De entre las maravillas de El Bosco, estas son las diez obras imprescindibles. Las selecciona la comisaria, Pilar Silva, y las interpretan diez de nuestros artistas que lanzan, además, una pregunta al pintor. Una entrevista indirecta que suma (aún más) incógnitas.

El jardín de las delicias, 1500-05 (Museo del Prado, Madrid)

Txomin Badiola



Mi padre tenía una Biblia ilustrada que me gustaba ojear. Una de sus láminas era un fragmento del Tríptico de las Delicias. Luego, siendo adolescente, vi la obra completa en el Prado. Aunque en el momento no me sintiera tan tocado por ella como por otras obras del museo, me impresiona hoy la posición del Bosco enfrentado a la magnitud de semejante obra. El pintor deja de ser la "mano de Dios", el vehículo de su palabra, para convertirse en su rival. Hay en el artista una auténtica ansiedad de la influencia: ¿por qué he de ser segundo en la tarea creadora? El Bosco crea mundos vegetales, minerales y animales, nunca vistos, en competencia con el Creador. En la parte posterior de los postigos, Dios es desplazado de su posición central a una discreta esquina, mientras el mundo en el tercer día, todavía frágil, parece crearse a sí mismo ayudado por la demiúrgica acción del artista. Las múltiples referencias a la alquimia, nos hablan del artista como un Fausto imbuido en una sed inagotable de penetración en lo real, dispuesto al único pacto diabólico posible: el pacto con su propio instrumento, la pintura.



Por mucho que se hagan lecturas moralistas de esta obra, El Bosco es cualquier cosa menos piadoso: el panel central del tríptico, el de las delicias sin culpa, así lo atestigua. También lo hace el panel derecho: un infierno repleto de instrumentos musicales que, más que objetos condenados, parecen herramientas de redención. Aquella Biblia iluminada de mi padre no me convirtió en un buen cristiano, pero me empujó a ser definitivamente artista. Ya se la hizo Pasolini y no la contestó: ¿por qué realizar una obra cuando es más bello soñarla solamente?




La adoración de los magos, 1495 (Museo del Prado, Madrid)

Néstor Sanmiguel Diest



Dos pilares mistéricos, el mago africano y la virgen con niño, sostienen el triángulo divino que apunta directamente a la estrella. A pesar del enorme interés de todo, nos centramos en los acontecimientos simultáneos que construyen una forma de presente estirado, tan contemporáneo. En un segundo plano, un José de rostro triste y resentido, que puesto a secar pañales al fuego, ve cómo ha sido apartado del centro de la ceremonia mágica de entrega de presentes al Avatar. Y sin monstruos, en un fondo de pincelada suave y húmeda, una danza campesina, un oso devorando a un hombre, una mujer perseguida por el lobo, arquitecturas de civilizaciones mezcladas, y la indiferencia de la garza en el arroyo mientras dos ejércitos se lanzan furiosos el uno contra el otro. Querido Jeroen, ¿cómo es que te olvidaste de América, con el juego que te hubiera dado un cuarto y caribeño mago?




Tentaciones de san Antonio, 1505-06 (Museo Nacional, Lisboa)

Mateo Maté



En esta lucha entre el bien y el mal de San Antonio, los monstruos vuelan por el aire, escapan del fuego del incendio, se arrastran por la tierra y bullen en el agua oscura del río. Los personajes que salen de una cereza incitan a la lujuria. Los que preparan la mesa junto al santo invitan a la gula. La confusión general promueve la pérdida de la fe, ante lo que el santo tan sólo puede lanzarse a la plegaria... El Bosco describe la realidad más oscura de los temores del alma, un universo paralelo jamás visto por el ojo humano, con un lenguaje que parece sacado de la nada, totalmente diferente, surrealista. Y me pregunto, ¿qué tipo de drogas consumías si aún no se había inventado el LSD?




El carro de Heno, 1515 (Museo del Prado, Madrid)

Juan Ugalde



Dicen los expertos que el tema de esta obra alude a un versículo de Isaías: "Toda carne es como el heno y todo esplendor como la flor de los campos. El heno se seca, la flor se cae". Una alegoría de lo efímero, de lo pasajero de todo lo que nos rodea. Todos parecen querer subirse al carro de la felicidad terrenal, incluso nosotros. Es increíble cómo El Bosco visualiza en imágenes concretas la fantasía, cómo construye otra realidad llena de enigmas y mensajes ocultos. De hecho fue uno de los primeros artistas en construir una especie second life desde lo pictórico. ¿Qué hubieras hecho si hubieras vivido la invención del píxel?




