



No creo en el compromiso político del artista, creo en el compromiso con la ética"

P.- Alimenta su archivo con recortes de periódico, láminas de reproducciones de obras, y otros materiales. ¿Cómo es su proceso de trabajo?

R.- En primer lugar, reviso los periódicos diarios y corto las imágenes que me llaman la atención por su tema o por el tratamiento de la imagen. Escojo una fotografía, hago dibujos en libretas, luego en papeles de mayor tamaño y por último decido si merece la pena hacer una pintura al óleo de acuerdo a la complejidad de la imagen. En un comienzo, guardaba los recortes en cajas de cartón sin catalogar. De un tiempo a esta parte, mis asistentes se han preocupado por catalogarlas en un verdadero archivo con divisiones temáticas como catástrofes naturales, desplazados, indígenas, y otros.



P.- Ha pintado sobre muebles, cortinas... ¿importa el soporte?

R.- Unas veces es el que me dicta la imagen, como el caso de Botticelli Wash and Wear, otras es la imagen impresa la que me dicta el soporte. Me siento igualmente cómoda siguiendo estas normas, aunque es mucho mejor pintar en un soporte tradicional como el lienzo y el óleo que con uno experimental. La especificidad de una obra radica en el acierto en escoger un soporte para la imagen.



P.- ¿Qué opina de la etiqueta de pionera del arte pop latinoamericano que siempre se le añade a su nombre?

R.- Nunca he aceptado que me cataloguen de artista pop, cuando comencé a trabajar con recortes de prensa mi conocimiento y el contacto con el arte pop en Colombia era muy escaso. Al contemplar en el Museo Stedelijk de Ámsterdam en 1966 las obras de los artistas pop me incliné hacía las obras de artistas pre-pop como Jasper Johns y Robert Rauschenberg.



Decoración de interiores, 1981

Beatriz González ha trabajado con imágenes emblemáticas de la historia del arte universal. Las copiaba de viejas láminas que encontraba en mercadillos y llegó a transferirlas a muebles y cortinas. Pronto pasó a ser testigo de la realidad que le rodeaba utilizando imágenes de los periódicos. Los suicidas del Sisga (1965) fue la primera vez. Tomó una fotografía del diario El Tiempo -que todavía conserva, cuenta- atraída por su aspecto formal (más que por la trágica historia de sus protagonistas). Otro momento clave fue la llegada de Julio César Turbay a la presidencia de Colombia en 1978. Marcó un punto y aparte en su obra y le hizo enfocar la mirada hacia lo que estaba pasando en su país, con especial atención al conflicto armado, la corrupción y el narcotráfico.



P.- ¿Cree en el artista comprometido políticamente con su tiempo?

R.- No creo en el compromiso político del artista, creo en el compromiso con la ética.



Aterrizaje en Europa

Comisariada por María Inés Rodríguez en el CAPC de Burdeos, la exposición que inaugura ahora el Museo Reina Sofía recoge una selección de los trabajos realizados por la artista entre 1965 y 2017, lienzos, muebles y objetos intervenidos, dibujos y grabados.



P.- Esta retrospectiva es un reconocimiento en Europa a su carrera, ¿por qué cree que hemos tenido que esperar tanto?

R.- Por la mirada miope europea hacia Latinoamérica.



A los jóvenes artistas les recomiento la lectura de poesía, la afición al cine, la historia"


P.- ¿Qué destacaría de esta exposición que va a inaugurar?

R.- Resalto las divisiones temáticas: el conjunto de muebles, objetos y cortinas, el de retratos, las obras dedicadas al descubrimiento de América y los cargueros. En cuanto a las obras, en la exposición se incluye La caza in situ (1976), una de mis primeras pinturas sobre metal que indica la renuncia a los materiales finos y tradicionales. Esta obra fue el hallazgo de un soporte distinto al lienzo y el acercamiento a las láminas de gusto popular como referente. También se encuentra el primer mueble que realicé, Naturaleza casi muerta (1970), por la invención de los muebles, una especie de objet-trouvé popular intervenido, o Decoración de interiores (1981), por el afortunado encuentro de la corrupción y la diversión [un telón de 12 m en el que retrata al presidente Turbay rodeado de gente en una fiesta, delante de una cortina].



P.- ¿Cual cree que es el lugar que ocupa el arte en la historia?

R.- Ninguno, como otros creen, el arte dice cosas que la historia no puede contar.



P.- ¿Ha sido intensa su relación con artistas de su generación como Botero?

R.- Los artistas como Botero no miran a su alrededor, así que mi obra no existe para ellos. Hay otros artistas como Santiago Cárdenas y Luis Caballero con los que mantuvimos y mantenemos una gran admiración mutua.



Educando a una generación

Beatriz González ha dedicado también parte de su carrera a la educación en museos y al comisariado. Ve al público actual de las exposiciones "más curioso y abierto que antes" y en lo que se refiere a la educación del artista apunta que adolece de un conocimiento profundo de la historia del arte. "Hay un presupuesto de que con internet se puede reemplazar la enseñanza de la historia del arte. El sistema de maestrías y doctorados es monotemático y la enseñanza en el pregrado es light", señala.



P.- ¿Qué consejo le daría, entonces, a las nuevas generaciones de artistas?

R.- En Carta a un joven artista recomiendo la lectura de poesía, la afición al cine y los grandes directores, la lectura de historia.



P.- ¿Cuál debe ser el papel de los museos?

R.- Los museos y sus colecciones son esenciales para la aproximación a la obra de arte en particular. El hecho de descubrir el gusto por un pequeño detalle de la obra abre la comprensión no sólo de qué es el arte sino de qué es un artista. Los conceptos de museos multiculturales, incluyentes, pluriétnicos y divertidos han afectado a los museos de arte en Colombia sobreponiendo el discurso a la obra y por lo tanto utilizándola.



@LuisaEspino4