Teresa Solar Abboud

Teresa Solar Abboud (Madrid, 1985) está acostumbrada a caminar por diferentes ciudades. Salir de su hábitat habitual, la perplejidad que produce sentirse extraño del suelo que uno pisa, se ha convertido en el mayor motor de su trabajo. Avanza cada vez que solapa espacios y descifra paisajes. Lo que le interesa son los estadios intermedios, lo que crece en terra incognita. Todas las cosas que no están. Así ha titulado su último proyecto, que vemos ahora en Matadero Madrid, uno de los más celebrados de su corta pero prometedora carrera. Surgió de otro viaje, esta vez a Las Vegas, donde se disponía a recorrer la cordillera del Nevada Test Site, un desierto montañoso convertido en reserva del Departamento de Energía de los Estados Unidos, en el se han hecho más de 900 pruebas nucleares.



Fue allí donde la artista conoció a Collen Beck, la arqueólogo responsable de los restos primitivos y nucleares del terreno, y la que le llevó a plantear la esencia de su último vídeo: "Durante la entrevista ella guardó una posición muy correcta acerca de sus descubrimientos y actividades en el Nevada Test Site, aclarándome que había pocos objetos que no hubieran sido catalogados e inventariados ya. Fue cuando apagué la grabadora cuando me comentó que tenía muchas ganas de escribir un artículo acerca de todas las cosas que no habían sido capaces de encontrar, como unos maniquíes utilizados durante las detonaciones, que deberían estar todavía en algún sitio, pero que efectivamente se habían perdido y ya no podían ser recuperados como testigos de la historia del sitio", explica.



-¿Fue ese el punto de partida del vídeo que vemos en Matadero?

-Me pareció que esta historia, y finalmente el título que adopté a raíz de la entrevista con Beck, resumían bien las intenciones del proyecto general, que señala elementos que quedan fuera de foco, que nombra objetos invisibles y que finalmente narra micro-historias, como la pierna quemada de un maniquí o el modo en el que un colibrí bate las alas, en contraposición a grandes hechos históricos, como la bomba atómica y sus ensayos en territorio americano.





Detalle de una de las obras de cerámica que podremos ver en la galería Formato Cómodo de Madrid



-¿En qué punto le interesa la narración como construcción biográfica?

-El vídeo ensaya una voz híbrida, a caballo entre el relato en primera persona y un documental de naturaleza al uso. Me ha interesado mucho desarrollar este doble registro, que en unos momentos acerca y humaniza el relato, y que en otros lo despersonaliza totalmente, creando al final una narración intermitente, casi como el efecto del estroboscopio de Edgerton.



-Háblenos de sus trabajos en términos emocionales. ¿Con qué emociones trabaja?

-Siguiendo una lógica opuesta a las fotografías de Edgerton, que de alguna manera sacian nuestros deseos de ver el mundo con más precisión, más de cerca y mejor, el vídeo juega con la descripción de las fotografías del Edgerton pero nunca las enseña, generando deseo y finalmente cierta frustración en el espectador, que no puede acceder a esas imágenes durante la película. Este deseo truncado se acentúa cuanto más avanza la película, ya que las imágenes insisten en enseñarnos paredes y fronteras que no se franquean, y que cuando se franquean, como en las ficciones, sólo esconden relatos absurdos de pérdida y desaparición.



-La obra que presentó en la colectiva Sin heroísmos, por favor, en el CA2M giraba en torno al aprendizaje del habla y la importancia de la comunicación. ¿Sigue interesada en ello?

-El lenguaje y sus procesos de traducción en constante transformación sigue siendo muy importante en mi trabajo. En la exposición del CA2M la idea de lenguaje estaba vinculada a la repetición de idiomas desconocidos o prestados, como lo eran los planos de la película de Lawrence de Arabia, y a su apropiación a través de esta repetición, creando nuevas interpretaciones mediante una dicción no siempre correcta.



-Algo de eso hay en los trabajos que presentará en septiembre en la galería Formato Cómodo, bajo el título de Foreign Office. Alude al Ministerio del gobierno británico que se ocupa de las relaciones exteriores...

-Sí, hay una relación muy directa con esta serie de cuestiones ya que uno de los elementos principales de la exposición es la lengua de signos, otra lengua que me es desconocida. En este caso estoy más interesada en explorar el lenguaje en relación a la resistencia y a la musculatura de nuestro propio cuerpo. Va a ser una exposición más abstracta y más lúdica, con trabajos que han salido de un proceso más largo de creación y producción.



-¿Y la incorporación de las cerámicas?

-Es la primera vez que me planteo la cerámica como objeto artístico. Hace un año empecé a pensar que quería hacer algo muy táctil, algo que tiene que ver con esa idea del cuerpo, presente en Teatro de operaciones (2012), la obra presente en Sin heroísmos, por favor. También con las obras que presenté este año en ARCO 2014, con el sistema de la mano muerta, que escapa al control. En realidad, el torno de cerámica se experimenta justo esa sensación. Lo que busco es poner en ejercicio ese descontrol del cuerpo.



-Acaba de recibir una de las becas de la Fundación Marcelino Botín para realizar otra película, esta vez en el Cairo. ¿Nos hace un adelanto?

-La película va a trazar un paralelismo entre el Mukattam, un monte cairota del que se extraen toneladas de piedra para la construcción de la ciudad, y mi familia materna, que sigue viviendo en el Cairo. Me interesa reflejar los procesos migratorios que está experimentando la familia, tanto hacia otros países como dentro de la propia ciudad, y relacionarlos con mis propios movimientos entre España, Egipto y Europa.