Marcel Broodthaers y René Magritte, 1967. Foto: Maria Gilissen

Bruselas sigue recordando la figura de Magritte, uno de sus pintores más célebres, cuando se cumplen 50 años de su muerte. El artista surrealista ha tomado la ciudad con varias exposiciones y actividades como la proyección de sus obras -y frases- en el Atomium de la ciudad o diversas rutas temáticas en torno a su figura. Pero quizá la más importante es la que pone a dialogar a Magritte con Marcel Broodthaers y otros artistas contemporáneos en una muestra que arranca con la última obra que pintó y termina con sus primeros trabajos. Magritte, Broodthaers and Contemporary Art se puede ver hasta el 18 de febrero en el Museo Magritte de Bruselas con un horario ampliado.



La exposición cuenta con 150 obras (50 de Magritte, 50 de Broodthaers y 50 de varios artistas) que han revisitado y actualizado el ideario del pintor belga. Para Michel Draguet, director del entramado Royal Museums of Fine Arts, es Broodthaers quien mejor personifica la afiliación artística con Magritte. En la obra de ambos se refleja la relación entre el texto y la imagen, el nombre y el objeto que estableció el pintor surrealista. Otros artistas que conversan con su magia y renuevan la comprensión de su obra son Andy Warhol, Jasper Johns, Robert Rauschenberg, Ed Ruscha, Sean Landers, David Altmejd, George Condo y Gavin Turk.



Marcel Broodthaers: Quatre pipes alphabet (Pipe A), 1969

El espectador podrá ver, procedentes del Museo de Arte de Los Angeles, la colección La traición de las imágenes, un conjunto de obras en las que el artista escribió "esto no es una pipa". En ellas no representa una pipa sino la imagen de una pipa. Este tipo de reflexiones repercutieron de manera obsesiva en los pensamientos y obras de Broodthaers. "Magritte demostró que cada imagen es una representación y que cada representación es una traición a la realidad. De modo que cada imagen contiene una parte de misterio que la poesía, ya sea a través del texto o de la imagen, revela sin explicaciones", anota Draguet.



La muestra, por tanto, comienza con la afiliación espiritual entre Magritte y Broodthaers derivada de su gusto por Mallarmé. "Todos ellos intentaron empujar la poesía más allá de sus límites usando nuevos modos de expresión", apunta Draguet. La amistad que unió a ambos desde 1945 hasta la muerte de Magritte en 1967 tuvo una gran resonancia en sus obras y subyace en que ambos trabajaron para "sobrepasar el surrealismo centrándose en el lenguaje". Esto fue crucial para que Broodthaers revisitara A Throw of the Dice (Will Never Abolish Chance) de Mallarmé y algunas obras en las que Magritte escribe palabras. Estas últimas fueron creadas entre 1927 y 1929 pero no se vieron hasta 1954 en una exposición en la galería Sidney Janis de Nueva York, momento en el que "una generación de artistas jóvenes como Andy Warhol, Jasper Johns, Robert Rauschenberg y On Kawara descubrieron a Magritte. Todo ello, junto a la obra de Duchamp, se convirtió en uno de los principales vehículos de reflexión sobre el objeto y el lenguaje", explica el director.



René Magritte: The Cripple, 1948. A la derecha, Sean Landers: Captain Homer (Seven pipes for seven seas), 2016

La segunda parte de la exposición se centra en la influencia que la obra de Magritte ejerció en el arte americano. El lenguaje genera cuestionarse el objeto, premisa que el Pop art asumió con gran impacto. A partir de 1980 lo que Magritte denominó como arte vache (durante unas semanas pintó cuadras de trazos rápidos y aspecto descuidado cargados de ironía) propició el debate de la pertinencia de pintar con un determinado estilo que consideraban obsoleto. Magritte quería matar la pintura usando las herramientas de la pintura y "algunos artistas contemporáneos se han interesado en esta faceta del artista", explica Draguet.



En ese sentido La traición de las imágenes se convierte en la encarnación de la relación entre lo visible y lo legible. "Además, Personal Values es testigo de una fuerte fijación sobre la naturaleza del objeto que se puede considerar un arte pre-pop que renueva el acercamiento a Magritte y a Broodthaers". Magritte también se fijó en el cine de los años 50 lo que hizo que introdujera nuevos modos de expresión en su pintura. "En este sentido Marcel Broodthaers crea su propia reflexión en una nueva dirección en la que se cruza con el pop art, el neorrealismo y los artistas conceptuales. Esto proporciona más contemporaneidad a la obra de Magritte especialmente con los videoartistas que introducen sus objetos e imágenes en sus trabajos".



La muestra es, por tanto, un homenaje a Magritte y a todos aquellos artistas que en un momento y de alguna manera han dialogado con el periodo vache del surrealista belga. Su iconografía se vuelve crucial para quien busque la reflexión de la producción de una imagen, la representación y transposición de algo real como semejanza. Desde George Condo a Gavin Truck y desde Sean Landmers a David Altmedj. A Magritte le gustaba desafiar las ideas preconcebidas guardando varias interpretaciones en sus obras en las que el espectador advierte las preguntas que se hace el artista. Quizá por eso dijo aquello de que "ningún objeto se halla tan ligado a su nombre como para no aceptar otro que le convenga mejor".



@scamarzana