El desaparecido edificio inaugural de la Castellana con las fachadas de Juan Ariño. Foto: Archivo IFEMA

La historiadora del arte Paloma Primo de Rivera presenta esta tarde el libro ARCO'82. Génesis de una feria (Fundación Banco Santander / TF), un viaje en el tiempo a los inicios de una feria que sirvió de punta de lanza para integrar el arte contemporáneo en la esfera pública de nuestro país.

1982 fue un año de grandes eventos en España. Por primera vez nuestro país acogía, con evidente expectación, un Mundial de Fútbol que a pesar del resultado final dejó un regusto de gran celebración. Ese mismo verano, la música vivió uno de sus capítulos claves con el multitudinario concierto de los Rolling Stones, donde 60.000 personas desafiaron a la lluvia para poder escuchar una música entonces rompedora y que se haría habitual al o largo de esa misma década. La cadena de grandes acontecimientos se coronaría con la visita a finales de año del carismático papa Juan Pablo II, que visitó 18 ciudades y llegó a reunir a 2 millones de personas en la Castellana. Pero antes de todo eso, en febrero, tuvo lugar un acontecimiento revolucionario que cambiaría para siempre el panorama del entonces casi inexistente arte contemporáneo español. A mediados de mes inauguraba la primera edición de ARCO, una feria de arte contemporáneo que cumple estos días su 35 edición ocupando una hegemonía indiscutible en el arte en España.



"El año 82 es la época de la invasión del público de las calles y para mi generación ARCO supuso nuestro primer contacto con el arte contemporáneo, trasladó este arte a la esfera pública", recuerda la historiadora del arte Paloma Primo de Rivera, que en Arco'82. Génesis de una feria (Fundación Banco Santander / TF) reconstruye la ya mítica historia de aquella primera edición que se marcó como objetivo ensanchar los horizontes del arte contemporáneo en España y, sobre todo, su mercado. "Porque no debemos olvidar que ARCO es una feria, no un museo, y su principal objetivo es la venta". Aunque no fue estrictamente así en esta primera edición, donde los visitantes de ARCO, que alcanzaron los 25.000, iban más buscando información y formación que estrictamente a comprar. "Las actividades culturales, una de las claves del éxito, estaban a rebosar de gente. Los galeristas internacionales no daban crédito, alucinaban con el interés de la gente y con su cantidad. Lo cierto es que había un desconocimiento de este arte y, por fin, nos estábamos abriendo al mundo".



Pero empecemos por el principio. ARCO no fue la primera iniciativa de estas características que surgió en España. Barcelona fue pionera con ARTEXPO'76, una feria que apenas tuvo repercusión mediática y cuyo fracaso sirvió como experiencia a varios protagonistas de ARCO como Juana de Aizpuru, Francisco Sanuy o María de Corral. "La feria de Barcelona fracasa por un cúmulo de motivos: todavía era muy pronto, con Franco recién fallecido y todavía sin Constitución, y el país todavía no tenía ese impulso de la década siguiente. Además, no se produce una convocatoria internacional de peso, y el evento apenas tuvo publicidad". Un año antes de ARCO'82, nacía en Bilbao ARTEDER'81, que hibridaba las exposiciones de las galerías, lo normal en cualquier feria, con un pabellón en el que los propios artistas presentaban individualmente su obra y podían venderla directamente. "Fue una propuesta del gobierno vasco para promocionar artista locales, pues en su mayoría eran vascos. El gobierno no pensaba tanto en el éxito comercial como en patrocinar la cultura". La feria tuvo otras dos ediciones más, pero el empuje del nacimiento de ARCO y la escasa rentabilidad de las ventas hicieron inviable su continuidad.



