Personajes en un paisaje cerca del pueblo, de 1965

La Fundación Mapfre abre un nuevo espacio con setenta piezas cedidas por la familia del artista. La mayoría de las obras, entre las cuales se encuentran cinco regalos que le hizo Alexander Calder, pertenecen a las últimas décadas de su trayectoria.

"Asesinar la pintura" fue lo que se propuso Joan Miró (Barcelona, 1893 - Palma de Mallorca, 1983) casi desde el principio de su trayectoria. Lo hizo de diversas maneras y en algunas de sus obras se puede ver ese instinto más primitivo de destrucción. Obras que rasga, que agujerea, que perfora. Pero también pinturas anónimas, adquiridas en mercados populares (como el Rastro de Madrid), sobre las que superponía sus características pinceladas coloristas creando así un nuevo Miró. Se han catalogado diez obras de esta modalidad y cuatro recalan ahora en el Espacio Miró que acaba de inaugurar la Fundación Mapfre.



"Tras 25 años organizando exposiciones temporales ahora presentamos nuestra primera permanente, nos hacemos mayores", comenta Pablo Jiménez Burillo, director de cultura de la Fundación. Y lo que muestran en sede principal de la calle Recoletos son 65 obras de Joan Miró, junto a cinco piezas que Calder le regaló al pintor catalán, que pertenecen a colección de la familia del artista. "En ellas se muestra a un Miró más desconocido, más expresionista, con piezas que transmiten cierto sentimiento de claustrofobia", señala Robert Lubar Messeri, director de la New York University en Madrid. Son trabajos fundamentalmente de los años 60 y 70, de su última época aunque, no obstante, también hay obra de otros periodos.



Lubar Messeri precisa que existen cinco colecciones importantes de las obras del artista; la de la Fundación Joan Miró de Barcelona, la de Fundación Joan Miró de Palma de Mallorca, la colección que conserva el Museo Reina Sofía, la que alberga el Museo de Serralves de Oporto y ésta que se expone ahora en la Fundación Mapfre. "Es un Miró antipintor, el que violó sus pinturas con agujeros, un Miró salvaje y brutal. Es el de siempre pero luminoso", añade.



Pintura (Para David Fernández Miró), 1965

La colección, dispuesta en cinco secciones, arranca con las piezas que le relacionan con el escultor Alexander Calder. Ambos se conocieron en 1928 y su amistad se tradujo en varios regalos que el estadounidense hizo a Miró, como su retrato y el de su mujer realizados en alambre en 1930. La segunda sección está formada por las Constelaciones con las que Miró inauguró un nuevo modo de creación que tanto influyó en artistas abstractos como Jackson Pollock y Mark Rothko. Aunque fue más una retroalimentación que se observa en la gestualidad de sus obras de gran formato como Mujer española de 1972. Además, el uso de diferentes materiales como la arpillera y el lienzo rasgado demuestra que no fue un artista aislado de los movimientos que se gestaban a su alrededor sino que estaba atento a ellos.



En la tercera parte se ven las obras que contienen tres de sus símbolos más reproducidos: mujeres, pájaros y estrellas. Imágenes que, no por utilizadas se hacen repetitivas porque siempre aportan algo, una renovación, una vuelta de tuerca. Un poco después aparecen sus cabezas que, a partir de los años 60, empezó a depurar. Desnuda las obras hasta que se vuelven extrañas, traviesas en las que se atisban atributos humanos en esas criaturas que surgen del lienzo. Como broche final, el Desafío de la pintura que llevó hasta su último estallido con obras como Personajes en un paisaje cerca del pueblo, de 1965.



El canto del pájaro al rocío de la luna, 1955

El depósito, que ha sido posible tras un año y medio de negociaciones, se ha firmado por cinco años renovables de manera automática. A partir de ahora, la Fundación Mapfre tiene el derecho "gestionar" la colección como si fuera propia y les abre las puertas a poder prestarla para futuras exposiciones en las se quiera mostrar esté Miró tardío. Recalca Burillo que los dueños no perciben compensación económica por el préstamo sino que la Fundación se hace cargo de pagar el seguro de las piezas y de su mantenimiento. "Es un depósito gratuito de obras que estaban en domicilios particulares", señala. Con esta colección llega a España una forma de coleccionar habitual en Estados Unidos, la de mostrar el patrimonio privado al público.



Miró, que ya tiene una presencia especial en la capital con su enorme mural en el Palacio de los Congresos de la Castellana y con las 583 obras que posee el Reina Sofía, de las cuales 20 están actualmente en exposición, amplía su protagonismo con los préstamos de estos cinco coleccionistas privados. Sin pretender ninguna disputa con el museo de arte contemporáneo, su objetivo se basa en "el compromiso de estudiar e investigar la obra del artista".



@scamarzana