Bernard Blistène. Foto: Philippe Migeat

Las dos exposiciones más multitudinarias que ha visto el Centre Pompidou desde su apertura han sido las de Salvador Dalí. En tercer lugar está Kandinsky, y Magritte, aún abierta al público, se postula para superar al ruso. Las exposiciones en 40 ciudades de Francia preparadas para celebrar los 40 años que cumple el centro en 2017 tienen como objetivo, más allá de la celebración, la conexión del Pompidou con el resto del país. Su director nos cuenta los retos a los que se enfrenta la pinacoteca.

Parece que el edificio que diseñaron Renzo Piano y Richard Rogers sigue en obras. Bien podría valer como metáfora de lo que sucede dentro. Una colección aún en ciernes, que crece a medida que el panorama artístico produce a un ritmo acorde a la sociedad. Cuando hace 40 años el centro abrió sus puertas lo hizo desde los cimientos, diseñando sus salas y su proyecto expositivo. Antes de la fecha de la inauguración, el Palais de Tokyo albergaba las colecciones heredadas del Museo de Luxemburgo y del Jeu de Paume. Su primer director, Jean Cassou, completó la colección a través de donaciones y compras. Así, Henri Matisse, Pierre Bonnard y Pablo Picasso entraron en casa. En 1977 se inauguró el Pompidou y estos artistas comenzaron a convivir con Giorgio de Chirico, René Magritte, Piet Mondrian y Joseph Beuys.



Este inicio "lo cambió todo en las instituciones de arte. No tiene un equivalente en todo el mundo", sostiene Bernard Blistène, actual director del Centre Pompidou, quien nos atiende por teléfono desde su despacho de París. Godard dijo que la cultura es la regla y el arte es la excepción y con esta máxima en mente, Blistène se prepara para el cumpleaños de la pinacoteca que lidera desde 2013. "Esta combinación entre arte y cultura en el Pompidou se traduce en que es un lugar para el público que, a su vez, está involucrado en la investigación de todo tipo de disciplinas". Lo que el centro significa ahora tiene que ver con el modo en que combina "el patrimonio, la experimentación y la diversidad de lenguajes que están aún por explorar", apunta.



Pregunta.- Y, ¿cuál es el reto hoy?

Respuesta.- El principal es estar involucrados en el futuro. Con esto quiero decir que el Pompidou, que cubre los siglos XX y XXI, está construido para mantener el vínculo entre el pasado, lo que llamamos moderno y lo contemporáneo. Así que el reto es permanecer abiertos a lo que, para bien o para mal, llamamos globalización. La colección tiene que crecer no solo en diferentes disciplinas sino teniendo muy en cuenta la diversidad de lo que se hace en otros lugares. Por eso, el equipo está involucrado en todos los continentes y disciplinas.



P.- ¿Cómo se puede ver esa diversidad en las exposiciones que ahora se exhiben?

R.- La muestra de Cy Twombly se puede entender como un ensayo sobre uno de los maestros del arte americano del siglo, tenemos una conmemoración de la muerte de André Breton y hay muestras dedicadas al surrealismo en Egipto, a Jean-Luc Moulene, a los grafitis de Brassaï. Hay muchos escenarios retratados, es mucho trabajo y un reto real pero es un fantástico viaje que debemos desarrollar desde todo tipo de perspectivas.



P.- ¿La apuesta es por los artistas jóvenes o por los clásicos?

R.- Hacemos ambas cosas. El edificio ofrece la posibilidad de combinar el patrimonio de principios del siglo XX con los artistas actuales. ¿Cómo explicaría si no a esas 15.000 personas que vienen a diario la conexión entre el principio del Avant Garde con lo que pasa hoy en día? ¿Cómo se explicaría la utopía de aquel movimiento de principios del XX y todos los cambios en el espectro actual si no creas un puente entre el pasado reciente y el hoy?



En el pompidou desde 1983

Creo en europa y el peligro real es olvidarnos de ella. Necesitamos reconstruir nuestro espíritu europeo"

Bernard Blistène estudió en la escuela del Louvre y tras ejercer de editor de diferentes revistas de arte contemporáneo, llegó al Pompidou en 1983, reclutado por el entonces director Dominique Bozo, donde organizó las retrospectivas de los artistas Christian Boltanski, Cy Twombly y Andy Warhol. En 1990 le encomendaron la dirección de los Museos de Marsella y contribuyó a la creación del Museo de Arte Contemporáneo de la ciudad donde comisarió las retrospectivas de Basquiat, Robert Smithson y René Magritte. En 1996 le asignaron la programación del Centre Pompidou y en 2009 le nombraron jefe del departamento de Desarrollo Cultural del mismo. En diciembre de 2013, propuesto por el presidente del centro, Alain Seban, fue nombrado director del Pompidou.



Imagen del Centre Pompidou de París

P.- ¿Ha cambiado mucho la producción artística en los últimos años?

R.- El panorama y el mundo en general es totalmente diferente. El debate dentro de la cultura occidental, entre Europa y los Estados Unidos, se ha ampliado a la globalización y a la complejidad de la modernidad. Creo que desde una institución como esta necesitamos no tanto reformular el modernismo sino reconsiderarlo. Lo que significa que ahora tenemos que incluir la diversidad de lo que ocurre en todo el mundo de la manera más compleja, amplia y abierta posible.



P.- ¿Es posible contarlo todo?