Momentos previos a la inauguración oficial de la feria. Foto: Archivo de IFEMA

ARCO nació en Sevilla a finales de 1979, en una ya mítica cena en el restaurante El Burladero en la que participaron la galerista Juana de Aizpuru, el presidente de IFEMA Adrián Piera, su director, Francisco Sanuy y la futura directora de ARCO, entonces responsable de desarrollo de proyectos feriales, Rosina Gómez-Baeza. El proyecto comenzó aquí a tomar forma, pero para su consecución final fueron claves dos nombres de la política surgida en la Transición, los ministros Soledad Becerril y Jaime García Añoveros. "Coinciden en el tiempo una serie de personas a la cabeza de varias instituciones con inquietudes culturales diversas que se dan cuenta de todo lo que hace falta hacer y deciden hacerlo". Una vez solventada la puesta en marcha, se comprendió que lo esencial era persuadir a los primeros galeristas. Juana de Aizpuru hizo una labor extraordinaria viajando por todo el país. "Le costó convencerles porque era un riesgo. ARCO lo montaron las galerías con su iniciativa y su trabajo, se arriesgaron apostando por un proyecto que no se sabía si iba a salir adelante o no".



Una vez recabado el apoyo nacional, restaba buscar el internacional, algo que se planteó como fundamental, especialmente teniendo el precedente de la feria de Barcelona, muy presente en los organizadores. Esa internacionalización, junto al riguroso criterio de selección de los participantes, vigente hoy, y al marcado carácter cultural de la feria, fueron las características que dotaron a ARCO de su importancia y calidad. De nuevo la galerista recorrió cielo y tierra dando a conocer el proyecto y convenciendo a sus colegas extranjeros para participar. Consiguió reunir 28 prestigiosas galerías extranjeras de las 90 que participaron. "Este contacto con los extranjeros fue clave. ARCO funcionó como una ventana, se veía lo que estaba pasando fuera a través de arco, y a la vez, los críticos y galeristas extranjeros difundieron en el exterior el arte español". También fue fundamental el apartado formativo con charlas y simposios ofrecidos por críticos internacionales de gran renombre que tuvieron una asistencia masiva.



Jaime García Añoveros, Soledad Becerril, Adrián Piera y Manuel Coronado durante el discurso inaugural. Foto: Archivo IFEMA

ARCO'82 contó con dos apoyos muy importantes de dos sectores en plena revolución que contribuyeron de forma fundamental a su éxito: la política y el periodismo. Una de las principales reivindicaciones de los organizadores era la supresión del llamado "impuesto de lujo", que gravaba con más de un 20% la adquisición de obras de arte extranjeras. El reciente Ministerio de Cultura, creado en 1977 y presidido por Soledad Becerril, y el de Hacienda, con Jaime García Añoveros a la cabeza, procedieron a arreglar el tema recuperando una ley de 1933. "Fue la clave. Si no hubieran quitado el impuesto las galerías internacionales no hubieran venido y la feria no hubiera salido adelante. Además, el hecho de que ocurriese en ARCO, con su relieve mediático, activó un debate político que llevaría a la abolición de ese impuesto y desembocó en la vigente Ley de Patrimonio Histórico de 1985".



En este asunto se aprecia la relevancia de ARCO, impulsada por el papel de una prensa en pura efervescencia. "En aquel entonces la prensa no hablaba de arte actual, y al principio estaban escépticos. Fascinaba por la novedad, pero esperaron a ver ecómo se desarrollaba el fenómeno. Aunque después, la respuesta fue enorme haciendo correr ríos de tinta y facilitando que el arte contemporáneo entrara en la esfera pública".



A partir de aquí, como suele decirse, el resto es historia. La rápida consolidación de ARCO motivó que surgieran otros programas y actividades culturales similares y complementarios, como museos y galerías de arte contemporáneo, y más recientemente, otras ferias que se unen al tirón de ARCO complementando su propuesta. "El nacimiento de la feria supuso un cambio de paradigma, un punto de inflexión para la sociedad. En la acogida del arte contemporáneo se pasó de un panorama general de escepticismo, marcado por la falta de infraestructuras y formación, al despertar de un interés por este arte que se identificaba, como otras corrientes modernas de la época, con las libertades democráticas".



A pesar de la gran cantidad de objetivos logrados por ARCO en estos 35 años todavía quedan metas pendientes, especialmente fomentar el coleccionismo, ese modelo de coleccionismo medio que está consolidado en Europa y es síntoma de la buena salud del sector y refleja la formación de la sociedad. "En este país falta formación artística, las humanidades no están bien cuidadas y el arte contemporáneo no se enseña en los colegios. Hay que seguir fomentando el aprendizaje y el coleccionismo y formar públicos, pero especialmente coleccionistas, porque ARCO es un mercado".