Detalle de Aparición del padre Basilio de Borgoña a San Hugo de Lincoln, 1654

El pintor florentino afincado en España fue uno de los dibujantes más importantes del Siglo de Oro. La Biblioteca Nacional de España acoge Vicente Carducho: teoría y práctica del dibujo en el Siglo de Oro, un monográfico con diversos dibujos preparatorios del artista

En 1627 se presentó al concurso para pintar la Expulsión de los moriscos para el Salón Nuevo del Alcázar. Presentó su dibujo preparatorio al igual que lo hizo Diego Velázquez. Este último resultó ser el ganador y quien llevó a cabo la pintura. Vicente Carducho quedó a las puertas. Pero se escribió una casualidad. Un incendio destruyó la obra del sevillano y el dibujo preparatorio de Carducho es la única documentación que queda de aquel concurso. Este pequeño lienzo es uno de los muchos que se muestran en la exposición Vicente Carducho: teoría y práctica del dibujo en el Siglo de Oro español en la Biblioteca Nacional de España hasta el próximo 6 de septiembre.



"Es la primera ve que se juntan dibujos de diferentes colecciones", apunta Ana Santos Aramburo, directora de la BNE. La muestra, de la que se ha hecho un catálogo razonado, se ha organizado como un recorrido cronológico de la vasta obra y trayectoria del artista, autor de la serie del Monasterio del Paular. Por su parte Isabel Durán, del Centro de Estudios Europa Hispánica, que ha colaborado en la gesta de la exposición, comenta que apuestan por "la investigación para llevar la excelencia al Siglo de Oro español".



Uno de los objetivos de Vicente Carducho fue despojar a la pintura de esa idea de arte divino y elevarla al arte liberal como oficio mecánico. Con tan solo ocho años aterrizó en Madrid. Un grupo de pintores italianos fue llamado en 1585 a Madrid para pintar El Escorial y Federico Zuccaro, prestigioso pintor toscano de la época, reunió a un grupo de artistas entre los que estaba Bartolomé Carducho, hermano mayor de Vicente. Zuccaro no se quedó en España durante mucho tiempo pero sí lo hizo Bartolomé (junto a su hermano), que elevó su estatus a pintor del Rey. Cuando este murió en 1598, Vicente Carducho se hizo con el prestigioso puesto durante el reinado de Felipe III. Su carrera empezó a despegar y se convirtió en uno de los dibujantes más precisos y meticulosos del Siglo de Oro español.



Martirio de un santo, 1647. A la derecha, Agamenón pidiendo a Aquiles que le devuelva a su esclava Briseida, 1861

La muestra comienza con una pequeña introducción a la biografía de Carducho con un autorretrato que fue encontrado en Glasgow. En él, el artista se retrata con un libro y un lápiz, haciendo hincapié en la idea que quería transmitir: el tratado de pintura para traer al frente el intelecto. A sus pies una vitrina en la que se muestran algunos libros en los que se refleja la importancia del pintor y su amistad con Lope de Vega y Velázquez. El poeta dedicó, de hecho, más de un poema alabador al trabajo del florentino. Uno de los comisarios de la exposición, después de 4 años de trabajo para elaborar esta muestra, apunta que esto demuestra que "Carducho no estuvo a la sombra de Velázquez".



Una de las características más importantes del artista es el volumen con el que dota a sus dibujos a través del uso del pincel, el lápiz y la aguada. Uno de esos dibujos, Susana y los viejos que se expone por primera vez, es un ejemplo de ello, dando la impresión de que los protagonistas sobresalen del papel. La frenética actividad de Carducho pasaba por los encargos de patronatos regios, iglesias, conventos y el rey creando nuevas piezas para el Alcázar y el Buen Retiro. En este apartado de la muestra, se exhiben varios dibujos preparatorios, algunos de ellos para reconocibles obras.



En esta época, por otro lado, estaba paralelamente sumergido en su obra cumbre, la serie del Paular. Se trata de 56 pinturas de gran tamaño para el claustro de El Escorial. En las paredes de la sala habilitada para mostrar su obra se representa el claustro, pero a la inversa, con las miniaturas de las piezas junto a algunos de los dibujos preparatorios para dicho proyecto. En él se cuentan 56 historias que Juan de Baeza le entregó al pintor en un manuscrito y el objetivo del mismo fue reafirmar la gloria cristiana y católica de la orden Cartuja.



Aparición de la virgen a un cartujo, 1632. A la derecha, estudio del demonio.

Claro que para llevar a cabo este titánico proyecto requería de ayuda y se la proporcionaron sus alumnos. Además, el meticuloso Carducho estudiaba por separado cada uno de los personajes representados en cada cuadro. Mediante el uso de retículas en los primeros bocetos conseguía aumentar el tamaño de los dibujos de manera proporcional, exhaustiva y precisa.



Justo al lado se ahonda en el Carducho teórico, un artista que apostaba por el intelecto. Incluso se reunió con otros artistas para abrir una academia en Madrid y en 1614 elevan la propuesta al rey. De él se conservan tan solo dos grabados y es que era de los que opinaba que para ser un buen artista había que dominar el arte del grabado. Por último dos dibujos de sus más brillantes alumnos, Francisco Rizi y Félix Castello, rematan la exposición abriendo el camino al Barroco.