R.- Es imposible que las instituciones hablen de todo. Es lo que llamo Historia y contexto. No podemos articular algo sin pensar en nuestra historia, ni construir sin entender la conexión entre el lugar donde estábamos hace 40 años y dónde estamos ahora.



Este presente del Pompidou también pasa por su expansión por Europa con la sede abierta en 2010 en Metz (al noreste de Francia) y, más recientemente, en Málaga. Ese espíritu ambicioso que embriaga al equipo de Blistène planea también otros proyectos internacionales. "Se trata de una elección y, por tanto, tenemos dos posibilidades: quedarnos dentro de nuestro edificio de París o trabajar con nuestra colección en diferentes contextos y lugares", señala. De modo que han dirigido la mirada hacia China, a Hong Kong precisamente, un país con una gran escena artística, añade Blistène. En su equipo cuentan con un comisario chino para que les ayude a entender la especificidad y las particularidades de ese contexto. Más cerca, el propósito está en Bruselas.



P.- ¿Por qué Bruselas?

R.- Porque creo en Europa y el peligro real para todos es olvidarnos de ella. Necesitamos reconstruir el espíritu europeo y me parece que si hacemos algo allí, que es la capital, sería simbólicamente importante. Nuestra herramienta es la colección y haciendo uso de ella, de las conexiones que tenemos con otras instituciones, junto a la posibilidad de construir una diversidad en términos de lecturas, patrimonio, conexiones con otros comisarios y exposiciones, podemos permanecer vivos.



Centro y periferia del arte

P.- ¿Cuál es capital del arte hoy?

R.- Salvador Dalí intentó establecer la capital del mundo en Perpignan. Si echamos la vista atrás vemos que ha habido muchos centros artísticos, no solo uno. Y a veces el centro parece más pequeño de lo que es en realidad. Y a veces el centro parece más pequeño de lo que es en realidad. Si nos fijamos en la historia del modernismo, el epicentro ha pasado por Viena, París, Múnich, América, nunca el mismo lugar. Pero también hay otros centros más pequeños que hay que tener en cuenta porque no tienen estructuras tan fuertes. En España, por ejemplo, lo que hace Pedro G. Romero con la cultura vernacular española traspasa los límites de las dimensiones de Sevilla. Hay que cuidar esas estructuras y a la gente que ha hecho cosas buenas fuera del gran mercado internacional.



Podemos quedarnos en nuestro edificio de París o trabajar en diferentes lugares"


P.- ¿Ve diferencias sustanciales en la escena artística de España y Francia?

R.- Creo que en España hay diferentes escenarios. La escena catalana y la madrileña no tienen nada que ver, y sucede lo mismo entre la madrileña y la sevillana. Quizá sea esta especificidad la que marca la diferencia con Francia, donde todo se concentra en París. Para celebrar nuestro 40 cumpleaños vamos a organizar 40 exposiciones por toda Francia en lugar de concentrarlo todo en el Pompidou de París. Sentimos la necesidad de conectar el Museo con otras instituciones del país y establecer nuevas relaciones.



Vista del Centre Pompidou de Málaga

Blistène ha trabajado en varias ocasiones con el director de Museo Reina Sofía, Manuel Borja-Villel. A ambos les une, además de una amistad, las multitudinarias exposiciones que se han podido ver de Dalí. "La del Reina Sofía fue una exposición muy inteligente, como todo lo que hace su director", alaba. Y añade que ambos saben que la educación es el aspecto que más debería preocupar hoy a los museos. "De poco sirve tener una colección fantástica si no tenemos esto en cuenta. Hay que reducir la brecha que separa lo que tenemos de lo que queremos transmitir y muchas de las grandes instituciones están haciendo un gran esfuerzo".



Un museo en la escuela

P.- ¿Se podría decir que estamos en un buen momento para los museos en Europa?

R.- Solo hay que mirar al mundo de hoy. ¿Tenemos las mismas expectativas que antes? Necesitamos reformular, reconsiderar, reactivar nuestra posición. Siempre intento hacer una distinción entre el poder y la autoridad. Para mí, el gran reto de las instituciones es la autoridad en términos de equipo, de exposiciones, de publicaciones, de educación. Los próximos años van a estar profundamente volcados en la educación. Por eso, vamos a intentar abrir una escuela del Centre Pompidou en la que podremos usar nuestra colección y trabajar con el equipo con el objetivo de trasmitir conocimiento a través de las nuevas tecnologías y los medios más tradicionales.



La educación es lo fundamental y por eso queremos abrir una escuela del Pompidou"

P.- La tecnología ha propiciado una nueva manera de consumir también el arte. ¿Hasta qué punto el Pompidou planea abrirse a ella?

R.- Con la escuela vamos a crear un MOOC (curso gratuito online) para desarrollar conexiones entre el público y la institución. Pero no quiero forzarme, porque parece que todo puede ser reemplazado. Al igual que no creo en un romance virtual tampoco creo en una experiencia completa con la obra a través de la red.



P.- El British Museum va a habilitar una opción de visita virtual para quien no pueda visitarlo en persona. ¿Hará algo así el Pompidou?

R.- Creo en el contacto real. No me parece que se pueda reemplazar la relación física y emocional con las obras por el visionado en internet. Aunque considero que es una plataforma de recursos muy valiosa y, por tanto, es necesario poner en red los recursos que vamos acumulando. Es otro de los grandes retos que tenemos delante: combinar la visita física con el uso de la tecnología.



@scamarzana