Visiones del más allá, 1486 (Museo Di Palazzo Grimani, Venecia)

Ángela de la Cruz



Todas las escenas de este más allá se me antojan muy paganas, sobre todo las que representan el infierno. Lo sorprendente es que no hay un Cristo en el cielo, y los ángeles parecen mirar con modestia mientras los demonios lo hacen de forma 'amistosa', casi jocosa. Todos miran hacia algo que no podemos ver. Me pregunto si El Bosco estaba interesado en las fuerzas oscuras aunque pintara escenas religiosas por los encargos que recibía. El número de almas en la parte del cielo es mayor que la del infierno, lo que me lleva a preguntarte... ¿Tienes una visión optimista de la muerte?




Hombre-árbol, 1486 (Albertina, Viena)

Regina de Miguel



Tu dibujo me lleva a pensar en la idea de quimera, en la no distinción entre naturaleza y humanidad. También a pensar que somos comunidades andantes, un agitado paisaje puntillista de brillantes seres, mínimos, sensibles, resistentes. Endosimbiosis seriada. Manifestándose como fuerza subdivisible, en la formación de cada vida. Nunca se han visto tantos metabolismos... Tú perdiste la vida eterna para recibir los símbolos, el habla y el lenguaje. Por eso has construido mitos. No sabes que la vida puede ser leída en una dimensión más allá del tiempo, ¿y sus límites? Nosotros somos el mundo sin ti, no el mundo para ti, como te gusta pensar, demasiado impersonal y terrorífico. Pero el noventa por cierto de tus células no son humanas. Bacterias, hongos, todo un bestiario de seres orgánicos. Y eso sucede también con el pensamiento. Eso somos, entiéndelo: porque el pensamiento no es humano... Dime Jeroen, ¿cómo hubiera sido pintar un coro de todas las formas de vida posibles?




Camino del Calvario, 1498 (Monasterio del Escorial, Madrid)

Victoria Civera



Un agujero visionario, lleno de vómitos, un roto en el bolsillo del alma. Pecado, surrealismo y fantasía. El Bosco se rebela a la sentencia "menos es más". Personajes enzarzados como estorninos, ancianos seres que se aglutinan, agrupados al calor que les fortalece, escondiendo sus miedos en la verdad. Cristo ausente nos traslada a un misticismo experimental, relato empujado por una sociedad depresiva, religiosa y demoníaca... ¿Cuánto hay de fe, de humor y escepticismo en tus obras? Y, ¿por qué nos sigues hablando de problemas actuales?




San Juan Evangelista en Patmos, 1504-05 (Gemäldegalerie, Berlín)

Carmen Calvo



Es una de sus obras de madurez, un momento en que El Bosco se aleja de los monstruos y animales para dedicarse a paisajes abiertos al horizonte como éste. Este cuadro místico, que capta la intensidad espiritual de San Juan al escribir el Apocalipsis, tiene connotaciones clásicas, como la figura centrada cruzando el cuadro, con una imagen religiosa arriba y un demonio abajo. Es fascinante el misterio que trasmite... Querido Bosco, ¿cómo pudiste combinar los cuadros religiosos con aspectos tan profanos y sugerentes?




Detalle de El nido del búho, 1505-06 (Museum Boijmans, Róterdam)

Juan del Junco



Querido Hieronymus: yo también adoro a los búhos, los veo poco, pero cuando los veo me asalta esa sensación de sorpresa y atracción; mitad ave escurridiza, mitad historia contada que se presta a la ensoñación... En esta obra consigues dejar perplejos, de nuevo, a todos los que te admiramos. No sé si esgrimes más capacidad de observación en el detalle de la corteza del árbol o en la inclusión de otro enigma: una escena secundaria donde otro pájaro mira a una araña que construye su tela en el remate de una rama. Dime, ¿qué idea perseguías dibujando la familia completa? ¿El macho, la hembra y el pollo? Ahí sí que hay misterio, pero viniendo de ti, viendo tus derivas en los reinos de la fauna alada, me lo creo todo.




Detalle de La muerte del Avaro, 1485-90 (National Gallery, Washington)

Jordi Colomer



Si Hieronimus Bosch estuviera entre nosotros, sería el único capaz de organizar una fiesta delumbrante con el ritmo chumba-chumba y bling-bling. Reuniría, bailando desenfrenadamente, a los soldados y funcionarios con rostros deformados de La entrada a Bruselas de Jesucristo de Ensor, a los burgueses desfasados de El ángel exterminador de Buñuel, a todo el staff del PP-PSOE con cuentas en Suiza... Habría mucho que aprender de cada uno de los detalles, como en esta obra, una de las pinturas de la serie que El Bosco dedicó a los Pecados capitales, centrada aquí en la avaricia y donde los demonios están al acecho. Traslada una imagen grotesca bastante contemporánea... Sr. Hieronimus Bosch, ¿podrías describirnos tu visión del mundo del mercado del arte actual?