Mateo Maté

De nuevo en Madrid, Mateo Maté hace un jaque mate a la iconografía clásica con su exposición Canon, una puesta en cuestión de la manera de representar la figura humana desde los griegos hasta nuestros días que podremos ver en la Sala Alcalá 31.

Objetos domésticos, mapas de España, texturas de camuflaje, traseras de cuadros… son algunos de los elementos a los que Mateo Maté (Madrid, 1964) nos tiene acostumbrados. Con ellos toca cuestiones relacionadas con la identidad, la historia o el arte a los que se aproxima siempre con ironía. En los últimos años hemos podido ver su obra en exposiciones como El eterno retorno (2013) -un proyecto donde reflexionaba sobre la historia realizando intervenciones en cinco museos madrileños-, Universo personal (2012) en el Monasterio de Silos (cuando éste todavía era una extensión del Museo Reina Sofía), o en el espacio de Abierto x Obras de Matadero con su instalación Viajo para conocer mi geografía (2010).



Vuelve ahora a Madrid con Canon, una exposición individual en la sala Alcalá 31 que sorprenderá a muchos. Mantengan los ojos bien abiertos porque las apariencias engañan. A veces.



Pregunta.- Entramos en la nave principal de Alcalá 31 y encontramos un laberinto de catenarias entre las que se reparten un total de 20 esculturas de escayola. Esto parece un museo de reproducciones. ¿Está usted en un momento de cambio?

Respuesta.- No, no dejo de ser un artista conceptual que trabaja con símbolos que toma de la herencia iconográfica y con los que analiza las relaciones de poder que se establecen tanto en el mundo del arte como en nuestro entorno cotidiano. Eso ya lo veíamos en mis series La cara oculta (2014) o incluso en Paisajes uniformados (2007- 2015), aunque nunca me había metido con escultura figurativa necesitaba trabajar con esa iconografía, con esas normas heredadas. Sigue también presente la ironía, la sospecha, a la hora de evidenciar y mostrar las cosas.



P.- Sin embargo, no vemos aquí ningún elemento cotidiano de los que solemos encontrar en sus obras, ninguna cartografía…

R.- Para mí el arte, las salas, los museos, son también algo cotidiano. En los propios museos se establece una relación de poder y jerarquía. Ese orden que nos imponen al entrar, al salir, el no tocar, la seguridad, las cámaras… es el mismo que en el exterior. Ahora hay un control tremendo y por eso esas instalaciones en las que utilizo las catenarias, para simular territorios a los que no se puede entrar.



P.- Encontramos 20 esculturas, 5 históricas que vienen del Museo Nacional de Escultura de Valladolid y 15 que ha moldeado en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando ¿Qué nos quiere contar?

R.- Canon habla de estructura, de orden, de poder y de cómo éste se manifiesta de una manera tan sutil que apenas lo sentimos. Mi deber como artista es evidenciar esas normas aunque no intente ni siquiera hacer arte político…



Vista de sala. Fotografía: Pedro Albornoz

P.- Pero le sale…

R.- Porque siempre he sido un cascarrabias y vivo de sospechar que las cosas no son ni como se dicen ni como se muestran. Los escritores lo ponen en evidencia de una manera, en el cine de otra, y a mí me toca analizar esa iconografía o esa herencia y por lo menos mostrarla, cambiarla.



El arte, los museos, son espacios jerarquizados en los que se nos impone un orden al entrar, al salir, al no tocar"

P.- Y, teniendo en cuenta que su formación es como pintor, ¿cómo ha preparado este proyecto?

R.- He trabajado con los moldes que conserva la Academia de San Fernando, de donde han salido las copias para casi todas las escuelas de arte del país. Ahora hay poca demanda pero conservan los moldes y tienen un taller en el que me he hecho un máster. Era un proyecto para hacer con tiempo, con cierto riesgo, y lo he disfrutado muchísimo.



P.- Para entendernos: ha sacado moldes de esculturas clásicas en las que ha introducido pequeños cambios, apenas perceptibles en un vistazo rápido.

R.- He intervenido los moldes clásicos con apenas 50 gramos de escayola, no he tocado nada más. En todas he intentado que no se note a simple vista, que sea sorpresa.

P.- Por ejemplo, una Venus de Médici (hermafrodita), un Discóbolo (negro)

R.- Ninguna de estas esculturas se corresponde con el canon griego. Están mezcladas, son hibridaciones posibles, tratando estadios humanos que normalmente no se tocan: el embarazo, la vejez , el cambio de sexo, de raza... y la ejecución es en todos los casos muy natural.



P.- ¿Y cómo se trabaja en un espacio tan peculiar como el de la sala de Alcalá 31?

R.- Es una sala complicada en la que se puede hacer un buen proyecto pero una mala exposición, porque aquí no se puede hacer algo al uso. Yo he buscado un proyecto en el que creo que el edificio juega a favor creando casi un circo romano en el que la parte de arriba se usa de mirador, desde donde se podrá ver cómo el público supera las pruebas.



P.- ¿Cuál es el canon actual de belleza: joven, blanco y atlético?

R.- A nivel global ése es el canon al que se aspira pero éste cambia según el lugar. La publicidad, además, asocia ese canon a ciertas marcas y no es sólo una cuestión estética, es también una manera de mostrarse. Todas estas imágenes reflejan el momento socio-político en el que fueron creadas. Comprenderse a uno mismo es comprender a los demás y para ello necesitamos conocer los cánones vigentes en cada momento, ya sean legales, morales, religiosos o estéticos.



@Luisaespino4